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Él nos amó primero 2/7

Beatriz Ozores Rey, licenciada en Ciencias Religiosas, trata sobre la historia de Jesús. ¿Cuál es el amor que tenemos que acoger y a vivir? En la Sagrada Escritura, Cristo es sinónimo de amor.

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El origen de Jesús 4/7

En este episodio de Marcando el Norte, Beatriz Ozores Rey nos habla del origen de Jesús tomando como fuente el primer versículo del evangelio de San Mateo "Genealogía de Jesucristo, hijo de Abraham, hijo de David".

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La conversión: Un paso hacia delante

  • Publicado en Formación

Resumiendo un paso hacia delante


En esta ocasión, nuestra sección “Resumiendo” les ofrece en este artículo una síntesis del primer capítulo del bloque temático que la serie Marcando el Norte ha dedicado a la “Historia de Jesús”. En este programa,  Javier Paredes, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid, España), entrevistó a Beatriz Ozores Rey, licenciada en Ciencias Religiosas por la facultad de Teología de Navarra, que además es licenciada en Publicidad y traductor jurado de inglés.


Resumiendo:

Beatriz OzoresLa primera intervención de Beatriz Ozores Rey en Marcando el Norte lleva por título: “Un paso hacia delante”. El argumento, clarísimamente delineado desde el primer momento, se basa en una idea fundamental: no se puede profundizar en el conocimiento de Cristo por mera curiosidad intelectual, sino buscando la conversión. Esto, para los cristianos, supone dar un paso hacia delante. Para comprender este concepto, y porque la conversión en el cristianismo es “un paso hacia delante”, Beatriz Ozores se va a apoyar en el ejemplo de a conversión de San Pablo que es paradigmática.


Beatriz Ozores explica por qué ha decidido comenzar esta serie de programas dedicados a la “Historia de Jesús”, precisamente a hablar de la conversión de San Pablo: “Yo creo que si vamos a hablar de la conversión, podemos hablar de la conversión de conversiones que fue la de San Pablo. Porque San Pablo tuvo una conversión realmente impresionante”.


Lo primero es situarnos en quién es San Pablo, conocido antes de su conversión como Saulo de Tarso: “Él nace en el año 8 D.C. , en Tarso de Cilicia, que es una ciudad que está al sureste de la actual Turquía. Pertenece a una familia judía de la Diáspora, es decir a una familia que por las circunstancias que fueran, se había ido de Jerusalén”.


Tarso era una ciudad con un nivel cultural altísimo. Para que comprendamos esto, Beatriz Ozores aporta un dato significativo: “Se dice que en Tarso la porteras de lo que discutían entre ellas era de las nuevas corrientes filosóficas. Esto demuestra el nivel de Tarso”.


“Pablo nace en Tarso, crece en Tarso, conoce todas estas corrientes filosóficas, habla hebreo, latín, griego, y además tenía una cosa importantísima, y es que tenía la ciudadanía romana”. Tener la ciudadanía romana daba a Pablo un nivel social y una independencia muy grandes: “Medio mundo estaba sometido al Imperio Romano, pero él no era un sometido, él era parte del Imperio Romano. Él podía viajar libremente, es como si hoy en día se tienen dos nacionalidades: la nacionalidad norteamericana y la nacionalidad x. Y te puedes mover por todas partes, no necesitas un visado, pagar impuestos… Eres libre. Además Pablo tenía también un oficio. Se dedicaba a fabricar tiendas. Esto era muy cómodo, porque podía viajar por todo el mundo y sostenerse económicamente. Lo tenía todo, Pablo”.


Con trece años Pablo se va a estudiar a Jerusalén: “Se va a estudiar la Ley de Moisés con el rabino Gamaliel. Hasta el punto de que Pablo dirá: Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, educado en esta ciudad, e instruido a los pies de Gamaliel según la ley patria, y estoy lleno de celo por Dios”.


Realmente Pablo era un hombre completo: judío irreprochable de sólida formación teológica, ciudadano romano con todos sus derechos y facilidades, hombre de basta cultura filosófica y conocedor de varias lenguas, de buena posición económica.


Las primeras noticias que tenemos de San Pablo, las recibimos a través del martirio de San Esteban: “San Pablo estaba en el martirio de San Esteban aprobando el martirio. Y nos dice la Biblia que a San Esteban le sacaron fuera de la ciudad y le lapidaron. O sea no estaba aprobando cualquier cosa. Dicen los Hechos de los Apóstoles que «Los testigos dejaron su mato a los pies de un joven llamado Saulo. Saulo aprobaba su muerte». Aprobaba su muerte porque para Pablo los cristianos eran unos blasfemos, que no cumplían la ley de Moisés”.

