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Mostrando artículos por etiqueta: Jesús - EUK Mamie

El Padre Nuestro 5/10

Tras las Bienaventuranzas, Jesús enseña el Padre Nuestro como oración distintiva del cristiano. En este programa, Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— explica cada una de las siete peticiones que componen esta oración, que presenta como antídotos contra las tentaciones y pruebas que sufrimos.

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Las Bienaventuranzas 4/10

Cada reino tiene su ley, y, cuando Cristo viene para instaurar el Reino de los Cielos, también trae una «ley nueva» que rige este Reino. Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— nos adentra en cada una de las Bienaventuranzas, que son expresión perfecta de esta ley y el secreto de la verdadera felicidad.

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40 días cerca de Jesús: Tercera tentación

En la tercera tentación, el demonio tienta a Jesús ofreciéndole todos los reinos si se postra ante él. ¡Cuántas veces terminamos cediendo ante la tentación del poder, cuántas veces terminamos siendo esclavos del demonio por culpa de la ambición! Debemos elegir el camino de la cruz, de la humillación, de la soledad, como lo hizo Jesús.

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Adoraron a Jesús de Eucaristía en concierto “Cielo Abierto”

Más de 3 mil fieles se congregaron en la Diócesis de Paraná, Argentina, para participar de la Adoración Eucarística “Cielo Abierto”, una propuesta que nació en México pero que hoy se extiende a varios países. “Cielo Abierto” surgió en 2001 como una propuesta de evangelización a través de la música y la predicación, en un concierto cuyo centro es la Adoración Eucarística.

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En portada: La cuarta copa de Jesús

  • Publicado en En portada

D. Jorge Manuel Rodríguez, presidente del Centro Español de Sindonología, nos habla de la cuarta copa de Jesús y su significado. Nos explica por qué el rito de la Pascua que celebró Jesús con sus discípulos era ligeramente diferente al tradicional judío.

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De la adicción a la libertdad

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HM Televisión te ofrece una nueva edición de Cambio de agujas. Un tren de vida espiritual en el que no para de subirse gente para transmitir a los telespectadores  la esperanza de una vida que, al  contacto con Dios, puede cambiar.

Mike Harden, desde la infancia víctima de la pornografía y del consumo de alcohol, nos cuenta el terrible drama que estas adiciones  supusieron. Motivos por los cuales estuvo a punto de perder a las personas que más le querían. Él mismo testimonia:

“Mi padre tenía un vicio muy fuerte con la  pornografía. Por tanto, los siete chicos en la familia descubrimos su almacén de pornografía a una edad muy temprana. Algunos, con cinco años, y yo, con nueve. Tienes colgando de tu cuello ese pecado grave cuando estás seducido por la impureza.  El demonio, debido a nuestra naturaleza caída, tiene sus tentaciones y nos atrae fácilmente. Yo tenía ese pecado grave; caes en eso. Él no sabía que  estábamos viéndolo, pero nosotros sí lo sabíamos y anhelábamos más. Te cambia tu idea sobre la mujer. Y cuando fui al instituto pensaba que tenía que ser atractivo para  las mujeres. Eso es lo que tenía que hacer, en lugar de buscar a Dios”.

La esclavitud del vicio, el conocimiento superficial de Dios y las malas amistades, le condujeron a vivir una vida totalmente incoherente con el cristianismo:

“Dios es real pero está allí, a lo lejos. No me va a echar nada en cara, ¿sabes?… No estoy siendo injusto, estas mujeres me buscan y es la manera de ser popular. No hay nada malo en jugar futbol y hacer daño a las personas, así es como te haces popular y entretienes a la gente. Por tanto, me  justificaba, como solemos hacer cuando elegimos hacer algo aunque sabemos que  está mal, lo justificamos sin más. Decidimos que está bien el hacer ciertas cosas, aunque en nuestro corazón sabemos que no es así. Así que lo justificaba.

