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Mostrando artículos por etiqueta: Conversión

Martes, 03 Septiembre 2019 17:00

Firmes en la Verdad: Y yo, ¿puedo ir al cielo?

El 16 de abril de 2016 un fuerte terremoto en Ecuador destruyó la Unidad Educativa «Sagrada Familia», donde tenían comunidad las Siervas del Hogar de la Madre. Una de ellas, la hna. Clare Crockett, falleció junto con cinco chicas, una de las cuales era Catalina Navarrete, perteneciente al grupo de jóvenes del Hogar de la Madre tras una conversión fuerte y radical justo dos años antes. En este programa de «Firmes en la Verdad», entrevistamos a la Hna. Sara Mª Jiménez, SHM, autora del libro: «Y yo, ¿puedo ir al cielo?, biografía de Catalina Navarrete», y guía espiritual de Catalina. Este libro está escrito para que los jóvenes encuentren esperanza en la misericordia de Dios, viendo cómo se introduce en la vida de Catalina y la transforma en el consuelo de su Madre.

Publicado en Firmes en la Verdad
Lunes, 26 Noviembre 2018 17:58

Carlos Cortés

Carlos Cortés llevaba en su juventud una doble vida: parroquia los domingos y alcohol, tabaco y fiestas toda la semana. Su primera conversión no durará mucho. Solo después de que un sacerdote le hable claro sobre el pecado mortal, Carlos comenzará a cambiar su vida. Y lo hará hasta el punto de dar comienzo a Kerigma: una iniciativa diocesana de evangelización de primer anuncio, que recorre calles y plazas de ciudades españolas evangelizando de forma sencilla: a través del encuentro con los viandantes, organizando rosarios, música, festivales en las calles... sostenidos por una fuerte vida de oración y una gran confianza en el poder de la Palabra de Dios. Más información sobre sobre Kerygma en www.kerygmaprimeranuncio.com

Publicado en Cambio de agujas
Jueves, 16 Agosto 2018 11:00

El sacerdote: Haciendo santos de pecadores

El P. Shane nos habla del sacramento de la confesión. El sacerdote está llamado a ser imagen del Cristo Misericordioso que no despide a los pecadores, sino que los invita a la reconciliación sincera y a la conversión verdadera.

Publicado en P. Shane Sullivan
Lunes, 05 Febrero 2018 17:00

Raquel Blaya

Raquel Blaya vivió durante 35 años alejada de Dios. Su vida no era cómo ella la había imaginado, por lo que cayó en una gran depresión que comenzó a tratar con medicina homeopática. Después llegó el consultar cartas astrales, los masajes energéticos... Un día descubrió que una de sus «maestras» estaba poseída por el demonio y que asistía a exorcismos para ser liberada. Raquel comprendió que, si el demonio existe, Dios también debía de existir.

Publicado en Cambio de agujas
Jueves, 01 Febrero 2018 12:03

Luca di Tolve. Exgay

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El testimonio de Luca di Tolve ha corrido como la espuma por internet desde que la editorial Libros Libres publicó su testimonio en un libro que lleva por título: «Yo fui gay». Luca di Tolve estuvo con su esposa en Madrid para la presentación del libro. Allí pudo contactarle la Fundación EUK Mamie-HM Televisión y proponerle participar en nuestro programa Cambio de Agujas. Les presentamos la primera parte de su testimonio, en la que Luca describe las heridas que en su infancia despertaron en él la atracción hacia los hombres. El nos narra todos los acontecimientos y heridas que condujeron a Luca hasta la homosexualidad. Concluye esta primera parte del relato con la visita a un psicólogo que le confirmó —con 14 años— que era homosexual, y le dejó la idea de que no tenía otra cosa que hacer sino aceptarlo para ser feliz.

Luca de Tolve es un hombre felizmente casado desde hace 10 años con Teresa y son padres de una preciosa niña. A sus 46 años, Luca es un hombre pleno y realizado. Pero el camino que ha tenido que recorrer para llegar hasta aquí, ha estado marcado por el sufrimiento.

 

Nació en Milán de una familia procedente del sur de Italia. Sus padres nunca se amaron y Luca nunca conoció otra cosa en casa que no fueran portazos y discusiones. Hasta que su padre dio el portazo final, y se fue cuando Luca tenía solo seis años. El dolor fue inmenso, pero las consecuencias lo fueron más todavía, porque Luca tuvo que crecer sin el referente paterno que le enseñara a desarrollar las características masculinas. Él tiene muy claro cuáles fueron las etapas que desembocaron en la atracción hacia otros hombres: «Yo no pude adoptar esos atributos que son normales, reales, que son la verdad, como es la modalidad de la voz... Yo no podía escuchar a mi padre, así que me convertí en un niño más dulce que los otros, siempre el más afeminado, que adoraba a su madre porque veía en ella a una santa, una mujer que trabajaba, que llegaba tarde a casa».

Precisamente porque la madre tenía que trabajar tanto, Luca pasaba mucho tiempo solo viendo la televisión sin que nadie controlara lo que veía. Otro punto que no ayudó fue la forma en que le vestía su madre: «Me ponía ropa con lazos, gorritos elegantes... En Italia se dice “como un señorito”. Llegaba y me decían: “¿Eres chico o chica?” Y un chaval se da cuenta enseguida cuando hay algo que no encaja. Y ahí empecé a sufrir. Porque yo sentía que mi masculinidad quería salir, y cuando iba con los chicos lo intentaba, porque es lo natural. Tú intentabas ir a jugar con ellos, pero luego no lo conseguía. No era culpa de los demás. No era homofobia. Era que yo no tenía esa seguridad. Tenía poca autoestima y no tenía a nadie: ni un hermano, ni un abuelo, ni un padrastro siquiera... A nadie. Ni un tutor. Y es difícil, porque tú solo... Lo intentas una vez, dos, tres... Y cuando ya te dicen: “No, no sabes tirar el balón, no sabes hacer... No sabes jugar”. Los chicos son chicos y está la competitividad. Y yo, al cabo de un tiempo, para no sufrir más, empecé a dejar de lado el mundo masculino. Y me refugié en el mundo de las niñas. Porque veía más el amor de mi madre. Y esto causa un sufrimiento, que es el alejamiento del grupo de los chicos de mi edad, que es importante para el crecimiento. Es un rito de paso para poder adoptar la masculinidad. Y yo no lo conseguí. Por tanto, mi heterosexualidad se quedó latente. Luego, creciendo, con la edad de la adolescencia, se convirtió en un problema. Porque la explosión de hormonas después de la pubertad empezó este deseo de masculinidad que se transformó en pulsiones eróticas y románticas hacia los chicos».