Tras habernos situado en quién es San Pablo, Beatriz Ozores considera que hemos llegado al corazón de la cuestión: “¿En qué consiste este mensaje tan revolucionario que llevó a Jesucristo a la muerte, y a muchos cristianos a la muerte, y por el que Pablo quería acabar con los cristianos? Este mensaje tan revolucionario se reduce a una frase del Evangelio de San Marcos que dice: «El tiempo de Dios se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar. Convertíos y creed en el Evangelio»”.


Para entender correctamente ese versículo del Evangelio de Marcos, hay que comprender qué significa la palabra “conversión”. Para un judío “conversión significaba dar un paso hacia atrás: “Los judíos cumplían o querían cumplir la ley de Moisés. ¿Qué ocurría cuando pecaban? Que dejaban de cumplir la Ley de Moisés o algún precepto de la legislación de Moisés ¿En qué consistía la conversión? En dar un paso atrás. En volver a cumplir la ley de Moisés, en volver a los 613 preceptos. Esa era la conversión para un judío”.


Pero, en labios de Jesús, el concepto da un giro de 180 grados: “Llega Jesús y cambia radicalmente el concepto de conversión. Ya no es dar un paso atrás, ahora con Jesús la conversión es dar un paso hacia adelante, hacia el Reino de los Cielos, hacia la salvación. La conversión ya no consiste en volver a la ley, sino en dar un paso adelante y acoger la salvación que nos trae Jesucristo. Por lo cual, ya no es fruto de los propios méritos, que era lo que pensaban los judíos y lo que pensamos muchos de nosotros. Jesucristo ha venido a salvarnos: ya no es volver atrás, ya no es cumplir la ley. En el judaísmo, teníamos primero el pecado. El hombre pecaba, se convertía, y por sus propios méritos se salvaba. Ahora no, ahora el hombre peca, después del pecado viene la salvación, y después de la salvación - que trae Jesucristo - viene la conversión. Uno se convierte porque acepta la salvación que trae Jesucristo”.


El mensaje que nos trae Jesucristo es tremendamente revolucionario: “Jesucristo nos trae la salvación como don, gratuitamente. Esto para los judíos era una blasfemia. Porque, para los judíos, la conversión consistía en volver a la Ley de Moisés, todo giraba en torno a la Ley de Moisés”. En cambio, la novedad que trae Jesucristo, es que todos tenemos acceso a la salvación, otra cosa es que nosotros queramos, pero “la salvación es un don de Dios, es un regalo, no es fruto de nuestros méritos”. Este es el mensaje revolucionario que trajo Jesús, y el mensaje revolucionario que causó su muerte y la de muchos.


Tras su conversión, Pablo reconocerá su error y tratará de que otros no lo cometan. Por eso dirá: “Si alguien quiere confiar en su esfuerzo, en los títulos, en las garantías de salvación… yo tenía más que todos, porque fui circuncidado al octavo día, soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo e hijo de hebreos. Ante la ley fariseo, a causa del celo por ella, perseguidor de la Iglesia. En lo que se refiere a la justicia de la ley llegué a ser irreprochable”.


Pero hasta que llegue ese momento, Pablo cometerá todavía algunos errores más. Tras la muerte de Esteban, se dirige a Damasco, para seguir matando y encarcelando cristianos: “En su camino tiene un encuentro con Jesucristo resucitado. Esto es lo más importante: La conversión es fruto del encuentro con Cristo resucitado. Y porque Jesucristo está vivo, nuestra religión no es una religión de muertos, no es una religión de un hombre que murió hace dos mil años y que nos acordamos de una historia. Es que Jesucristo está vivo y sigue actuando”.


“San Pablo, a partir de aquel momento, hay un punto y aparte en su vida. Ya nunca jamás volverá a ser el mismo. Llega a decir: «Beatriz Ozores sanpabloCuanto era para mi ganancia, por Cristo lo considero como pérdida». Estamos hablando de San Pablo, que lo tenía todo. «Es más considero que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo». Pero no está hablando de un conocimiento intelectual, sino del encuentro, de haber conocido a Cristo en su corazón. Y le llama: «Mi Señor». Ahora Jesús es su Señor. «Cristo Jesús, mi Señor. Por Él perdí todas las cosas y las considero como basura». Todas las cosas, dice. Él lo tenía todo. Y lo considera como basura. Insisto porque la traducción no termina de captar lo que Pablo quería decir. Cuando en español decimos «basura», Pablo se refería a cloaca, a porquería. Y esto a consecuencia del encuentro con una persona que da un nuevo horizonte a nuestra vida. A Pablo ya no le interesan ni los títulos, ni la carrera, ni la ciudadanía romana. Y sigue diciendo: «Por Él perdí todas las cosas, y las considero como basura con tal de ganar a Cristo y vivir en Él»”.


