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El programa Cambio de Agujas de la Fundación EUK Mamie-HM Televisión cuenta con el testimonio de un sacerdote, el P. Roque Jiménez, de 39 años. No es la primera vez que Cristina Casado entrevista a un sacerdote, la diferencia es que, en el P. Roque, la conversión más importante no fue la que tuvo antes de entrar al seminario y que le condujo al descubrimiento de su vocación, sino que el verdadero «Cambio de Agujas» lo vivió cuando llevaba ya casi diez años ordenado sacerdote.

Don Roque era un joven sacerdote que vestía con vaqueros y camisetas, tatuado, el pelo arreglado y con mechas, jamás se sentaba en el confesionario, solía llegar tarde a misa… ¿Qué le hizo cambiar?


El P. Roque Jiménez tiene 39 años y nació en Villena, un pueblo de la provincia de Alicante (España). Recuerdos «religiosos» de su infancia solo tiene el de una monjita de la guardería. La catequesis, entre que le estropeaba el sábado y que solo hacían «dibujitos», tampoco le aportó mucha formación religiosa. Fue por primera vez a misa para su Primera Comunión, y no volvió en años… Un perfil al que podrían unirse tantos de nuestros niños y adolescentes de hoy. Sabía que tenía que haber algo más en esta vida, algo que realmente le llenara… pero no lo encontraba, y se conformó con «vivir cada día. ¡Nada más!»

Pero un día, Roque tenía ya dieciséis años, descubrió que había en el pueblo un cura nuevo, joven y tímido… A Roque le cambió la vida el momento en el que el sacerdote tomó la tiza y comenzó a escribir una sencilla frase en la pizarra: «Estábamos en el instituto y vino un día un sacerdote que había llegado nuevo al pueblo. El pobre era súper tímido pero era un cura… ¡vamos! ¡Como la copa de un pino! Llegó, y el hombre dijo: «Bueno, pues yo voy a poner una frase en la pizarra». Imagínate, a veces te lo curras un montón para hacer cien mil dinámicas y, de repente, coge una tiza y pone una frase que dice: “Yo soy aquel a quien tanto ama Jesús”. Fue como un flash para mí. “Aquel a quien tanto ama Jesús”. Y ahí fue cuando él nos invito a la parroquia, y empezó toda la aventura».resu don roque2

La respuesta de los jóvenes del pueblo a este curita joven y tímido fue arrolladora: «Nos apuntamos unos ochenta y tantos al grupo de confirmación de la parroquia y creamos un centro juvenil. Nos llevábamos la guitarra, cantábamos... Este sacerdote era muy piadoso y nos enseñó a confesarnos, cosa que yo no tenía ni idea. Recuerdo vagamente que para mi Primera Comunión me confesé. Nos poníamos en fila y el sacerdote estaba detrás de unas columnas y nos confesaba... Pero habían pasado años y años, y yo no sabía ni lo que era confesarme. Y ahí empezamos con él la catequesis, comenzamos un montón de cosas. ¡Era muy, muy, muy, interesante!»

El joven sacerdote, supo guiar a estos jóvenes para que llegaran a descubrir el amor que Jesucristo les tenía. Ese fue el secreto que transformó el corazón de Roque: «Yo no tenía ninguna formación, nada de nada, pero ese saber que alguien me amaba profundamente, y que me amaba sin condiciones. Quizá, por mi propia historia, por mi vida… Porque a veces parece como que te quieren, pero con condiciones. Pero alguien que me amaba profundamente… Y también el hecho de compartir con otros jóvenes. Tú vas a una parroquia y encuentras chicos y chicas. A veces, aunque solo sea por el interés de que van las chicas, tú vas a la parroquia ¿verdad? Pero entre una cosa y otra, el cura supo hacer que nos encontráramos con Dios. Al principio como un grupo de amigos, y luego la experiencia de Alguien que te ama profundamente. Y ahí comenzó toda mi vida ya con el Señor».

Apenas comenzando ese camino, Roque comienza a plantearse el tema de la vocación: «Un día digo: “¡Ah! pues, ¿y por qué el Señor no me va a llamar a mí?” Y empecé a pensar: “¿Y si el Señor me llama?” Y entonces entré en una capilla. Había ido a ver a mi abuelo, que estaba enfermo y estaba en el hospital. Cogí una estampa que había por ahí que ponía: “Pídase la gracia que se desea obtener”. Era la estampa de una sierva de Dios, que creo que no está ni beatificada, pero que le debo mucho también. Y dije: “Yo quiero tener vocación”. Yo había escuchado la palabra vocación, y lo primero que se me ocurrió pedir fue la vocación. Pues nada, dicho y hecho: ¡vocación! Y claro, y la vocación ¿a dónde? Y le empecé a decir a mi cura: “Yo, me gustaría ser moje”. Luego, a los cinco minutos, decía: “Seré misionero”. Un poco como Santa Teresita, que ella quería serlo todo en la Iglesia, ¿no? Hasta que un día dije: “Voy a entrar al seminario”. Y se lo dije al cura, que ya era otro cura distinto, le dije: “Quiero entrar al seminario”. Y entré al seminario. Pero así, a la aventura. Como no me decidía por nada, ni por una Orden ni  por otra, dije: “Pues nada, diocesano”. Y mientras estudie allí, ya pensare dónde me llama Dios”».