Comenzó sintiendo impulsos románticos, que luego se convirtieron en sexuales, hacia un compañero de clase. De su compañero le atraían todos aquellos rasgos de masculinidad que él añoraba tener. Buscaba ese amor paterno, ese amor masculino que nunca sintió. No tuvo quien le ayudara a distinguir ente la persona que era él, un joven varón lleno de carencias afectivas, y los impulsos que experimentaba. Por eso, no duda en afirmar: «El problema de la homosexualidad no es un problema de sexo, sino que es un problema de relaciones con personas del mismo sexo a las que no se ha accedido. De hecho, luego uno se esconde en el grupo de las niñas. Y he visto, en los diez años de trabajo que llevo con chicos homosexuales, he visto que sus ídolos son mujeres fuertes. Se han cerrado a la masculinidad. Porque hay una masculinidad estética, del cuerpo, pero luego aman personalidades fuertes como Madonna, Lady Gaga… Personajes muy fuertes e influyentes, no solo del mundo de la canción sino en general, del mundo femenino. Y esta es una cosa muy difundida. Es un refugio porque no se ha cumplido ese proceso de heterosexualidad, de masculinidad. La naturaleza, dentro de ti, explota y te reclama esa masculinidad. Y luego vas a buscar esa intimidad que no has encontrado —perdonad la expresión— en la ropa interior de las personas. Porque es el único modo para adoptar esa masculinidad. Y hay muchas relaciones sexuales, mucho amor, mucha idolatría. Pero es como un abuso a nivel de la percepción. Porque tú quieres ser masculino y no lo consigues. E intentas, a través de otros, adoptar esos atributos masculinos. Solo que si no haces un seguimiento en psicoterapia y oración —porque el Espíritu Santo se revela, a través de los santos—, tú rechazas la masculinidad».

Luca es consciente de que hay muchos caminos para llegar a la homosexualidad: «No hay una homosexualidad específica, es una herida. Y esa herida es una cruz que puede tener un hombre, cualquier hombre. Mi herida me llevó a convertirme en homosexual, pero quizás en otro le convierte en un “don Juan”, un narcisista. Hombres que buscan mil mujeres, pero no encuentran la mujer adecuada porque no se han entendido a sí mismos».

Lo que Luca tiene muy claro es que no hay ninguna prueba científica que demuestre que la homosexualidad sea genética: «No, nunca se ha encontrado un gen. Es más, hay estudios con homosexuales que demuestran que no es algo genético, sino algo que se aprende a partir de estas heridas de la infancia. (…) Es obvio que hablar así hace sufrir mucho, enfada. Yo lo he vivido. Tengo aún amigos homosexuales y transexuales. Pero he visto la verdad, y sé que tienen una máscara, porque están muy condicionados por el sistema».

Una gran dificultad que encuentran muchos adolescentes y jóvenes que se descubren atraídos por personas de su mismo sexo, es que encuentran que nadie les ayuda. Solo las asociaciones homosexuales te tienden una mano en medio de tu horrible sufrimiento: «Y las asociaciones homosexuales, más la televisión, más todo un mundo que explota este malestar que sientes, te cuenta un cuento. Te dice que tú puedes vivir un amor, que puedes ser normal, natural. Hay un gran proyecto a nivel mundial, hace diez años que estudio el fenómeno y lo he descubierto. No solo yo, también grandes y excelentes profesores de todo el mundo. Por desgracia, se aprovechan de esta situación, y te encuentras en el momento de la necesidad con que nadie te dice: “Que no, que es solo un momento de confusión”. (…) Porque los homosexuales, los gays, no saben que no es realmente amor. El amor lo encuentras cuando hay un hombre y una mujer, hay un desapego mucho más natural, que es hermoso precisamente porque hay esta complementariedad y diversidad, que no es tan invasivo. Mientras que la homosexualidad se parece a un abuso, en el que hay uno que es más fuerte y otro que es más débil. Es como un juego, como un abuso en el que uno debe estar por encima del otro».

Luca explica que uno de los mayores sufrimientos que experimentaba en su vida gay eran las continuas traiciones de sus muchos novios, mientras a su alrededor todo el mundo decía que la vida gay era la vida feliz, era como «el país de los juguetes»: «Yo sufrí mucho porque, cuando tenía novios, existía la traición. Y pude ver con mis propios ojos esta búsqueda continua con eso que tenemos en las entrañas, los instintos emotivos de conseguir adoptar esa masculinidad, y por eso se va siempre a la búsqueda de adoptar esos atributos. Pero tú no lo entiendes, e intentas siempre llenar esa insatisfacción buscando más sexo. Y es realmente diabólico, porque te hace daño. Yo hoy puedo decir, habiendo salido de ello, que me he sentido liberado, porque era una esclavitud estar siempre con el miedo a que te pudieran dejar y a tener que empezar una nueva relación».

El colofón de esta época adolescente de Luca fue una visita al psiquiatra que le diagnostico «homosexual»: «Cuando mi madre se preocupó, fuimos a un consultorio psicológico. Yo tenía catorce años y le dijeron a mi madre: “Su hijo es homosexual. Es usted quien tiene el problema, no su hijo. Su hijo vivirá felizmente como homosexual. Y usted lo tiene que querer así. Si acaso, usted tiene que entender, aprender, y educarse para entender qué es esta homosexualidad”. Por tanto, yo, confirmado por un médico, por la televisión, por el mundo externo, creí en ello y ya no me ocupé de mi masculinidad. Y empecé a ir a los locales, al mundo homosexual».

 

La información que recibía a través de los medios de comunicación, contrastada con los sentimientos e impulsos que brotaban dentro de él le hicieron creer que el diagnóstico era cierto. Y entonces conoció a un chico. Nos lo cuenta él: «Conocí a un chico en el colegio que era mayor que yo. Por su modo de vestir se sabía que era homosexual. Intenté hacer amistad con él y decidí que sí, que ese era mi camino. Ya me lo había dicho el médico, el psicólogo. Empecé a frecuentar estos ambientes, y él me llevó a este “País de los Juguetes” como lo llamo yo por Pinocho. Es un ambiente, donde, efectivamente tú entras y te parece todo bonito. Todo maravilloso y lleno de gente como tú. Te parece que finalmente te puedes liberar de aquel niño que no podía con el colegio porque tenía problemas. Era como una especie de refugio. Una especie de gueto. No me gusta decir estas cosas porque sé que puede hacer sufrir mucho a las personas. Pero es la verdad. Tú cuando entras allí te sientes muy atraído por ese mundo. Es fascinante, en realidad la transgresión es fascinante, especialmente para los jóvenes».

Luca era joven, un joven herido que buscaba en la diversión resarcirse de todo el sufrimiento acumulado. En su caso además, hubo un factor que lo aceleró todo: su atractivo aspecto físico. Lo cuenta él mismo: «Tuve también la desgracia… Bueno, no es una desgracia… Pero la belleza puede ser también un hándicap. Yo entré en este ambiente con diecisiete años en Milán. Ya existía el “t-dance”. Estábamos en los años 80, en pleno “boom” económico, donde se hacían esas discotecas tan bonitas, todo de colores. Yo me volví loco por estas cosas, pero eso no era felicidad. Era solo placer, diversión. (…)  El aspecto físico que tenía cuando era joven, me llevó a convertirme en Mr. Gay. Cuando yo llegué, joven, jovencísimo, me vieron los empresarios de la discoteca y en seguida les gusté mucho. Empezaron a hacerme bailar. Me pagaban, y esto a mí me atraía mucho porque mi madre trabajaba para unas monjas, y no podía permitirse el comprarme los pantalones de marca o las cosas que yo quería.  Y yo bailando con diecisiete años, aunque decía que tenía dieciocho, ganaba muchísimo dinero. Ese fue el comienzo como de una cadena, una especie de torbellino. Poco a poco hice otro concurso y me nombraron Mr. Gay. Y así empezó, digamos, la lujuria, las ganas de mundo, de crecer. Me trasladé al centro de Milán y salía con personas que tenían mucho dinero».