No pensaba necesariamente que otros cristianos eran mejores, y nunca pensé que Dios no existiese. Solo pensaba que no iba a estar enfadado conmigo in saecula saeculorum, porque estaba en pecado grave. Y no veía la necesidad de confesarme, porque lo hice la última vez antes de la confirmación, y creía que ya no tenía que confesarme otra vez después de la confirmación, porque ya era suficiente con eso. Después de confirmarme, cuando estaba en primero de la ESO, me parecía  que no era más que un ritual que tiene la iglesia, pero que no nos cambia. Nadie nos había explicado otra cosa, así que hubiera sido difícil saberlo si no te explican que este sacramento realmente nos cambia y nos hace personas diferentes, y que el Espíritu Santo marca nuestra alma  con un sello indeleble.

Fui al instituto y después, al principio, me puse a trabajar. Tenía trabajo en un banco y después cambié para trabajar en un mercado de pescado y  poder estar junto a mi hermano.

Las cosas se ponían peores con el paso del tiempo. Cuando dejé el mercado de pescado, me puse a trabajar en UPS (servicio de entrega de paquetes) y al mismo tiempo estudiaba en la universidad. Uno de mis vecinos estaba en un negocio de seguros, y le dijo a su jefe que yo era una persona muy impresionante y listo, y que tenía buen corazón. Así que tuve una entrevista con su jefe y me contrató para su negocio de seguros. Estaba contento de trabajar en un ambiente profesional pero la gente que trabajaba ahí parecían niños grandes, no eran fieles a sus esposos, nada de integridad. Fue como ver lo peor de lo que hay en el hombre. Yo andaba con este tipo de personas, por lo tanto vivía una vida de fiestas y borracheras”.

Pero su madre, profundamente religiosa, no tiró la toalla y siempre estuvo pendiente de él, y no le guardo ningún rencor a pesar de que Mike estuvo dos años sin hablarla. La muerte de su padre y la experiencia religiosa que tuvo a raíz de esta, le une más a su madre, que le inculca el amor por el rezo del rosario:

Mi madre...; éramos 7 chicos, y ya no teníamos ninguna relación con mi madre porque ella era muy santa. Iba a la misa diaria y rezaba el rosario todos los días, lo cual resultaba muy raro. Y entre tanto, mi padre se puso tan enfermo que quedó paralizado del cuello hacia abajo debido a repetidos derrames cerebrales, y estaba en una clínica que se llama Santa Catalina Labouré. Tracy, mi mujer, y yo íbamos a visitarle una vez al mes,  durante algunas horas, los domingos. Y pensaba que, por mi parte, estaba muy mal el no haber tenido ningún trato con mi madre durante dos años.

A los 25 años pensé que debería llamarla y la llamé. Le dije: “Hola mamá, ¿qué tal estás?”. Y me contestó: “Muy bien, Michael. ¿Qué tal estás?”. Y le dije: “Ah, estoy bien, bueno, pensaba que debería ir a visitarte”. Y dijo: “Oh, me ha sobrado comida,  ¿por qué no vienes y comes aquí?”. Así que fui a comer con ella ese jueves y comí de las sobras y jugamos un poco. Y me dijo. “¿Vendrías otra vez el jueves que viene?”. Y le dije que sí. Pensé que yo era mucho mejor que todos mis otros hermanos. Es curioso cómo el demonio nos engaña. Y empecé a ir todos los jueves, y más o menos tres o cuatro meses después de estar yendo cada jueves, y comer y hablar con ella durante algunas horas, me preguntó: “Michael, ¿me puedes hacer un gran favor?”. Y le dije: “Claro, mamá, ¿qué puedo hacer por ti?”. “¿Puedes empezar a rezar un rosario diariamente por tu padre? ¿Sabes?, está paralizado del cuello hacia abajo. Solo pide a Dios por su curación”. Ella dijo: “Eso, o que Dios se lo lleve al Cielo”.

Entonces pensé: “Oh, vale, así puedo dar otra opción a Dios”. Así que le dije que claro, que yo podía hacer eso. Y yo me sentía muy santo porque, literalmente, cada día apagaba el canal de rock and roll durante doce o quince minutos y rezaba por mi padre. Eso era para mí asombroso. Yo sentía que la santidad me estaba entrando y estaba un poco sorprendido de que otros no lo notasen. Más o menos ocho meses más tarde, murió mi padre. Y entonces, mi madre me dijo: “Ahora tienes que rezar el rosario por el alma de tu padre, porque está en el purgatorio”. Y pensaba para mí: “Oh, eso es muy tierno, mi madre es muy inocente, cree en el purgatorio. Piensa que hay un sitio para la gente mala después de la muerte y que allí tienes que pagar por todo lo que hiciste en la tierra”. Y pensaba que yo  sabía más, porque todo eso era una tontería. Me encantaba mi madre y estaba acostumbrado a rezar el rosario, y le dije que lo seguiría  rezando. Y así continué, y sentía que crecía mucho en santidad.

