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Mostrando artículos por etiqueta: Fe - EUK Mamie

"Libertad y Fe" con el Card. Angelo Scola

«Proyecto Despierta» entrevistó en exclusiva al Card. Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán, quien reflexiona en este clip sobre la libertad y su relación con la fe, un nexo importante, ya que el mismo Jesucristo vinculó su seguimiento a la consecución de la verdadera libertad. En su intervención, el Card. Scola nos invita a ofrecernos al «martirio de la esperanza», como nuestros hermanos que sufren persecución a causa de su fe en Oriente Medio, Egipto, Argelia… y tantas otras partes del mundo.
Empápate de la esperanza que brilla con la fuerza del que «hace nuevas todas las cosas» en «Proyecto Despierta».

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Testigos de la esperanza: Esther Sáez

Esther Sáez sobrevivió al atentado terrorista de «los trenes de Atocha», el también llamado «11M», acaecido el 11 de marzo de 2004 en Madrid (España). En el atentado fallecieron 193 personas y resultaron heridas alrededor de dos mil. Aunque los médicos le dieron 24 horas de vida, consiguió —contra todo pronóstico— sobrevivir, en medio de atroces sufrimientos físicos y morales que le dejaron importantes secuelas y una minusvalía del 67 por ciento. En los momentos de máximo dolor, Dios salió a su encuentro con una experiencia transformadora, enseñándole a perdonar a los terroristas y a convertirse en un «Testigo de la esperanza».

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Firmes en la Verdad: Fernando Leiva

En Firmes en la Verdad hablamos con el chileno Fernando Leiva sobre cómo surgió su vocación de cantante católico. Después de trabajar en diversas profesiones, y con el apoyo total de su mujer y de sus hijos, descubre en una edad avanzada que el Señor le quiere cantando para Su gloria. Vemos cómo Fernando Leiva, en su docilidad, se entrega totalmente al Señor con el don de la música.

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Martirio ¿una locura?

refle ragheed

El «Proyecto Despierta» presenta desde  EUK Mamie el último clip sobre los cristianos perseguidos. Esta vez nuestro protagonista es el P. Ragheed Ganni, mártir católico de la Iglesia Católica Caldea en Irak. Muere a los 34 años, el 3 de junio de 2007, asesinado por integristas del Estado Islámico.


Martirio, nota distintiva de la Iglesia de Cristo

En el Bautismo somos insertados a Cristo: el signo expresa con propiedad nuestra muerte y el renacimiento a una nueva vida en Cristo. Pero, al ser bautizados, somos unidos a Cristo de tal manera que somos llamados a vivir en nuestra vida la vida de Jesús y, por ende, todo bautizado ha sido llamado a asumir su condición martirial al estilo de Cristo, que desde el inicio de su vida, tomó la cruz hasta  morir en ella: «Quien quiera seguirme, que cargue con su cruz de cada día y que me siga». De la imitación de Cristo y de la unión con Él  y con su misión, se deriva el que la Iglesia tenga una espiritualidad martirial.

La Iglesia tiene espiritualidad martirial, es más, esto pertenece a su esencia. Y la historia constata este hecho. En los dos milenios que llevamos de cristianismo, han muerto setenta millones de cristianos a causa de su fe. De estos, el 65% fueron asesinados en el siglo XX. Se cumplen así las palabras de la Virgen en Fátima, que le dijo a los pastorcitos que el siglo XX sería un siglo de grandes persecuciones contra la Iglesia. Pero la cosa continúa, porque se calcula que en el siglo actual mueren cada año unos 100.000 cristianos, y según la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), cada 5 minutos es asesinado un cristiano por causa de su fe.


Una vida llena de sentido

La palabra mártir significa testigo de un hecho, o de una verdad. En el Nuevo Testamento, esta expresión adquiere un matiz más profundo, ya que el testigo lo es también de la fe en esa Verdad que le ha sido revelada, testimoniándola si es necesario hasta con el derramamiento de su sangre. «Quien quiera guardar su vida la perderá , pero el que  pierda su vida por Mí, la encontrará» (Lc 9, 24; Mt 16, 25; Mc 8, 35).

Muchos hombres viven acorde a alguna ideología, o según los paradigmas de ciertas filosofías, los hay que son admiradores de ciertos artistas,  pensadores, políticos, deportistas… pero ninguno o casi ninguno estaría dispuesto a dar la vida por estos aspectos o personas a las que siguen. Es que, en realidad, nada de eso da sentido a su vida, simplemente la complementan. Sin embargo, el verdadero cristiano tiene la gracia inmensa de poder decir que vive por Alguien y para Alguien que da pleno sentido a su vida y, con tal intensidad, que estaría dispuesto a testimoniar —incluso con la entrega de su propia vida— que la fe en Jesucristo es el mayor de los tesoros. El martirio es el acto más perfecto de la caridad, porque la defensa de esta fe es guiada por el supremo amor que se tiene a Jesús.