entró con 18 años en el seminario, pero no se sentía en su lugar para nada: «Cuanto más tiempo pasaba, más decía yo: “¡Es que no estoy en el lugar correcto! ¡No estoy en el lugar correcto! ¡No estoy en el lugar correcto!” Y nada, no me convencía. Quizás porque la imagen que yo tenía de sacerdote era más bien la vida religiosa, los frailes con el hábito, los monjes, aquellos misioneros, la vida contemplativa... Y claro, al entrar en un seminario donde éramos noventa y ocho, en Orihuela, luego estaba aparte Alicante, que eran treinta o cuarenta. Y entonces, imagínate noventa y ocho hormonas con patas ahí metidas. Bueno, era increíble. Yo decía: “Madre mía, pero ¿dónde me he metido yo?”. No es que yo fuese ahí vamos santo Dominguito Savio, ¿no? Pero, bueno, al final te metes y eres uno más. Pero no, aquello no me gustaba».

Con toda esa revolución de sentimientos en el corazón, Roque se acercó un día a la playa. Sentado sobre una roca, tuvo una experiencia decisiva: «Estaba sentado en las rocas y... ¿Cómo explicarlo para que nadie se haga una imagen rara? Sentí en el corazón que el Señor me decía: “Serás sacerdote diocesano para siempre, y todo lo que no sea ser sacerdote secular diocesano, no vendrá de Mí”. Y entonces, yo dije: “Pues que sepas que lo acepto porque viene de Ti, pero que no me gusta”. ¡Y no me gusto! Y tardó muchos años en gustarme, incluso después de haber sido ordenado».

resu don roque3El periodo del seminario fue muy duro, porque experimentaba que la única opción era conformarse con una vida mediocre. Pero esa decisión destrozaba el corazón de Roque. Ya sacerdote, todo comenzó a cambiar con la secularización de otro sacerdote: «Me destinaron a una parroquia de vicario parroquial. Estuve tres años allí. Pero, a los tres años, mi compañero, uno de los compañeros del pueblo, se seculariza. Y el obispo me pide: “Bueno, como la gente del pueblo se lleva muy bien contigo y has conectado muy bien con la gente del pueblo, la mejor solución es que te bajes a la parroquia y que te hagas cargo de ella”. Y con veintiocho años me nombraron párroco de una parroquia de 7000 habitantes. Y tuve que ir allí y allí estuve siete años de párroco. Ahí es donde sucedió mi cambio de agujas».

Humanamente hablando, era una locura darle una responsabilidad tan grande a un joven sacerdote de tan solo veintiocho años. Sobre todo cuando, como le pasaba a don Roque, el sacerdote tiene conciencia de no estar siendo un buen sacerdote: «Sabía que yo no estaba viviendo mi sacerdocio como tenía que vivirlo. ¡Imagínate! ¡Ni vestía de sacerdote! Incluso, a veces, me había hecho unas mechas en el pelo, otra vez me hice incluso un tatuaje. A veces llegaba tarde a Misa. Nunca me sentaba a confesar. No sé, era hacer de todo menos lo que ser propiamente un sacerdote. Y así aproximadamente durante ocho o nueve años».

Dios se valió de un instrumento providencial para tocar el corazón de don Roque: «No voy a dar muchos detalles de la persona que puso Dios en mi camino, pero bueno, conocí a una persona y le dije: “Te tienes que confesar”. Había llevado una vida bastante difícil y bastante ambigua en muchos sentidos. Se confesó. Eso había sido casi al principio de mi ministerio sacerdotal. Cuando yo llevaba ya en la parroquia cinco o seis años, entonces él apareció y me dijo: “¿Te acuerdas de aquella confesión? Pues vengo a devolverte el favor. No te veo bien, lo siento, pero no veo que estés viviendo el sacerdocio como tienes que vivirlo. Roque, algo te pasa. Vas mal, por donde vas, vas muy mal. La gente ya se ha dado cuenta por donde vas, vas mal”. Me propuso tomarme un café pero ¿el café dónde iba a ser? Pues en un centro del Opus Dei. Bueno, tal vez por prejuicios o por historias, lo que menos piensa un cura que va con vaqueros, camiseta, un tatuaje y demás, es acabar en un centro del Opus Dei».