Después de nueve meses y medio…, ya estaba casado, justo antes de que muriese mi padre. Él estuvo allí en su silla de ruedas. Como nueve meses después de su muerte, más o menos cuatro meses después de casarnos, y cuando llevaba nueve meses y medio rezando el rosario todos los días, seguía visitando a mi madre cada semana,  jugando partidas y comiendo con ella.

Una noche me fui a dormir y en mi sueño me vi de repente en la casa de mi madre, sentado a su mesa en la misma silla de siempre, jugando boggle, que es un juego con letras donde con ellas tienes que encontrar palabras; estaba mirando a la tabla de jugar y sentí que mi padre estaba en la habitación y pensé: “Esto es extraño porque papa está muerto”. Hay un pasillo que va hacia el comedor, y caminando por el pasillo estaba un hombre joven de 33 años, no se parecía mucho a mi padre, un poco sí, pero no mucho, pero yo sabía con seguridad que era mi padre. Y le dije: “¡Papa!”. Y me dijo: “Sí, hijo mío”. Le dije: “¿Estás vivo?” Y me dijo: “Nunca he estado tan vivo”. Pero le dije: “Pero  vi tu cuerpo en el ataúd”. Y me dijo: “Estoy vivo y han sido tus rosarios los que me han ayudado a ir al Cielo”. Y le dije: “Creo que esto es un sueño; vale, ven aquí”. Y vino hacia mí y le cogí de la mejilla y sentí su piel.  Esa es la única vez que yo recuerde que sentí de verdad en un sueño… Ah, he sentido dolor antes, pero nunca he tocado con mis dedos algo real. Sentí su piel, y le dije: “Ah, estás vivo de verdad”. Me dijo: “Sí, y tus rosarios me han ayudado mucho, me han ayudado mucho para ir al Cielo. Así que no pares de rezar el rosario, cada día reza ese rosario, hijo”. Y le dije: “Cómo… Vale, papá”.

Tenía un montón de preguntas sobre el Cielo, ¿sabes? Si de verdad hay ángeles flotando en las nubes, y todas esas cosas tontas. Bueno, si no tienes ninguna idea de la fe, eso es más o menos todo lo que puede surgir. Así que tenía todas esas preguntas tontas, pero se fueron de mi cabeza, y le agarré de la mano y salimos del comedor hacia la puerta de casa.

La casa de mi madre estaba construida con un sótano. No sé por qué la construyeron  así en Florida. Teníamos que subir 14 escalones para salir hacia la calle. Y mientras cruzamos la calle,  desapareció. Y, de repente, me llené de una gran tristeza. Y decía: “¡Oh, no! ¡Papá se ha ido!”. Esa fue la única conversación que tuve con mi padre, fue 9 meses después de morir. Y de repente, me llené de una alegría rebosante. Decía: “¡Papá está en el cielo! ¡Es asombroso! ¡Es genial!” Y empecé a sentir esperanza. Lo entiendo como si fuera la esperanza del Espíritu Santo recordándome que en la vida hay más de lo que pensaba, más de lo que había comprendido hasta entonces. Pero, pensándolo bien, me dije: “Oh, ha sido solo un sueño, solo un sueño. Ya, rezo el rosario y simplemente tengo que continuar ofreciéndolo por papá”. Así, seguí rezando para librar el alma de mi padre del purgatorio.