Luca se hizo militante en la Arcigay (Nota del traductor: Arcigay es la mayor asociación LGBTI de Italia). Pero ni fue feliz, ni conoció el verdadero amor: «Mis relaciones nunca eran estables. O le dejaba yo, o me dejaba él, y esto era muy triste porque te hace sufrir. Cuando tienes ese sentimiento tan fuerte, siendo tan joven, te lleva realmente a un sufrimiento inaudito. Y luego te levantas, sí. Pero esos “lutos” te los llevas contigo. Puedo decir que allí no había felicidad. Había momentos que parecían felices, que parecía un sueño o una fantasía… Pero no encontré la verdadera felicidad, sino mucho sufrimiento».

Hubo un detalle que no pasó desapercibido a Luca: «Cuando estaba en ese mundo, sentía la presencia del mal. Pero todavía no era capaz de sentir esas cosas al nivel del espíritu. Pero hubo un momento en el cual después, de tanto éxito, tanto dinero, tantos viajes… como escribí con más detalle en mi libro, me di cuenta de que había una cadena de discotecas que llevaban un nombre que recordaba al demonio. Por ejemplo, en Milán había una que se llamaba “Papé Satán”. Recuerdo que cuando entré y vi aquellos cuadros, pregunté a un amigo qué era todo eso horrible. Eran muy pequeños, pero eran cuadros del demonio. Cuando vi esas ilustraciones, sentí que me ahogaba, como si alguien me agarrara por el cuello. Y ahí tuve miedo, sinceramente. Pero pensaba que era mi sensibilidad, mi impresión, porque no me gustaba mucho el ambiente oscuro. Pero desgraciadamente, con el tiempo, estos locales empezaron a ser cada vez más extraños, llenos de sexo y drogas, y todo tipo de cosas. Esa fue mi percepción. Luego, después de mi conversión, entendí que había un plan muy preciso».

Luca no habla por hablar. Conoció el movimiento LGTB hasta el fondo: «Era militante de la asociación LGBT y participé en los primeros Gay Pride. He trabajado siempre con estas personas que ahora son personas importantes, tanto en Italia como en América, porque trabajaba para el IGTA (International Gay Travel Association) para organizar viajes y vacaciones, como describí en el libro. Y cuando estudié marketing… comprendí que muchas cosas ya estaban decididas en realidad. Hay todo un mundo económico detrás que se beneficia. (..) Sí, entendí que hay una parte de la política y de la económica que saca provecho de la homosexualidad. Para ellos, los homosexuales son una gran parte del mercado, son el consumidor perfecto. Y entonces mi ideal se derrumbó. (…) Me decían: “Si quieres hacer algo a nivel gay, tienes que poner el motor que lo mueve todo: el sexo”. Empecé a analizar todos los locales, todas las cosas. Ellos mismos, desde América, me decían: “Si quieres hacer un local que tenga éxito tienes que poner un DJ (disc Jockey) de cierto tipo, el chico en bañador, hablar de sexo abiertamente, tienes que ser liberal, tienes que ser una persona totalmente libre de tabúes”. A los gays les gusta vivir una vida naturista, una vida libre… Yo hablo no del homosexual, sino del gay, de la vida gay. Y empecé a no aguantar más esa vida tan cerrada. Este gueto se me quedaba pequeño, porque yo cantaba e iba a hacer también concursos, y me relacionaba con personas heterosexuales».

«Dios ya estaba trabajando en mí. Porque, por ejemplo, cuando fui a grabar una canción, para gastar menos —aunque realmente era Dios quien guiaba todo—, fui a una iglesia evangélica, porque ellos hacen mucha música y tenían una casa para hacer grabaciones. Y en esta iglesia evangélica me hablaban de Dios, me regalaron la Biblia, me decían: “Mira, que Jesús te ama”. Después me enamoré de un chico que era militar. Él fue para ayudar a los civiles afectados por el terremoto que ocurrió en Asís. Yo estaba muy enamorado de ese chico, pero luego —cuando llegué a Asís— después de algún tiempo que estábamos juntos, lo encontré con otro. Pero en Asís pude ver mucho amor por parte de la Caritas que ayudaba esas personas. Y me fascinó la historia de San Francisco. Desde entonces empezó a moverse algo dentro de mí».

Pero el momento clave fue cuando Luca descubrió que tenía SIDA: «En esa época, todos mis amigos empezaron a morir. En mi libro hablo de esto mucho más, porque hablar así de este tema es difícil… Mirando a los ojos de mis amigos, entendí que aquella era una “media vida”. Y entonces empecé a experimentar dolores, empecé a beber más, a ser infeliz, a ver esos nuevos jóvenes que llegaban. Yo tenía casi treinta años, y veía a los nuevos, de unos veinte años, que llegaban como yo, los cogían… Hay todo un método de acogida por parte de estas asociaciones. Llevaba ya a San Francisco en el corazón. Empecé a escuchar esta parte espiritual dentro de mí, pero seguía teniendo vida homosexual. En cambio, cuando supe de mi enfermedad, en el hospital... Tuve fiebre durante unas dos semanas aproximadamente. No se iba. Me ingresaron y, al poco, la doctora me dijo: “Luca, tienes SIDA”. Para mí fue un momento dificilísimo, porque entiendes entonces que no sirve ningún abogado, ni el dinero. No puedes comprar la vida, la felicidad. Puedes tener una casa muy bonita, cosas muy bonitas… pero yo estaba triste. Y cuando supe que tenía SIDA, supe que tenía que morir como mis demás amigos. Pero fue una gracia, como dice San Agustín, una desgracia que desembocó en la gracia».

La gracia de la conversión llegó en aquel momento, a través de una experiencia con la Virgen cercana a la experiencia mística. Un momento muy especial con la Virgen María: «Fue un momento muy bonito porque, en ese momento, miro de lejos en mi casa, que era un espacio abierto, un “open space” en el centro de Milán, y vi un rosario. Y recuerdo que mi madre rezaba siempre cuando limpiaba las iglesias, y me decía: “Luca, Luca, ¿qué estás haciendo con tu vida?”. La madre. Y veo también unos iconos que mi madre me había regalado, muy bonitos, de la Virgen. Dos iconos que estaban cerca de ese rosario. Y me di cuenta de que la Virgen… Cuando yo miraba a la Virgen sentía una sensación de paz, pero sobre todo me di cuenta de que la Virgen estaba viva, era verdadera, no era un cuentecillo, que la Virgen existía. No me lo podía no creer... En aquel momento de sufrimiento, era extraño, pero yo creía firmemente que la Virgen estaba allí. Entonces cogí ese rosario que estaba lleno de polvo, colgado encima del contador de la luz. Cogí ese rosario que me habían regalado por tradición y empecé a pasar las cuentas. No me acordaba de los misterios, pero sí del Ave María, el Padrenuestro y el Gloria. Empecé a invocar a la Virgen con el corazón. Y después de una serie de rosarios... No sé cómo explicarlo... Fue una experiencia de amor tremendo, porque yo sentía en la profundidad de mi conciencia que yo no estaba allí. Era como si todo el mundo si hubiera parado porque en ese momento la Virgen estaba a punto de aparecerse. Había un silencio irreal, un silencio de paz, como si todos los santos y ángeles cantaban y alababan. Luego pararon porque, en ese momento, la Virgen apareció. Yo sentí por dentro que todos se arrodillaban, incluso el demonio. Ese amor que Ella llevaba a mi corazón era una cosa indescriptible, que no se puede describir. Todo esto en la profundidad de la conciencia... No lo vi con los ojos, sino con el corazón, con el alma. No sé explicarlo. Vi a la Madre con las manos así, como se la representa en la imagen de Ntra. Sra. de las Gracias, la Inmaculada, que me decía: “Sigue adelante, sigue adelante, sigue adelante”. Y yo... yo estaba enamorado y decía: “Sí, sí, sí, sigo adelante”. Porque tú estás sumergido en ese limbo de amor y no te interesa ya nada mas, porque sabes que todo, los ángeles, los santos... todo esta conectado. Es extraño, no sientes ya tu cuerpo porque es ligero. No sientes ya la tristeza, todo se va... Sientes el corazón que late fuertemente... Te hace sentir así porque si te hiciera sentir el amor que tienes ya, llorarías... Yo he llorado de amor, pero si te hiciera sentir tanto amor, tu corazón explotaría... Fue una cosa muy bella. Fue ahí donde empecé a decir: “Sí, sí, Madre, sí, sí, sí”. Me hizo entender, porque luego he tenido que rezar mucho para entender lo que me había pasado, y me decía: “Sigue adelante, sigue adelante”. Con las manos así... yo “veía” algunas como visiones, ¿no? Me decía: “Si te caes como un niño – porque me veía como un niño pequeño— si te caes, yo te levantaré, entonces sigue adelante, sigue adelante”. Es impresionante cómo la Virgen se puede agarrar a una pequeña oración de amor puro. Y esto fue para mí un don muy grande, porque luego, este bautismo del Espíritu Santo me acompañó durante muchos meses».