“No por mi justicia, ni por mis propios méritos que eso es imposible. «No por mi justicia, -dice San Pablo- la que procede de la ley, sino por la que viene de la fe en Cristo». Justicia que procede de Dios por la fe. Es decir, por abrirle nuestras puertas, por abrirle nuestro corazón”. San Pablo encuentra a Cristo, se convierte a Él. ¿Y qué cambia en Él? Beatriz Ozores sigue reflexionando: “Yo esto lo he meditado muchas veces, porque vamos a ver: Pablo sigue siendo ciudadano romano después de esto, y sigue hablando hebreo, latín, griego y seguro que hablaba otros cuantos idiomas más. Y sigue teniendo el mismo oficio. ¿Pero, qué le ha pasado? ¿Qué ha cambiado en Pablo? Ha cambiado su corazón. Esto es la conversión. No se tiñe el pelo. Nos dicen que era bajito… Pues, de repente, no mide dos metros y medio, no, no, no. Sigue siendo el mismo. ¿Qué es lo que ha cambiado? Ha cambiado su corazón, su horizonte, su forma de ver la vida”.


Llegada a este punto, Beatriz afirma: “Por eso, yo ceo que es importante hablar de la conversión de San Pablo, que es la conversión de conversiones, porque este es el objetivo al hablar de Jesús. Hay muchas personas que saben muchísimo y que han perdido la fe acercándose a las Escrituras. Desgraciadamente existen estas personas. Pero por esto, porque no se trata de hacer un estudio de… ¡Que Jesucristo no es una asignatura, que no es una ciencia! Que el objetivo es acercarse a Él para tener una verdadera conversión, para cambiar el corazón”. La conversión es algo muy importante en la vida de una persona. No podemos banalizar esa palabra, como tantas veces se hace: “Una conversión es un cambio radical de vida, en el que se pasa a vivir según el Evangelio, en el que uno ya solo tiene ojos para Cristo. Sigue trabajando. Es decir, el que dirige un banco sigue dirigiéndolo, el que conduce un autobús lo sigue conduciendo… Pero su meta ya no es dirigir un banco, ni conducir el autobús, ni llevar una tienda. Su meta es Cristo, y todo lo demás lo hace por y para Cristo, esa es la diferencia”.


“Esto es la verdadera conversión, y dice Benedicto XVI que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro, el verdadero encuentro. Cuando nuestro horizonte deja de estar aquí, pegado a nuestra nariz y se abre ala vida eterna, al más allá, a Cristo. Entonces todo en nuestras vidas cambia. Y continua diciendo Benedicto XVI: Puesto que es Dios el que nos ha amado primero, ahora el Amor no es solo un mandamiento sino la respuesta al Don del Amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Los mandamientos dejan de ser una carga agotadora, que uno va con una mochila, y tengo que hacer esto, y tengo que hacer lo otro.. Cuando uno tiene un encuentro con Cristo que es Amor, el amor es la consecuencia, es la respuesta a ese encuentro, ya deja de ser una carga. Haciendo las mismas cosas que se hacían antes, uno lo que ha hecho es abrirle el corazón a Dios, para que Él pueda derramar su amor en el corazón de la persona. Eso es la conversión”.


Beatriz Ozores termina su reflexión sobre la conversión – el objetivo de cualquier estudio que se haga de Jesucristo – diciendo:  “Yo recuerdo que cuando salió elegido Juan Pablo II, se paseaba por las calles de Roma y decía: «No tengáis miedo, abrid vuestros corazones a Cristo». Pues esa es la conversión: abrir nuestro entendimiento y nuestro corazón a Cristo, para que Él pueda derramar su Amor, su Espíritu en nuestros corazones”.

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El Magníficat 1/6

Beatriz Ozores Rey, licenciada en Ciencias Religiosas, prosigue su recorrido por la «Historia de Jesús» en este segundo bloque, que comienza con una reflexión sobre el Magnificat de la Virgen María y la relación que esta oración tiene con las doce tribus de Israel.

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