Dos semanas después estaba en la casa de mi madre  y me entró sueño y me dormí. Ahí estaba, y, esta vez, estaba sentado en el sillón de mamá. He llegado a llamar a este sillón, el sillón del creyente. Y en frente está el sillón del no creyente. Ahí estaba sentado mi hermano, que había dejado la Iglesia y se había hecho baptista. Y de repente, percibo que papá estaba en la habitación. Me di la vuelta para mirar hacia el pasillo, y viene el mismo hombre joven, caminando. Ahora mi hermano ya no estaba ahí, él se había asustado cuando dije: “Papa está aquí”. Y le miré, y él estaba como…, y me di la vuelta y Pat ya no era parte del sueño, y ahí estaba papá caminando por el pasillo. Y le dije: “Así que estás vivo de verdad”. Y me dijo: “Sí, hijo, estoy vivo. Ya te dije que estoy vivo”. Y le dije: “Así que, sí estás en el cielo”. “Sí, y tus rosarios me han ayudado mucho a llegar ahí, hijo. No dejes de rezar el rosario todos los días”. Y le dije: “¿Sabes, papá?, pensaba que era un sueño”. Y me dijo: “Ya lo sé”. Y yo le dije: “Ven aquí”.  Y me acerqué a él. En ese tiempo era un gran levantador de pesos y hacía gimnasia siempre, y le dije: “Déjame cogerte”. Y me dijo: “Vale”. Así  que bajé a cogerlo y no pesaba nada. Y dije: “Oh, no pesas nada”. Y me dijo: “Lo sé. ¡Es guay!, ¿no?”.  Yo decía: “Cómo… Vale, no lo entiendo, pero está bien”. Así que, lo bajé y él me seguía animando, diciendo: “Tienes que rezar el rosario todos los días. Quiero que estés en el Cielo conmigo. Tienes que rezar el rosario diariamente”. Y pensé para mí: “Oh, la última vez, cuando le cogí de la mano para salir con él, desapareció, pero este vez no quiero que se vaya”. Así que le abracé y empezábamos a salir, él me estaba consolando y diciéndome cómo me gustaría estar en el cielo; y bajamos los escalones, y al bajar pensé: “¡Oh, va a desaparecer!”. Pero no, estaba todavía ahí. Y al cruzar la calle, paramos, y me miró, y le dije: “Te  tienes que ir ¿verdad?”. Y me dijo: “Sí”. Y le dije: “Vale. Te quiero, papá”. Y me dijo: “Yo también te quiero”. Y poco a poco desapareció, y ya no estaba. Y yo estaba lleno de alegría. Así que, desperté a mi esposa otra vez para contárselo.

Experiencia similar a esta tiene también en la muerte de su madre. Esto y otras  experiencias a través de las cuales Dios se hizo presente, llevan a Mike a una conversión total de vida, y actualmente es un apóstol de los jóvenes.

Yo ya sabía que tenía que estar en la Iglesia y, un día en el que estaba sentado mirando el cuadro del Sagrado Corazón, le dije: “Vale, Señor, pero no entiendo cómo me hice tan mala persona cuando pensaba en mi corazón que era bueno. Pensaba que era bueno pero estaba tan podrido”. Y me contestó diciendo: “Pero no lo sabías”. Y pensaba para mí: “Pero, y ¿qué va a pasar con todos los otros niños que no saben?”. Y me dijo: “Enséñaselo tú a ellos”. Voy a volver para atrás: había oído esas mismas palabras del Señor dos veces antes en mi vida. La primera vez, en una conferencia carismática, cuando estaba en octavo grado. Todos tenían sus manos levantadas, éramos seiscientos en esa sala: niños, adultos, estábamos todos rezando con las manos levantadas. Había gente hablando en lenguas y cantando y escuché una voz decir: “Te llamo a enseñar”. Abrí mis ojos y miré a mi hermana y le dije: “¿Qué me estás diciendo?”. Me dijo: “No te he dicho nada, solo estoy alabando al Señor”. Y no había nadie al otro lado de mí. Y pensé: “¿Cómo…, Dios me está hablando?”. Estuve solo algunas noches ahí: “Dios, ¿qué voy a enseñar? No sé casi nada. Ni siquiera leo las Escrituras, soy católico, no leemos la Biblia. No sé de qué puedo hablar”. Y lo olvidé. Bueno… cuando estaba en la cárcel, y tuve esa experiencia, cuando tenía levantadas mis manos y se me caían las lagrimas, oí la misma voz que decía: “Te llamo a enseñar”.

