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Jueves, 29 Agosto 2019 11:00

El sacerdote: entre Dios y los hombres

«El sacerdote es un hombre al que Dios ha elegido para ser en la Iglesia Cristo mismo ». D. Alberto Morante, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España) nos recuerda que la misión del sacerdote no es otra que la de Cristo que, con su vida de fidelidad y obediencia, invitaba al mundo a la conversión para que pudieran alcanzar la misericordia y el perdón de Dios.

Publicado en D. Alberto Morante
Jueves, 11 Mayo 2017 17:12

Cura, ¿Tú curas?

reflex cura tu curas

EUK Mamie te presenta unas capsulas sobre «El sacerdote» que no te puedes perder. Las preguntas que todos nos hacemos, y muchas más, son respondidas de manera breve y amena por un entendido en el tema. Sus argumentos te sorprenderán, te engancharán y —por qué no decirlo—, te animarán a hacerte la siguiente pregunta: ¿Y Dios puede llamarme a mí?

Más de los que piensas

Te diré que, si eres cristiano(a), Dios te llamó a ser sacerdote desde el Bautismo. Todo el pueblo cristiano es sacerdotal. Todos participamos del sacerdocio común de los fieles, por nuestra unión a Cristo. San Pedro decía en su primera carta: “También vosotros, cual piedras vivas, entráis en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por mediación de Jesucristo”(1Pe 2,4-5). En este párrafo, san Pedro pone de manifiesto que el sacerdocio bautismal se ejerce con la ofrenda de sacrificios espirituales. Y esta participación del sacerdocio de Cristo no es individual, aunque sea personal —eso sí—. Pero soy sacerdote en la Iglesia y con la Iglesia. Por eso, san Pedro llama a la primera comunidad de creyentes “organismo sacerdotal” y, por eso, el sacerdocio —que es un don de Dios— no es algo que deba ser menospreciado.

Ahora bien, de entre estos llamados a ejercer su sacerdocio bautismal, el Señor escoge a algunos para que se pongan al servicio de hacer fructificar en los fieles esta dimensión sacerdotal, difícil de vivir sin el auxilio de la gracia que se nos transmite especialmente a través de los Sacramentos que el Sacerdote Ministro confecciona.


¿Ser cura es una profesión? ¿O son parásitos de la sociedad?

Ni una cosa ni la otra. Los enemigos de la Iglesia trabajan duro para arrancar a los sacerdotes su propia identidad, convenciéndoles de que tendrían más éxito si se transformasen en una especie de «trabajadores sociales», «animadores socioculturales» o «guías de la comunidad». Ceder a esto sería frustrar su ser sacerdotal.

Ser sacerdote no es una profesión: es una configuración con Cristo sacerdote y, por tanto, el sacerdote lo es veinticuatro horas al día, todos los días, y para toda la eternidad. Ser sacerdote es ser otro Cristo, como tú y como yo, pero ellos además son otro Cristo en su labor pastoral. Son configurados y participan más plenamente del sacerdocio de Cristo para dar la vida a las almas, alimentarlas y conducirlas para que puedan llegar a la santidad ejerciendo su propio sacerdocio.

La recepción del sacramento del Orden Sacerdotal imprime en ellos una especial configuración (carácter indeleble), que distingue esencialmente a quien lo recibe del resto de los fieles, capacitándole también para funciones especiales. Son configurados y participan más plenamente del sacerdocio de Cristo para dar la vida a las almas, alimentarlas y conducirlas, para que puedan llegar a la santidad ejerciendo su propio sacerdocio. Lo propio de los sacerdotes es celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, predicar la Palabra divina, administrar los sacramentos, y guiar a los hombres en orden a conseguir la salvación eterna. 

¿Y cómo puedo saber si Dios me llama a esto?

Si eres chica, está claro que no te llama a ser sacerdote ministro. Se acusa a Jesús y a la Iglesia de ser machista, pero pensar así es ridículo, del mismo modo que lo es el manifestar que Jesús no eligió a mujeres para ejercer el ministerio sacerdotal porque estaba condicionado por las costumbres sociales y religiosas de su pueblo. Decir esto es desconocer el Evangelio. Si fuese así, nunca hubiese tenido problemas con los fariseos debido a su modo de practicar el sábado.

Lo que está claro es que el sacerdocio es un don de Dios, y Él mismo ha establecido su naturaleza y sus características. Jesús no eligió a ninguna mujer para esta misión. Ni siquiera a su Madre, que era la persona más digna. Pero no es cuestión de dignidad. Si fuese así, Dios solo llamaría a los mejores y a los que menos pecan, pero no es así.

-Hna. Estela Morales, SHM

Para que pienses:

-    ¿Cuáles son los medios para saber si se tiene  vocación sacerdotal?


-    ¿Qué haces cuando alguien habla mal de un sacerdote delante de ti?


-    ¿Piensas que podemos prescindir de los sacerdotes?


-    ¿Qué le dirías a una mujer que se empeña en ser ordenada sacerdote?

Publicado en Formación
 

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