La Eucaristía
Llegó la hora
de volver al Padre
Y Jesús me veía,
te veía, nos veía.
Y se puso triste,
triste, triste
porque no nos
quería abandonar.
Entonces en la Última Cena
un gran milagro realizó:
instituyó la Eucaristía
y para siempre
entre nosotros se quedó.
La Eucaristía es
su Cuerpo y su Sangre,
su Alma y Divinidad.
La Eucaristía es Dios mismo,
bajo apariencia de pan.
La Eucaristía es su Cuerpo
y su Sangre, su Alma y
Divinidad. La Eucaristía
nos da Vida enterna:
¡yo quiero ya comulgar!
Cada vez que se celebra Misa
Jesús me mira, te mira,
nos mira. Y se pone alegre
alegre, alegre, porque en
nosotros Él quiere habitar.
El momento en el que
ni respiro es el de la
Consagración, pues se
transforma el pan
y el vino
en el Cuerpo y en
la Sangre del Señor.
La Eucaristía
es su Cuerpo...
La Eucaristía sin los
sacerdotes
no existiría jamás.
Sólo si ellos en
Misa consagran
Dios nunca nos faltará.
Cuando yo veo
que un sacerdote
llega a la ancianidad,
me viene siempre este
gran pensamiento:
“Le quiero yo relevar.”