 

¿No tienes vocación de mártir?

Escuchar en la actualidad de labios de un cristiano expresiones como: «No tengo vocación de mártir», denotan la falta de conocimiento de lo que es en realidad la esencia del cristianismo. No es que la gente de los primeros siglos estuviesen hechos de una pasta diferente, o que tuviesen una voluntad férrea capaz de enfrentar cualquier dificultad. El quid de la cuestión está en que ellos entendían qué es ser cristiano y las consecuencias de esto, y muchos cristianos actuales no. Parecen haber olvidado que Jesús anunció la persecución a los cristianos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me odió antes que a vosotros… Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15, 18-21). Por lo tanto, no debemos esperar un falso irenismo con respecto del mundo, ni buscar conciliaciones a costa de la traición a nuestro propio ser. No se trata de masoquismo, se trata de fidelidad a Jesucristo. La apostasía manifiesta o camuflada es el gran mal de nuestros días. La renuncia al martirio de cada día produce tristeza, vacío, sinsentido, y finalmente traición, abandono. Por el contrario, el que vive en clave martirial, goza de los aspectos propios de la vida del mártir que son:


Algunos  distintivos de los mártires

Según las actas y los testimonios encontrados sobre los mártires, hay una serie de rasgos comunes que se viven no solo en el acto de entrega supremo, sino también en la vida cotidiana. Estos rasgos son:
•    Alegría. Lo vemos en la Escritura. Cuando a los apóstoles les pegaban por predicar a Jesús muerto y resucitado, ellos salían alegres de haber sido considerados dignos de sufrir algo por Cristo. Los primeros cristianos morían alegres en el circo cantando aleluyas en medio de las fieras y los tormentos a los que se veían sometidos.   

    Victoria de Cristo. El martirio es una nueva victoria de Jesús en la vida de sus mártires. Él es quien da la fuerza  para vivir y morir de ese modo. Jesús, en sus mártires, prolonga su victoria sobre los tres enemigos del alma.   

•    Derrota del Diablo. La lucha no es contra los hombres, sino contra el poder de las tinieblas. Sta. Perpetua, en la cárcel, tuvo una visión y decía: «Entendí que mi combate no había de ser tanto contra las fieras sino contra el Diablo».

•    Preparación para el combate. El martirio no se improvisa. El cristiano se prepara para el combate final mediante la lucha diaria a la que se prepara con la Eucaristía, la  oración, el crecimiento en las virtudes, el ayuno…

•    Esperanza de la resurrección. La fe en la resurrección es clara en los mártires que  dan testimonio de que no mueren para siempre, pues les espera la vida eterna.

•    Fortaleza. Es una de las virtudes cardinales y uno de los dones del Espíritu Santo que más patentes se hacen en la vida de los mártires.

•    Agradecimiento. El mártir agradece a Dios el don de poder expresar su amor por Él  hasta el extremo aceptando los sufrimientos y tormentos que le esperan.


Para que pienses:

- ¿Por qué en la actualidad se ve en muchas personas y ambientes eclesiales una evitación sistemática del martirio? ¿Cuáles son las causas?

- ¿Conoces a alguien que haya muerto mártir en nuestros días?

- ¿Estarías dispuesto a dar la vida por defender tu fe?

- ¿De qué modo se persigue actualmente a los cristianos? ¿Tú estás siendo perseguido?

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Oración para pedir la fe, de Pablo VI

  • Publicado en Orando

para pedir fe Pablo IV
Introducción:

“La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo” (Lumen Fidei 4). Pero la fe es también un acto auténticamente humano, por el que depositamos nuestra confianza en Dios y nos adherimos a las verdades por Él reveladas. Debemos pedir al Señor que sostenga y fortalezca nuestra fe. Debemos darle al Señor el consuelo de expresar una y otra vez nuestra fe en Él. Para ayudarnos en esta tarea tan importante para nuestro crecimiento espiritual, la Fundación EUK Mamie-HM Televisión, te ofrece esta Oración para pedir la fe, compuesta por el Beato Pablo VI y pronunciada en la Audiencia general del 30 de octubre de 1968. Como conclusión lógica a esta oración pidiendo la fe, les proponemos un breve vídeo con el que unirse al acto de fe del Credo apostólico.


Oración para pedir la fe (del Beato Pablo VI)

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti. Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.

Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia. Amén.

