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Santo Rosario Misterios Dolorosos

  • Publicado en Orando

Coronado de espinas

Introducción:

Para ayudarnos a penetrar en los misterios de dolor, la Fundación EUK Mamie-HM Televisión ha creado este “Santo Rosario. Misterios dolorosos”, que se abre con la meditación audiovisual del Evangelio de la Pasión. Después, tras el enunciado de cada uno de los misterios dolorosos, una breve meditación del Papa Benedicto XVI nos ayudará a profundizar en la Pasión de Jesucristo.
 
“Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su corazón y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre con Getsemaní, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentiría inclinada a rebelarse. Allí, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42 par.). Este «sí» suyo cambia el «no» de los progenitores en el Edén. Y cuánto le costaría esta adhesión a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo!

En este oprobio no sólo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor «hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 8). Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora”. (RVM 22).


Santo Rosario, Misterios Dolorosos

1.- Aclamación inicial:


Lector: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. (Todos se persignan).
Todos: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas,  me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Lector: Señor, ábreme los labios.
Todos: Y mi boca proclamará tu alabanza.
Lector: Dios mío, ven en mi auxilio
Todos: Señor, date prisa en socorrerme.
Lector: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Todos: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

2.- Visualización del vídeo sobre el Evangelio de la Pasión del Señor:

Lector: Señor, por la Sangre que un día derramaste por nosotros desde la Cruz, concédenos fijar la mirada de nuestro corazón en estos misterios de dolor, para revivir tu muerte y penetrar así en la inmensidad de tu amor por el género humano. Que tu Madre Santísima, la Mujer que permaneció en pie junto a la Cruz, nos introduzca en la contemplación de la Pasión y nos alcance la gracia de una profunda conversión.

A través de la visualización del Evangelio de la Pasión del Señor, preparemos nuestro corazón para contemplar los misterios de dolor:

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (Mt 26, 14-27, 66)

3.- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario, introducidos por un breve comentario del Santo Padre Benedicto XVI:

Primer Misterio: La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.  

Meditación: Después de la invitación dirigida a los tres discípulos a permanecer y velar en oración, Jesús «solo» se dirige al Padre. El evangelista san Marcos narra que él «adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejara de él aquella hora» (14, 35). Jesús cae rostro en tierra: es una posición de la oración que expresa la obediencia a la voluntad del Padre, el abandonarse con plena confianza a él. Es un gesto que se repite al comienzo de la celebración de la Pasión, el Viernes Santo, así como en la profesión monástica y en las ordenaciones diaconal, presbiteral y episcopal, para expresar, en la oración, también corporalmente, el abandono completo a Dios, la confianza en él. Luego Jesús pide al Padre que, si es posible, aparte de él aquella hora. No es sólo el miedo y la angustia del hombre ante la muerte, sino el desconcierto del Hijo de Dios que ve la terrible masa del mal que deberá tomar sobre sí para superarlo, para privarlo de poder.

Queridos amigos, también nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestros cansancios, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, así como el peso del mal que vemos en nosotros y en nuestro entorno, para que él nos dé esperanza, nos haga sentir su cercanía, nos proporcione un poco de luz en el camino de la vida.

(…) Verdaderamente «en ningún otro lugar de las Escrituras podemos asomarnos tan profundamente al misterio interior de Jesús como en la oración del monte de los Olivos» (Jesús de Nazaret II, 186). (Benedicto XVI, 1 de febrero de 2012)

Padre Nuestro, 10 Ave Marías y Gloria.

Lector: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia.
Todos: Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

Segundo Misterio: La flagelación de Jesús atado a la columna. 

Meditación:  «Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar» (19,1). La flagelación era (…) un  castigo
extremadamente bárbaro; el condenado «era golpeado por varios guardias hasta que se cansaban y la carne  del delincuente colgaba en jirones sanguinolentos» (Blinzler,  p.  321). Rudolf Pesch comenta: «El hecho de  que Simón de Cirene tuviera que llevar a Jesús el travesaño de la cruz y que Jesús muriera tan rápidamente   tal vez tiene que ver, razonablemente, con la tortura de la flagelación, durante la cual otros delincuentes ya perdían la vida» (Markusevangelium, II, p. 467).  (…) Pero a Jesús no se le puede quitar su íntima dignidad. En Él sigue presente  el Dios oculto. También el hombre maltratado y humillado continúa siendo imagen de Dios.  Desde que Jesús se ha dejado azotar, los golpeados y heridos son precisamente imagen del Dios que ha querido sufrir por nosotros. Así, en medio de su pasión, Jesús es imagen de esperanza: Dios está del lado de los que sufren. (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret)

Padre Nuestro, 10 Ave Marías y Gloria.