Luca fue muy afortunado. Poco después de recibir el diagnóstico de su enfermedad se descubrieron una serie de medicinas que ayudaron a controlar la enfermedad y que no muriera, como había visto morir a tantos amigos suyos. Escuchaba Radio María día y noche, leía a los místicos como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santa Teresita del Niño Jesús. Una gran fuente de espiritualidad para él fue el Diario de Sta. Faustina Kowalska: «Leía el Diario de Sta. Faustina Kowalska, el Diario de la Divina Misericordia, y estaba tan lleno que me iba a las discotecas gays para contarles la vida de Sta. Teresa, de Sta. Faustina, de Sta. Monica, de S. Agustín...  Y todos se quedaban diciendo: “Ya no eres tú”».

Luca lo desconocía todo de la fe, pero escuchando Radio María y leyendo estos libros, descubrió que la Biblia no contempla la homosexualidad como una relación correcta. Fue un momento doloroso, porque Luca no sabía qué hacer con esos sentimientos que experimentaba tan adentro suyo: «Encontré un grupo internacional, Living Waters, que ayuda a personas con estos problemas de identidad. Andrew Comiskey es un gran fundador. Son 25 los países que siguen este programa en el mundo. Luego sucedió que además de esto, que es cristiano (protestante y evangélico), encontré un libro de Joseph Nicolosi (…). Leí ese libro y vi la realidad de todo lo que yo había visto. Por tanto, aconsejo la lectura del libro de este profesor que ha dedicado más de treinta años de su vida a ayudar a los homosexuales. A mí me ayudó muchísimo a reconectarme con los hombres, que es lo que hay que hacer. Me ayudó a saber cómo relacionarme con otros hombres, a sentirme hombre. Me decía: “Tú no eres homosexual, eres heterosexual latente”. Así, ayudado por la psicología y por la fe, también por la Teología del Cuerpo y muchas cosas que vimos en estos ejercicios espirituales con Andrew Comiskey, es duro, es difícil, pero no es imposible, porque con la gracia se vuela. En el arco de un año y medio tuve un cambio total».

En una confesión muy importante Luca comprendió que tenía que cambiar de vida. En esa ocasión vio al P. Pío. No se detiene en contarlo y nos remite a la lectura de su libro, «Yo fui gay», editado por Libros Libres: «Comprendí que tenía que dejar todos esos grandes trabajos que hacía para la moda, para el mundo del turismo homosexual y tener una verdadera vida. Porque yo, cuando hice la confesión, que fue muy importante, porque vi al P. Pío —no puedo explicarlo por motivos de tiempo— sentí que tenía que cambiar de vida. Mi ceguera espiritual se curó».

Consiguió un trabajo como vigilante de seguridad, un trabajo de hombres. Y se decía a sí mismo: «Acuérdate de esto: tú eres como ellos. A lo mejor eres distinto de ellos en cuanto al carácter, pero eso no importa. Estás aprendiendo». El Señor le regaló muchos amigos católicos de distintos movimientos dentro de la Iglesia. Comenzó a recibir la Eucaristía todos los días, rezaba tres rosarios al día, y hacía el plan de vida de Medjugorje. En una excusión a la playa con sus nuevos amigos, descubrió que ya no le atraían los hombres: «Decidimos hacer una de esas excursiones a la playa que se hacen al final de la primavera. Una vez allí, miré alrededor y me di cuenta de que los hombres no me atraían. Hablaba durante horas con mis amigos, que era una cosa que nunca había sido capaz de hacer hasta entonces, porque experimentaba una especie vergüenza, de enamoramiento, de... Allí, al contrario, yo hablaba libremente con mis amigos. Y los chicos que pasaban en bañador, antes eso era un desastre para mí, porque siempre antes me sentía atraído por ellos... Pero estaba tranquilo, había paz, era una cosa... Allí entendí que había hecho un camino que me había llevado, después de un año y medio, a no tener ya los impulsos homosexuales».

Luca quiso darle gracias al Señor y, para hacerlo, se fue a Medjugorje. Experimentó con fuerza la presencia de Nuestra Madre, y pidió una gracia: «Madre mía, ayúdame. Ayúdame de verdad a encontrar una mujer, a casarme, a tener hijos». Luca estaba descubriendo, por primera vez en su vida, lo hermoso que es tener una familia. La Virgen respondió concediéndola otra gracia muy especial: «Esta vez vi… El sol parecía que se me acercaba… Era el 25 de abril. Vi este sol eucarístico que venía hacia mí y la Virgen que me decía: “¿Ves? Tú has seguido adelante, has confiado, has dicho sí”».

En ese viaje, Luca conoció a Teresa, la que a día de hoy es su mujer. Ella también se había convertido hacía algunos años. En palabras de Luca, Teresa «era y es una mujer guapa por dentro y por fuera. A mí me da tanta fuerza. Entendí de verdad el gran amor». Cuando a Luca le empezaron a pedir dar su testimonio, Teresa estuvo siempre a su lado. A pesar de los ataques de los grupos LGTB—a veces Luca debía ir escoltado por veinte policías—, de la falta de intimidad que suponía…

Luca lo tiene muy claro: las personas que quieran recibir ayuda para superar la homosexualidad, deben poder recibir esa ayuda. Las que no quieran, nadie se lo puede imponer. Pero, como católico, Luca se siente en la obligación de proponer una alternativa, porque está por medio a salvación del alma de esa persona: «Nadie puede negarme la Redención».

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El programa Cambio de Agujas de la Fundación EUK Mamie-HM Televisión cuenta con el testimonio de un sacerdote, el P. Roque Jiménez, de 39 años. No es la primera vez que Cristina Casado entrevista a un sacerdote, la diferencia es que, en el P. Roque, la conversión más importante no fue la que tuvo antes de entrar al seminario y que le condujo al descubrimiento de su vocación, sino que el verdadero «Cambio de Agujas» lo vivió cuando llevaba ya casi diez años ordenado sacerdote.

Don Roque era un joven sacerdote que vestía con vaqueros y camisetas, tatuado, el pelo arreglado y con mechas, jamás se sentaba en el confesionario, solía llegar tarde a misa… ¿Qué le hizo cambiar?