Terminamos nuestra súplica recitando el Credo Apostólico, pidiendo al Señor que fortalezca nuestra fe:

-Hna. Beatriz Liaño, SHM

 

Oración para pedir la fe pdf

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Una imagen misteriosa

Reflexionando sindone

«Marcando el Norte» pone a tu disposición un interesante bloque de programas sobre la Sábana Santa. El Presidente del Centro Español de Sindonología, D. Jorge Manuel Rodríguez Almenar, ofrece un detallado estudio sobre este lienzo, considerado por muchos cristianos como la sábana que envolvió el cuerpo de Jesús después de su muerte, y en la que han quedado impresas las marcas de su Pasión.


La Resurrección es una verdad de fe contenida en el Credo que profesamos. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 651 , haciendo alusión al texto de San Pablo a los Corintios: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1 Cor 15,14), nos enseña que la Resurrección de Cristo constituye la confirmación de que todo lo que Jesús enseñó e hizo es verdadero, es de origen divino. Si Jesús no hubiese resucitado, todo habría quedado en nada. Su resurrección es garantía de su divinidad, y también primicia de nuestra propia resurrección: «Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron. Del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo» (1 Cor 15, 20-22).


La resurrección es el motor de nuestra esperanza. Desgraciadamente, en la actualidad, podemos decir que la desesperación es la tónica predominante en un gran sector de la humanidad. ¿Por qué? Porque las  tendencias ideológicas de esta época, y las actuaciones de ciertos sectores de poder, están encaminadas a arrancar de los corazones la esperanza del Cielo, de una Vida Eterna, de la Resurrección. El hombre mundano ya no espera nada, vive consumido por la tristeza de la nihilidad, por el sinsentido del sufrimiento, por la negrura de una muerte que pone el punto final. Pero el cristianismo con su fe en la resurrección, tiene la  potencia para transformar toda esta situación, para llenar el mundo de alegría, para revelarle al hombre la grandeza de su destino.


¿Y por qué creemos en la Resurrección? Porque creemos en el Resucitado. Él mismo habló de su muerte y de su Resurrección. Y los apóstoles, al igual que nosotros, no terminaban de creer. Pero hubo  un suceso que a S. Juan le hizo creer en las palabras de Jesús. Él mismo da testimonio de esto. En Juan 20, 5-9 se nos narra que Pedro y Juan, al oír el relato de las mujeres, fueron corriendo al sepulcro. Al entrar, vieron que las vendas estaban por un lado, la Sábana plegada sobre sí misma, y junto a esta el paño que sirvió como sudario. Lo más impresionante es lo que viene después: «Vio como estaban las cosas, y creyó». Descubrió en aquello algo insólito, algo que constituyó para él la prueba de que Cristo había resucitado. Y no sólo porque el sepulcro estaba vacío, sino que la clave está en aquellos lienzos. Si alguien hubiese desenvuelto el cadáver de Jesús, la sábana y el sudario seguramente no hubiesen tenido aquella posición. Por otro lado, ¿quién va a querer llevarse el cadáver sin la mortaja?


Hay quienes afirman, y no resulta una idea descabellada, que Jesús salió de aquella sábana espiritualizando su cuerpo, y resucitando después. Pero no se entiende por espiritualización la transformación del cuerpo en espíritu, sino la adquisición por parte de este de cualidades propias del espíritu, como es la sutilidad, es decir, la capacidad de atravesar por un instante un cuerpo sólido, como pasó cuando Jesús resucitado se apareció a los discípulos «estando las puertas cerradas».


La Resurrección de Jesús fue una resurrección del hombre completo, cuerpo y alma volvieron a unirse. Por esta victoria sobre la muerte, el Señor no sufrió ni la corrupción ni la caducidad y, a partir de ese instante, se hizo incorruptible e inmortal. Su cuerpo fue glorificado, en el estado en que es glorificado un cuerpo en el Cielo. Y San Pablo afirma que esto también nos pasará a nosotros, ya que: «La vida absorberá lo que hay de mortalidad en nosotros» (2 Cor 5,4).

-Hna. Estela Morales, SHM


Para que pienses:

      - ¿Los cristianos creen en la reencarnación? ¿Qué diferencia existe entre esta y la resurrección?


      - ¿Dónde fundamentas tu fe en la resurrección?


      - ¿Qué diferencia hay entre la resurrección de personajes como Lázaro, o la hija de Jairo, y la Resurrección de Jesús?


     - ¿Piensas que los que son incinerados después de morir, también resucitarán con su cuerpo?


    - ¿Qué ideologías conoces que sean contrarias a la resurrección?


    - Comenta algún pasaje donde Jesús afirme  que existe la resurrección.

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La fe, la oración y la Eucaristía esenciales en este hogar para superar adicciones

En la diócesis de Rafaela en Argentina existe un hogar de rehabilitación de adicciones llamado Hijo Pródigo, cuyo método de trabajo ha ayudado a una gran cantidad de personas.
Oración, fe en Dios, afecto y formación son los componentes esenciales de la metodología liderada por el sacerdote diocesano y asesor espiritual, P. Alcides Suppo.

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