Lector: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia.
Todos: Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

Tercer Misterio: Jesús coronado de espinas

Meditación:  Los  soldados juegan cruelmente con Jesús. Saben que dice ser rey. Pero ahora está en sus manos, y disfrutan humillándolo, demostrando su fuerza en Él, tal vez descargando de manera sustitutiva su propia rabia contra los grandes. Lo revisten —a un hombre golpeado y herido por todo el cuerpo— con signos caricaturescos de la majestad imperial: el manto de color púrpura, la corona tejida de espinas y el cetro de caña. Le rinden  honores:  «¡Salve, rey de los judíos!»; su homenaje consiste en bofetadas con las que manifiestan una vez más todo su desprecio por él (cf. Mt 27,28ss; Mc 15,17ss; Jn 19,2s). La historia de las religiones conoce la figura del rey-pantomima, similar al fenómeno del «chivo expiatorio». Sobre él se carga  todo lo que aflige a los hombres: se pretende así alejar del mundo todo eso. Sin saberlo, los soldados hacen  lo que no conseguían aquellos ritos y costumbres:  «Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados» (Is 53,5). Jesús es llevado con este aspecto caricaturesco a Pilato, y Pilato lo presenta al gentío, a la humanidad: Ecce horno, «¡Aquí tenéis al hombre!» (In 19,5). Probablemente el juez  romano está conmocionado por la figura  llena de burlas y heridas de este acusado misterioso. Y cuenta con la compasión de quienes lo ven.

«Ecce  homo»: esta palabra adquiere espontáneamente una profundidad que va más allá de aquel momento.  En Jesús aparece lo que es propiamente el hombre. En Él se manifiesta la miseria de todos los golpeados y abatidos. En su miseria se refleja la inhumanidad del poder humano, que aplasta de esta manera al impotente. En Él se refleja lo que llamamos «pecado»: en lo que se convierte el hombre cuando da la espalda a Dios y toma en sus manos por cuenta propia el gobierno del mundo.  (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret)

Padre Nuestro, 10 Ave Marías y Gloria.

Lector: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia.
Todos: Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

Cuarto Misterio: Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario.

Meditación: Esta noche hemos acompañado en la fe a Jesús en el recorrido del último trecho de su camino terrenal, el más doloroso, el del Calvario. Hemos escuchados el clamor de la muchedumbre, las palabras de condena, las burlas de los soldados, el llanto de la Virgen María y de las mujeres. (…) Esta noche hemos revivido, en el profundo de nuestro corazón, el drama de Jesús, cargado del dolor, del mal y del pecado del hombre.

Fijemos nuestra mirada en Jesús crucificado y pidamos en la oración: Ilumina, Señor, nuestro corazón, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz; haz morir en nosotros el «hombre viejo», atado al egoísmo, al mal, al pecado, y haznos «hombres nuevos», hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor.  (Benedicto XVI, Viernes Santo 22 de abril de 2011)

Padre Nuestro, 10 Ave Marías y Gloria.

Lector: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia.
Todos: Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

Quinto Misterio: La crucifixión y muerte de Jesús.

Meditación: Miremos bien a este hombre crucificado entre la tierra y el cielo, contemplémosle con una mirada más profunda, y descubriremos que la Cruz no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado y del mal, sino el signo luminoso del amor, más aún, de la inmensidad del amor de Dios, de aquello que jamás habríamos podido pedir, imaginar o esperar: Dios se ha inclinado sobre nosotros, se ha abajado hasta llegar al rincón más oscuro de nuestra vida para tendernos la mano y alzarnos hacia él, para llevarnos hasta él. La Cruz nos habla de la fe en el poder de este amor, a creer que en cada situación de nuestra vida, de la historia, del mundo, Dios es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal, y darnos una vida nueva, resucitada. En la muerte en cruz del Hijo de Dios, está el germen de una nueva esperanza de vida, como el grano que muere dentro de la tierra. (Benedicto XVI, Viernes Santo 22 de abril de 2011)

Padre Nuestro, 10 Ave Marías y Gloria.

Lector: María, Madre de gracia, Madre de piedad, amor y misericordia.
Todos: Defiéndenos del enemigo y ampáranos, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

4.- Rezo de las Letanías de Nuestra Señora:

Se pueden leer en este link:

https://www.hogardelamadre.org/es/recursos/rosario/135-recursos/rosario/371-letanias

5.- Canto final

-Hna. Beatriz Liaño, SHM

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