El P. Roque Jiménez tiene 39 años y nació en Villena, un pueblo de la provincia de Alicante (España). Recuerdos «religiosos» de su infancia solo tiene el de una monjita de la guardería. La catequesis, entre que le estropeaba el sábado y que solo hacían «dibujitos», tampoco le aportó mucha formación religiosa. Fue por primera vez a misa para su Primera Comunión, y no volvió en años… Un perfil al que podrían unirse tantos de nuestros niños y adolescentes de hoy. Sabía que tenía que haber algo más en esta vida, algo que realmente le llenara… pero no lo encontraba, y se conformó con «vivir cada día. ¡Nada más!»

Pero un día, Roque tenía ya dieciséis años, descubrió que había en el pueblo un cura nuevo, joven y tímido… A Roque le cambió la vida el momento en el que el sacerdote tomó la tiza y comenzó a escribir una sencilla frase en la pizarra: «Estábamos en el instituto y vino un día un sacerdote que había llegado nuevo al pueblo. El pobre era súper tímido pero era un cura… ¡vamos! ¡Como la copa de un pino! Llegó, y el hombre dijo: «Bueno, pues yo voy a poner una frase en la pizarra». Imagínate, a veces te lo curras un montón para hacer cien mil dinámicas y, de repente, coge una tiza y pone una frase que dice: “Yo soy aquel a quien tanto ama Jesús”. Fue como un flash para mí. “Aquel a quien tanto ama Jesús”. Y ahí fue cuando él nos invito a la parroquia, y empezó toda la aventura».resu don roque2

La respuesta de los jóvenes del pueblo a este curita joven y tímido fue arrolladora: «Nos apuntamos unos ochenta y tantos al grupo de confirmación de la parroquia y creamos un centro juvenil. Nos llevábamos la guitarra, cantábamos... Este sacerdote era muy piadoso y nos enseñó a confesarnos, cosa que yo no tenía ni idea. Recuerdo vagamente que para mi Primera Comunión me confesé. Nos poníamos en fila y el sacerdote estaba detrás de unas columnas y nos confesaba... Pero habían pasado años y años, y yo no sabía ni lo que era confesarme. Y ahí empezamos con él la catequesis, comenzamos un montón de cosas. ¡Era muy, muy, muy, interesante!»

El joven sacerdote, supo guiar a estos jóvenes para que llegaran a descubrir el amor que Jesucristo les tenía. Ese fue el secreto que transformó el corazón de Roque: «Yo no tenía ninguna formación, nada de nada, pero ese saber que alguien me amaba profundamente, y que me amaba sin condiciones. Quizá, por mi propia historia, por mi vida… Porque a veces parece como que te quieren, pero con condiciones. Pero alguien que me amaba profundamente… Y también el hecho de compartir con otros jóvenes. Tú vas a una parroquia y encuentras chicos y chicas. A veces, aunque solo sea por el interés de que van las chicas, tú vas a la parroquia ¿verdad? Pero entre una cosa y otra, el cura supo hacer que nos encontráramos con Dios. Al principio como un grupo de amigos, y luego la experiencia de Alguien que te ama profundamente. Y ahí comenzó toda mi vida ya con el Señor».

Apenas comenzando ese camino, Roque comienza a plantearse el tema de la vocación: «Un día digo: “¡Ah! pues, ¿y por qué el Señor no me va a llamar a mí?” Y empecé a pensar: “¿Y si el Señor me llama?” Y entonces entré en una capilla. Había ido a ver a mi abuelo, que estaba enfermo y estaba en el hospital. Cogí una estampa que había por ahí que ponía: “Pídase la gracia que se desea obtener”. Era la estampa de una sierva de Dios, que creo que no está ni beatificada, pero que le debo mucho también. Y dije: “Yo quiero tener vocación”. Yo había escuchado la palabra vocación, y lo primero que se me ocurrió pedir fue la vocación. Pues nada, dicho y hecho: ¡vocación! Y claro, y la vocación ¿a dónde? Y le empecé a decir a mi cura: “Yo, me gustaría ser moje”. Luego, a los cinco minutos, decía: “Seré misionero”. Un poco como Santa Teresita, que ella quería serlo todo en la Iglesia, ¿no? Hasta que un día dije: “Voy a entrar al seminario”. Y se lo dije al cura, que ya era otro cura distinto, le dije: “Quiero entrar al seminario”. Y entré al seminario. Pero así, a la aventura. Como no me decidía por nada, ni por una Orden ni  por otra, dije: “Pues nada, diocesano”. Y mientras estudie allí, ya pensare dónde me llama Dios”».

entró con 18 años en el seminario, pero no se sentía en su lugar para nada: «Cuanto más tiempo pasaba, más decía yo: “¡Es que no estoy en el lugar correcto! ¡No estoy en el lugar correcto! ¡No estoy en el lugar correcto!” Y nada, no me convencía. Quizás porque la imagen que yo tenía de sacerdote era más bien la vida religiosa, los frailes con el hábito, los monjes, aquellos misioneros, la vida contemplativa... Y claro, al entrar en un seminario donde éramos noventa y ocho, en Orihuela, luego estaba aparte Alicante, que eran treinta o cuarenta. Y entonces, imagínate noventa y ocho hormonas con patas ahí metidas. Bueno, era increíble. Yo decía: “Madre mía, pero ¿dónde me he metido yo?”. No es que yo fuese ahí vamos santo Dominguito Savio, ¿no? Pero, bueno, al final te metes y eres uno más. Pero no, aquello no me gustaba».

Con toda esa revolución de sentimientos en el corazón, Roque se acercó un día a la playa. Sentado sobre una roca, tuvo una experiencia decisiva: «Estaba sentado en las rocas y... ¿Cómo explicarlo para que nadie se haga una imagen rara? Sentí en el corazón que el Señor me decía: “Serás sacerdote diocesano para siempre, y todo lo que no sea ser sacerdote secular diocesano, no vendrá de Mí”. Y entonces, yo dije: “Pues que sepas que lo acepto porque viene de Ti, pero que no me gusta”. ¡Y no me gusto! Y tardó muchos años en gustarme, incluso después de haber sido ordenado».

resu don roque3El periodo del seminario fue muy duro, porque experimentaba que la única opción era conformarse con una vida mediocre. Pero esa decisión destrozaba el corazón de Roque. Ya sacerdote, todo comenzó a cambiar con la secularización de otro sacerdote: «Me destinaron a una parroquia de vicario parroquial. Estuve tres años allí. Pero, a los tres años, mi compañero, uno de los compañeros del pueblo, se seculariza. Y el obispo me pide: “Bueno, como la gente del pueblo se lleva muy bien contigo y has conectado muy bien con la gente del pueblo, la mejor solución es que te bajes a la parroquia y que te hagas cargo de ella”. Y con veintiocho años me nombraron párroco de una parroquia de 7000 habitantes. Y tuve que ir allí y allí estuve siete años de párroco. Ahí es donde sucedió mi cambio de agujas».

Humanamente hablando, era una locura darle una responsabilidad tan grande a un joven sacerdote de tan solo veintiocho años. Sobre todo cuando, como le pasaba a don Roque, el sacerdote tiene conciencia de no estar siendo un buen sacerdote: «Sabía que yo no estaba viviendo mi sacerdocio como tenía que vivirlo. ¡Imagínate! ¡Ni vestía de sacerdote! Incluso, a veces, me había hecho unas mechas en el pelo, otra vez me hice incluso un tatuaje. A veces llegaba tarde a Misa. Nunca me sentaba a confesar. No sé, era hacer de todo menos lo que ser propiamente un sacerdote. Y así aproximadamente durante ocho o nueve años».