Pues eso, cuando estaba sentado en el salón hablando con Jesús y diciéndole: “¿Qué pasa con los otros jóvenes?”. Me dijo: “Enséñales”. Y pensé: “Yo no puedo enseñarles, no me gustan los jóvenes, no voy a trabajar con ellos. (Y ¡eso fue después de que Dios me hablase!) Oh, puedo llevar el grupo de adultos de estudio de la Biblia”.

Los únicos adolescentes que conocía eran mis sobrinos, que eran muy rebeldes y no querían a sus padres, y estaban muy metidos en las fiestas y no les gustaba ir a la iglesia porque pensaban que era una tontería. Así que, resistí y decía que no podía hacer eso. Y fui a hablar con mi párroco y me dijo: “Tienes que ser el próximo líder del grupo de jóvenes”. Y le decía: “Ah…. Bueno, voy a ver, padre, pero no puedo conducir, lo tengo prohibido”. Y le dije: “¿Qué clase de persona soy para esto? He sido penalizado”. Y me dijo: “Pues, entonces, no lleves a los jóvenes a ningún sitio”. Y decía: “¿Cómo?… Oh, ¡o.k!”.

Y una semana más tarde había terminado de leer el libro “La ciudad Mística de Dios” y estaba hablando con Jesús diciendo: “Ah, no puede ser que me estés pidiendo esto, tiene que ser mi subconsciente. No puedes estar pidiéndome  enseñar a jóvenes. No sé nada. No me gusta tratar con jóvenes. ¿Sabes?, no queremos niños. No puede ser que me estés pidiendo eso. Si de verdad quieres que empiece con un grupo de jóvenes y que les enseñe, vas a tener que mandarme a alguien para que me ayude”. Y entonces, al día siguiente estoy en el coro de la iglesia cantando; era  muy activo, aunque todavía no había acudido a la confesión. Pero, ¿sabes?, me sentía muy santo y estaba seguro de que podía sacar brillo a mi aureola.  Así, el día siguiente después de cantar, un hombre joven se me acerca y me dice: “¿Eres tú, Mike Harden?”. Y le dije: “Sí, yo soy”. Y dice. “Yo, con algunos de mis amigos, hemos estado en algunas conferencias en un sitio en Ohio que se llama Steubenville, y estos retiros son muy dinámicos, y queremos hacer un retiro para los jóvenes de aquí”. Y les dije: “Oh, eso es muy bueno”. Y dijo: “El párroco me dijo que necesitábamos tu permiso para hacerlo”. Y decía: “¿Yo? ¡Oh, supongo que soy el líder del grupo de jóvenes ahora!”. Y le dije: “La única manera de poder hacerlo es si tú me ayudas a poner uno en funcionamiento”. Y dijo: “Estaría encantado”. Así, que hicimos un retiro y empezamos un grupo de jóvenes. En Julio hará veinticuatro años que está funcionando. Oh, Dios mío, sí. Ahora el ayuno se ha convertido en parte de mi vida durante veinte años. Normalmente algunos días a la semana, los miércoles y los viernes, son los días de ayuno para mí. El Señor nos ha bendecido con nueve hijos maravillosos, todos, de verdad, aman a Dios, confían en Él. Ha habido una riada constante de milagros, de sus intervenciones, y ha habido luchas, muchas luchas y dolor también. Pero Dios es tan bueno siempre, y su amor no es comparable.

La confesión, ahora, para mí es semanal. Fue cinco meses después de la muerte de mi madre, cuando una vecina nuestra, recién llegada al barrio, que era católica, me dijo: “Con todas estas cosas religiosas que estás haciendo, estás rezando el rosario y todo, ¿con quién te confiesas?”. Y le dije: “Oh, no creo que necesite confesarme porque ya he confesado mis pecados directamente a Dios”. Y me dijo: “¡Estás loco! Jesús dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, ¿y tú no te vas a aprovechar de eso? ¿Vas a tener la esperanza de que estés perdonado solo porque pensaste en  pedirle perdón?”. Y le dije: “Ah… sí, suena ridículo”.  Y dijo: “¡¡Sí!!”. Y me dijo: “Hay confesiones en una hora, ¡vamos!”. Ella y yo fuimos a confesarnos y yo fui el último, porque tardé una hora y media en confesarme, para poder decirlo todo.

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