En el Centro del Opus Dei fue recibido con los brazos abiertos por un sacerdote mayor que le abrazó mientras le decía: «¡Hombre, Roque, qué alegría!»: «De repente, caí de rodillas, me confesé, creo que hice una buena confesión. Y ahí pues ¡imagínate!, realmente fue lo de “sueña y te quedarás corto”. Toda mi vida comenzó a cambiar radicalmente».

resu don roque4Al poco, su obispo le propuso ir a estudiar a Roma. El seminario necesitaba un profesor de Teología espiritual. Y allí llegó don Roque, que de ser el párroco y responsable de todo en la parroquia, se volvía a sentar en un pupitre para comenzar aprendiendo italiano como si volviera a su primer día de cole. Fue un tiempo trascendental: «En el tiempo de Roma pedí la admisión como agregado del Opus Dei». Don Roque no sabía ni a qué se comprometía, pero sabía que si San Josemaría había estado metido en su Cambio de Agujas, se tenía que fiar de él.

De regreso a Alicante, el cambio era evidente: Don Roque comenzó a vestir de sacerdote; creció su amor por la Eucaristía, que se manifestaba en su forma de celebrar; se sentaba en el confesionario y pasaba largos ratos de oración ante el Santísimo, rezaba la Liturgia de las Horas: «Cuando volví de Roma, el obispo me nombró párroco de San Juan de Alicante. Es una ciudad de 26.000 habitantes. Y me encomendó que diese clases de Teología espiritual y el Secretariado de Pastoral de la Salud. Junto con eso, tengo un canal de youtube que se llama Master Church donde, cocinando, hacemos entrevistas a la gente. Tenemos un proyecto que se llama Proyecto Etcétera, trabajo también para Radio María… Es algo que, de verdad, jamás me lo hubiera imaginado. Antes, para hacer dos cosas, era imposible llegar. Y ahora, de repente, mi vida con oración, con piedad, con formación, con dirección espiritual, pudiese llegar a tanto, tanto, tanto. O sea, fue lo de “sueña y te quedarás corto”».

Don Roque es profesor de Teología espiritual pero lo tiene muy claro, una cosa es estudiar Teología espiritual y otra cosa es tener experiencia del misterio: «Si no tienes experiencia del Misterio, si no tienes experiencia de Dios no sirve de nada, es que no sirve de nada. En cambio, cuando tienes experiencia de Dios, te fascina».

Damos gracias a Dios por el Cambio de Agujas de don Roque.

Publicado en Conversiones

En su primer encuentro con los medios de comunicación, el nuevo prelado del Opus Dei, ha manifestado que las prioridades misioneras de la familia espiritual de seguidores de san Josemaría Escrivá serán los jóvenes, la familia, los pobres, los enfermos y la unidad de los cristianos.

Publicado en Noticias

El Papa Francisco nombró este 23 de enero como nuevo Prelado del Opus Dei a Mons. Fernando Ocáriz Braña, confirmando la elección realizada por el tercer congreso electivo de la Prelatura.
Mons. Ocáriz era hasta hoy el Vicario Auxiliar del Opus Dei.

 

Publicado en Noticias
Jueves, 17 Enero 2013 01:00

Testigos del dolor - Alexia González-Barrós

Alexia González Barrós nació en Madrid el 7 de marzo de 1971. Con 13 años se le declaró un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo. Aceptó plenamente su dolorosa enfermedad desde el primer momento, ofreciendo el intenso sufrimiento y las numerosas limitaciones físicas que padecía por la Iglesia, por el Papa y por los demás. Falleció en Pamplona, rodeaba del cariño de su familia, en medio de una gran paz espiritual, el 5 de diciembre de 1985, a los 14 años. Sus últimas palabras fueron: "Más" y "Sí".

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Publicado en Testigos del dolor
Domingo, 02 Septiembre 2007 02:00

San Josemaría Escrivá

El Fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, nace en 1902 en Barbastro. En 1925 recibe el sacramento del Orden y comienza a desarrollar su ministerio pastoral. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, durante un retiro espiritual, Dios enciende en su alma la luz largamente esperada: ese día queda fundado el Opus Dei. Su finalidad específica es recordar a todos los bautizados que la vocación cristiana es vocación a la santidad y al apostolado, y promover entre hombres y mujeres de todos los ámbitos de la sociedad un compromiso personal de seguimiento de Cristo, de amor a la Iglesia y de búsqueda de la santidad en la vida cotidiana. Fallece en Roma el 26 de junio de 1975.

Para adquirir programa completo, visita: http://www.eukmamie.org/es/catalogo/dvd/series/destellos/1239-escriva#adquirir

 

Publicado en Destellos de luz
 

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