Dios se valió de un instrumento providencial para tocar el corazón de don Roque: «No voy a dar muchos detalles de la persona que puso Dios en mi camino, pero bueno, conocí a una persona y le dije: “Te tienes que confesar”. Había llevado una vida bastante difícil y bastante ambigua en muchos sentidos. Se confesó. Eso había sido casi al principio de mi ministerio sacerdotal. Cuando yo llevaba ya en la parroquia cinco o seis años, entonces él apareció y me dijo: “¿Te acuerdas de aquella confesión? Pues vengo a devolverte el favor. No te veo bien, lo siento, pero no veo que estés viviendo el sacerdocio como tienes que vivirlo. Roque, algo te pasa. Vas mal, por donde vas, vas muy mal. La gente ya se ha dado cuenta por donde vas, vas mal”. Me propuso tomarme un café pero ¿el café dónde iba a ser? Pues en un centro del Opus Dei. Bueno, tal vez por prejuicios o por historias, lo que menos piensa un cura que va con vaqueros, camiseta, un tatuaje y demás, es acabar en un centro del Opus Dei».

En el Centro del Opus Dei fue recibido con los brazos abiertos por un sacerdote mayor que le abrazó mientras le decía: «¡Hombre, Roque, qué alegría!»: «De repente, caí de rodillas, me confesé, creo que hice una buena confesión. Y ahí pues ¡imagínate!, realmente fue lo de “sueña y te quedarás corto”. Toda mi vida comenzó a cambiar radicalmente».

resu don roque4Al poco, su obispo le propuso ir a estudiar a Roma. El seminario necesitaba un profesor de Teología espiritual. Y allí llegó don Roque, que de ser el párroco y responsable de todo en la parroquia, se volvía a sentar en un pupitre para comenzar aprendiendo italiano como si volviera a su primer día de cole. Fue un tiempo trascendental: «En el tiempo de Roma pedí la admisión como agregado del Opus Dei». Don Roque no sabía ni a qué se comprometía, pero sabía que si San Josemaría había estado metido en su Cambio de Agujas, se tenía que fiar de él.

De regreso a Alicante, el cambio era evidente: Don Roque comenzó a vestir de sacerdote; creció su amor por la Eucaristía, que se manifestaba en su forma de celebrar; se sentaba en el confesionario y pasaba largos ratos de oración ante el Santísimo, rezaba la Liturgia de las Horas: «Cuando volví de Roma, el obispo me nombró párroco de San Juan de Alicante. Es una ciudad de 26.000 habitantes. Y me encomendó que diese clases de Teología espiritual y el Secretariado de Pastoral de la Salud. Junto con eso, tengo un canal de youtube que se llama Master Church donde, cocinando, hacemos entrevistas a la gente. Tenemos un proyecto que se llama Proyecto Etcétera, trabajo también para Radio María… Es algo que, de verdad, jamás me lo hubiera imaginado. Antes, para hacer dos cosas, era imposible llegar. Y ahora, de repente, mi vida con oración, con piedad, con formación, con dirección espiritual, pudiese llegar a tanto, tanto, tanto. O sea, fue lo de “sueña y te quedarás corto”».

Don Roque es profesor de Teología espiritual pero lo tiene muy claro, una cosa es estudiar Teología espiritual y otra cosa es tener experiencia del misterio: «Si no tienes experiencia del Misterio, si no tienes experiencia de Dios no sirve de nada, es que no sirve de nada. En cambio, cuando tienes experiencia de Dios, te fascina».

Damos gracias a Dios por el Cambio de Agujas de don Roque.

Publicado en Conversiones
Lunes, 29 Enero 2018 17:00

Álvaro Vega

Álvaro Vega es hijo de nicaragüenses, aunque vive en Florida (EE.UU.). El rechazo que experimentó en el instituto le llevó a entrar en una depresión. Creía que ser rico y famoso aliviaría su tristeza. Empezó a tener un cierto nombre como cantante de rap, pero en el fondo sabía que esto no le llenaba. Un día, después de una fiesta, encontró un libro. Era «La Imitación de Cristo». Y el Señor empezó a hablar.

Publicado en Cambio de agujas
Viernes, 26 Enero 2018 12:29

Febrero´18 en EUK Mamie

Lo más destacado para ti de EUK Mamie este Febrero´18

Publicado en Avances mensuales
Lunes, 07 Agosto 2017 11:00

Por un anciano mendigo

resu nicolo

HM Televisión te ofrece una nueva edición de Cambio de agujas, que tiene por protagonista esta semana a Nicolò Manduci, un joven ingeniero de veintisiete años, nacido en Brescia (Italia).

Nicolò aprendió a hablar con la Virgen María en la Escuela Salesiana de María Auxiliadora donde estudió desde pequeño. Con diez años, dejando ya de ser un niño, empezó a alejarse de esas conversaciones tan benéficas con nuestra Madre. Hubo dos factores importantes. En primer lugar, una cierta soledad en la que le sumió la falta de afecto de su padres y, por otra parte, el rechazo por parte de los chicos de su edad. Al llegar a la escuela superior y tratando de ser aceptado por sus compañeros comenzó a tomar actitudes conscientes de alejamiento de Dios.


La falta de afecto, condujo a Nicolò a una “fuerte crisis a nivel afectivo. Me faltaba el amor, me faltaba afecto. Inicié mi camino en búsqueda de mí mismo, en búsqueda de la felicidad. Buscaba en sitios equivocados, buscaba en la discoteca, en la droga, en el alcohol, en todas las cosas que no me hacían feliz. Esto me llevó a alejarme de personas queridas, de amigos que tenían valores y resu nicolo2principios fundamentados en la fe. Pero en aquel momento me resultaban incómodos porque ninguno podía sanar aquella herida que yo llevaba dentro. Ninguno me podía amar como yo hubiera querido.  Ninguno podía entenderme como yo hubiese querido”.

Aunque Nicolò sabía que le “miraba siempre”, no quería escucharlo. “Le echaba a Él la culpa de lo que me pasaba. ¿Por qué pasaba eso? ¿Por qué soy así? ¿Por qué soy distinto? ¿Por qué me siento tan mal? ¿Por qué los demás son felices?. Y claro, a alguien tenía que echarle la culpa, pero en realidad habría tenido que mirar un poco dentro de mí. Pero no tenía fuerza para encontrar las respuestas, no tenía una madurez suficiente, no tenía tampoco educadores válidos en los que apoyarme”. “Busqué apoyo en mi familia, pero mi familia pasaba por un periodo de enfrentamiento. Había mucha presión en casa. Mi madre y mi padre no iban muy de acuerdo, no había fe, no habían unión. Iban cada uno por su cuenta. Había un gran egoísmo entonces, y yo sentía el peso de ese egoísmo en casa. Por eso decidí cambiar de objetivo y partí para Londres”.

Al principio iba a ser solo un periodo de dos meses pero, al final, Nicoló estuvo casi dos años en Londres. Luchó mucho para salir adelante solo. Trabajaba y estudiaba. Vivía muy sencillamente y en varios momentos llegó a pasar necesidad. Pero fue un periodo fundamental para su maduración a nivel humano: “Este cambio empezó dentro de mí. Comencé a crecer en humildad, pobreza y obediencia. Y estas tres virtudes, que yo no comprendía en aquel momento, empezaron a darme fuerza, fuerza y seguridad dentro de mí, estabilidad. Comprendí que había algo en estas tres cosas que hacían de eje en mi vida: empezaba a poner como los cimientos de mi persona”.

Un día había conseguido reunir algunas libras para hacer un “extra” y comprar un pastel. Con la caja del dulce entre las manos, y deseando llegar a casa para comérselo, pasó por delante de la silla de ruedas de un anciano mendigo que tocaba el violín. Nicolò sintió que la compasión le invadía el corazón: “Sentí dentro del corazón que se lo tenía que dar, porque sabía que yo algo sí tenía, y esta persona no estaba seguro de qué cosa iba a tener aquella tarde, o si iba a sobrevivir aquella noche”.

resu nicolo 3Este pequeño gesto de amor abrió el corazón de Nicolò y le permitió descubrirse inmensamente amado por el Señor: “En ese momento sentí una gran paz. Sentí un amor grandísimo en el corazón que me tocaba dentro y no sabía lo que era. Más tarde he entendido que el amor de Dios comenzó a visitarme. Dios había visitado mi corazón y, sobre todo, había visto que yo tenía deseo de cambiar. (…) En el momento en el que entré en mi casa, recuerdo que cerré la puerta, y sentí como una persona, una presencia cerca de mí. Recuerdo que sentía una fuerza en mi corazón que me decía: "Cualquier cosa hecha al más pequeño de mis hermanos, es como si me la hubieras hecho a Mí". Esta persona era Jesús. En aquel momento sentí la presencia de Jesús vivo cerca de mí”.

Tras esta experiencia, Nicolò tomó la decisión de regresar a casa, a Italia. Un amigo le invitó a ir a Misa con él, pero Nicolò desconocía el valor de la Eucaristía. Él ya rezaba solo, ¿por qué tenía que ir a Misa? Al poco, le propusieron visitar Medjugorje. En el Križevac rezó: “María, tú eres mi Madre, yo no sé qué haré de mi vida, lo importante es que tú estés orgullosa de mí. Y con estas palabras, recuerdo que hice también esta oración: Señor Jesús, ayúdame a comprender por qué tengo que ir a Misa”. Poco tiempo después, su oración había sido escuchada y la Santa Misa se había convertido en el centro de su jornada. La Eucaristía se  convirtió en una fuente de amor y de alegría, de sanación espiritual, alresu nicolo4 tiempo que le daba la capacidad de comprender cómo debía comportarse, qué debía hacer con su vida.

“Espero verdaderamente que mi testimonio pueda servir de ayuda a algún joven que haya podido pasar un sufrimiento como el mío, o que esté en una situación de droga, de alcohol… de la que tal vez quiere salir. Una situación en la que tantos chicos están... en compañía de amistades malas, equivocadas. Que puedan realmente encontrar la armonía, la armonía que viene de Cristo, que viene de Dios. No hay armonía en las cosas del mundo, por desgracia, no hay felicidad, no tiene riqueza. Hay una riqueza interior que es la riqueza que encontramos en Dios”.

Publicado en Conversiones
Martes, 18 Julio 2017 11:25

Una doble vida

hna rachel

El Cambio de Agujas que la Fundación EUK Mamie – HM Televisión nos ofrece esta semana, trae como invitada a una joven religiosa de veinticuatro años: la Hna. Rachel María Hernández, nacida en Florida (EEUU).

La Hna. Rachel María es la mayor de nueve hermanos, nacidos en el seno de una familia profundamente católica. Todo fue bien hasta que Rachel fue entrando en la adolescencia. A los trece años tomó la decisión de elegir el mundo y, a espaldas de sus padres, comenzó a vivir una doble vida. No entendía por qué su familia no podía ser una familia “normal”. Estaba convencida de ser una “niña buena” por la sencilla razón de que había cosas que sus amigos hacían y que a ella no le permitían hacer. Cuando tenía dieciséis años, participó en una peregrinación. En esos días, durante una confesión, comprendió cuánto estaba ofendiendo a Dios con su vida, quizás no con sus pecados, pero sí con su deseo de pecar. Poco después recibió otra gracia, comprendió que Dios la quería feliz, por eso no debía temer lo que Él la pidiera: el que había creado su corazón, sabía perfectamente lo que ella necesitaba para poder ser plenamente feliz.


La Hna. Rachel María Hernández es una joven religiosa de veinticuatro años que pertenece a la comunidad Siervas del Hogar de la Madre. Nació en Florida (Estados Unidos) en el seno de una familia profundamente católica, de la que ella fue la primera de nueve hermanos, entre los que se cuenta Helen, una niña nacida con síndrome de Down.familia2

Sus padres procuraron darla, a ella y a todos sus hijos, un ambiente sano y una buena formación religiosa. “Tengo el recuerdo de que, desde que era muy pequeña, mis padres me enseñaron a rezar, a conocer a Jesús y a la Virgen. Mi madre siempre me leía historias de santos. Puedo decir que mi infancia ha sido una infancia feliz”.

Todo fue bien hasta que Rachel fue entrando en la adolescencia. Entonces, las cosas comenzaron a cambiar: “A los trece años, un tanto influenciada por lo que vivían mis amigos y por lo que veía a mi alrededor, tomé la decisión de elegir el  mundo. No de rechazar a Dios, al menos no lo formulé así, porque eso me sonaba muy fuerte. Pero sí quería elegir el mundo, y eso tiene como consecuencia el alejarse de Dios”.

La Hna. Rachel María confiesa cuáles fueron las claves de ese alejamiento de Dios: “Mi alejamiento de Dios comenzó porque en la catequesis para la confirmación tenía un ambiente muy malo. Mis compañeros eran muy mundanos y esto me afectó. Pero lo que realmente me hizo caer fue la música que comencé a escuchar. Siempre me había gustado mucho la música, pero mi madre  cuidaba de que lo que hubiera en casa fuese bueno: la música, los libros, programas de televisión… Se preocupaba de que todo esto fuesen cosas que no nos apartasen de Dios. Pero yo tenía una radio en mi habitación y en una ocasión encontré una emisora que transmitía enseñanzas muy malas. Desde entonces, a escondidas de mis padres, comencé a escuchar frecuentemente esa emisora de radio. Y eso, para mí, fue motivo de abrirme al pecado”.Hrachel2

A espaldas de sus padres, Rachel comenzó a vivir una doble vida. Había cosas que no podía hacer, porque sus padres no se lo permitían, pero todo lo que podía hacer a escondidas de ellos lo hacía. “Exteriormente no se notaba mucho, porque en mi casa disimulaba como si fuera una chica buena. Pero, en realidad, lo que ocupaba mi mente todo el  día eran los chicos, la ropa, las fiestas... Deseaba cumplir dieciocho años solo para  irme de casa. En EEUU, cuando uno cumple los dieciocho años, se gradúa del instituto y se va de casa para ir a la Universidad y hacer su propia vida. Esa era mi única meta, eso era lo que yo quería: hacer lo que me diera la gana y no tener que escuchar los consejos de mis padres. Estuve viviendo así desde los trece hasta los quince años. Seguía asistiendo a Misa todos los domingos con mi familia, pero yo no vivía la Misa, era solo una rutina. Me confirmé a los quince años y, aunque sabía que era una gracia, al no tener ninguna relación personal con Dios, no supuso ningún cambio en mi vida”.

Pero ese verano en el que Rachel se confirmó y cumplió quince años, pasó algo que fue fundamental en su vida: “Mi madre, que estaba un tanto desesperada por mi actitud, que deseaba que yo tuviese buenos amigos que me influyesen bien y que rezaba por esta intención, se enteró de que ese verano se iba a realizar un campamento  dirigido por las Siervas del Hogar de la Madre y experimentó que eso era lo que yo necesitaba. Llevó a casa un tríptico con la información sobre esta actividad y me lo enseñó. Yo, al ver que era solo de chicas y que había religiosas, le dije que no me interesaba. Acababa de llegar de otro campamento que había hecho al otro lado del país, con actividades relacionadas con el arte y la música que era lo que me gustaba, y que además era mixto, habíamos tenido un montón de fiestas y me lo pasé fenomenal. Habiendo tenido esa experiencia, no me atrajo para nada la idea de hacer un campamento solo de chicas y con monjas. Pero como mi madre me dijo que no le importaba que no asistiese, decidí ir, solo por llevarle la contraría”. fot3

Asistí con una actitud muy escéptica, pensando en lo que me iba a encontrar… Pero, cuando llegué, me encontré con un ambiente tan sano, tan bueno y a la vez tan alegre que me atrajo muchísimo. Yo tenía la idea de que  los que vivían la fe católica, eran aburridos y gente rara, y yo no quería ser así. Siempre me había quejado de tener unos padres estrictos y muy católicos. No entendía por qué no podíamos ser una familia “normal”. Comparaba mi familia con las de mis amigos y no aceptaba que me impidiesen hacer cosas que a mis amigos sus padres sí les dejaban hacer. Ahora doy gracias a Dios por esto, pero mis pobres padres tuvieron que sufrir mucho conmigo”.

En el campamento conoció chicas que vivían su fe con generosidad y mucha alegría: “En este campamento conocí a chicas, especialmente me impresionaron algunas universitarias, que eran muy alegres, muy auténticas y eso me llamó mucho la atención, y sabía que yo tenía sed de tener eso que ellas tenían, de ser así de  auténtica. Las veía y quería ser como ellas. No pensaban en sí mismas, siempre se entregaban a las demás y eso me impresionaba mucho”.

Rachel confiesa que no vivió demasiado bien ese campamento. Con todo, descubrió cuál era la raíz de su problema. Había crecido en un ambiente profundamente católico que la había protegido de muchas cosas malas, pero no había tenido aún una experiencia personal de Dios. Por eso, el camino de la fe se le hacía pesado como un yugo impuesto, y esa sensación le dificultaba ver el regalo que era haber recibido la fe desde tan pequeña y no haberse manchado con tantos pecados que dejan sus heridas en el alma: “Aunque no viví demasiado bien el campamento porque no iba con una buena actitud, al final de éste, me di cuenta de que me faltaba algo, y lo que me faltaba era una relación personal con Dios para poder ser feliz”.

De regreso a casa, aunque llegó con buenas intenciones, le faltó la fuerza de voluntad para perseverar en los propósitos que se había hecho. Los deseos de mundo y de cosas mundanas seguían ocupando su mente y su corazón.

Un año después, con dieciséis años, participó en una peregrinación con el Hogar de la Madre: “En esta peregrinación recibí una gracia muy grande, la de poder confesarme”. Esa confesión fue fundamental: comprendió cuánto estaba ofendiendo a Dios con su vida de “niña buena”: “Cuando era pequeña me confesaba cada mes porque mi padre nos llevaba, pero hacía muchos años que yo no hacía una confesión sincera”. Rachel comprendió finalmente cuánto estaba ofendiendo a Dios con su vida, quizás no con sus pecados, pero sí con su deseo de pecar: “Recibí una gracia que nunca había experimentado: la de sentir un verdadero dolor de haber cometido aquellos pecados. En ese momento comprendí que estaba ofendiendo a Dios con mi vida. Siempre me había comparado con mis amigos, que hacían cosas que a mí no me permitían hacer, y por eso me consideraba muy buena. Pero en ese momento comprendí que yo estaba ofendiendo a Dios con mi egoísmo, con mis deseos de pecar, con mi  vanidad, con mi soberbia…”

fot4La luz había sido grande pero, de regreso a casa, los propósitos le duraron de nuevo dos semanas. A espaldas de sus padres comenzó a salir con un chico: “Esta relación ocupaba todo mi pensamiento, todo mi mundo. No era capaz de abrir mi corazón a Dios porque pensaba que yo sabía lo que me iba a hacer feliz. Como mis planes y los planes de Dios eran incompatibles, elegí mis planes”.

El momento de gracia definitivo, llegó de la mano de su hermana menor. Ella comenzó a tomarse su vida cristiana muy en serio, y ese ejemplo de alguien a quien quería tanto y a quien estaba tan unida, hizo que Rachel comenzara a reflexionar sobre lo que estaba haciendo con su vida. Comprendió que Dios no es ningún aguafiestas y que con sus mandamientos no busca amargarnos la vida, sino hacernos plenamente felices. Comprendió que Dios la quería feliz, por eso no debía temer lo que Él la pidiera: “El darme cuenta de que Dios quería que yo fuese feliz, fue lo que me impulsó a cambiar. Me di cuenta de que Dios sabe mejor que yo lo que puede hacerme feliz, porque Él ha hecho mi corazón. Cuando me di cuenta de esto todo cambio”.

Esta vez, el cambio fue profundo y definitivo: “Comencé a ir todos los días a Misa. Dejé a mi novio, porque entendí que mi relación con él era superficial y vacía, y me estaba impidiendo abrir el corazón a Dios y comprender lo que Dios quería de mí. Después de esto, todo fue muy rápido, porque me di cuenta de que al asistir todos los días a Misa estaba feliz, y me daba igual el estar en casa mientras mis amigas se iban de fiesta. Antes me daba rabia el no poder ir con ellas, pero ahora me daba igual, ya no tenía ese deseo: sabía que si estaba haciendo lo que Dios quería de mí, iba a ser feliz. Como Dios conocía la atracción que yo sentía por ser feliz, me hizo comprender que  Él era el único que me podía hacer feliz”.

La Hna. Rachel María descubre la clave por la que muchos jóvenes se apartan del Señor: por el miedo a lo que Él les pueda pedir. “No puedo hablar de mi conversión sin hablar al mismo tiempo de mi vocación. Algo que me apartaba de Dios era pensar lo que Él me podía pedir. Esto era por la idea que yo tenía de que Dios quería fastidiarme la vida. Pero cuando comprendí que esto no era cierto, abrí mi corazón sinceramente, comencé a rezar de verdad y a ir a Misa todos los días. Esto me cambió totalmente. Comencé a ser feliz de verdad: sabía que lo tenía todo, porque tenía a Dios”.Hna. Rachel M 4

La Hna. Rachel María termina su testimonio ofreciendo a quien la escuche el “secreto para ser feliz”: “De los trece a los quince años deseaba ser cualquier persona menos yo. Me parecía que todo el mundo tenía una vida mejor que la que yo tenía. Pero ahora, no cambiaría mi vida por nada del mundo, porque he comprendido que Dios me ama y que tiene un proyecto para mí, para hacerme feliz. Abrir el corazón a Dios te llena, porque estamos hechos para Dios y para realizar el proyecto que Él eternamente ha pensado para cada uno de nosotros. Por eso soy feliz, muy feliz”.

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