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Jueves, 27 Diciembre 2018 11:00

El sacerdote: don de Dios

El sacerdocio es un sacramento porque fue instituido como tal por Jesucrito. D. Javier Ortega —Pro-vicario General de la Diócesis de Alcalá de Henares— nos habla sobre la intimidad que el Señor quiere tener con el sacerdote. Cristo quiere hacerse uno con el sacerdote. Jesús los envía como pastores de su Iglesia, para hacer lo que Él hace, para ser «otros Cristos» en la tierra.

Publicado en Don Javier Ortega
Jueves, 25 Mayo 2017 18:13

Sin una Madre… ¡Imposible!

refle maria

El «Proyecto Despierta» presenta un especial, un clip de apenas siete minutos, que encogerá tu estómago y abrirá tu corazón a la realidad de tantos hermanos perseguidos por causa de su fe. Frente a tanta indiferencia, hay alguien que constantemente vela por estos cristianos en tierras de persecución: “María y la Iglesia perseguida” es el título de este impactante clip que pone de relieve el papel de la Virgen, en historias dramáticas que se llenan de luz gracias a su presencia materna.

 

¿Sin importancia?

El papel de la Virgen María es esencial en la historia de la salvación. Dios podía haber realizado su plan de salvación de múltiples maneras, pero lo cierto es que quiso escoger a la Virgen para llevarlo a cabo.

En este sentido, su papel es mucho más trascendente que el de cualquier santo. Un santo puede tener un influjo mayor o menor en la Iglesia, pero le podemos tener devoción o no, ser partícipes de su espiritualidad o no, y no pasa nada. Pero el puesto y la misión de la Virgen en el plan de salvación es de índole distinto: toca su misma esencia, es una de sus «líneas maestras», pertenece a su estructura fundamental. Por eso, despreciar a la Virgen o minusvalorar su  presencia en este proyecto de salvación, supone rechazar el modo en el que Dios hace las cosas.
No podemos ser verdaderamente cristianos sin tener una auténtica devoción por la Virgen María, y así lo quiere Jesús. En el Evangelio de San Juan, en el momento en que nos la da como madre, no usa el nombre de Juan, sino el término «Hijo», para que entendamos que no es meramente una entrega personal, a alguien concreto, sino que es un regalo para todo aquel que, en el transcurso de los tiempos, será discípulo de Cristo (Jn. 19, 26-27).

¿No es María Madre de Cristo? Pues también es Madre Nuestra. Si es madre de la Cabeza del Cuerpo tiene que ser también Madre de los miembros de ese Cuerpo.

 

Espiritualidad Mariana

Entendemos por «espiritualidad» el conjunto de factores que intervienen en la vida espiritual y que determinan su desarrollo en el ámbito ascético y en el místico.

La espiritualidad no es otra cosa que la misma vida cristiana vivida en el amor de Dios, por Cristo y en Cristo. Algo imposible de realizar en plenitud sin la intervención de la Virgen en nuestro desarrollo. La Virgen tiene un papel que realizar y un puesto que ocupar en nuestro proceso de crecimiento sobrenatural. Por eso, la espiritualidad mariana no es propia de un solo  grupo, o de una escuela de la Iglesia, sino que debe ser propia de todo cristiano.

María interviene en el desarrollo de nuestra  vida espiritual desde su ejemplaridad y desde su influjo:

A)    Ejemplaridad: Su vida íntima y las expresiones externas de esta, se constituyen en modelo y ejemplo para la nuestra.

- María es modelo de consagración. La Virgen cuida de las cosas de Dios, y vive consagrada en cuerpo y espíritu al Señor. De ahí brota su estrecha unión con Él. Su consagración es un servicio total a Dios que Ella expresa con la fórmula «esclava del Señor», y que es icono de la actitud íntima de Jesús, el Siervo de Yahvé.

La total consagración de María al Señor hace de su vida un sí perpetuo a la voluntad de Dios y a  su amor. Un sí que nunca se ha retirado.

- Ella también nos enseña a acoger y guardar la Palabra del Señor. La guarda en su corazón para ponerla en práctica.

- María tiene una actitud contemplativa y reflexiva que la condujo a penetrar y adentrarse en el plan redentor del Señor.

- Todo esto nos conduce a comprobar que su actitud fundamental es la de la fe. María caminó siempre por el camino de la fe, con las oscuridades y dificultades propias de este camino. La fe tiene en la vida espiritual la misión de ser el fundamento y la raíz. Sobre este fundamento se edifica nuestra santidad y, en la medida en que esta va creciendo, se va desarrollando nuestra santidad. María, por su fe, tuvo en el desarrollo de sus virtudes y de su unión con Dios una altura y profundidad que no llegamos a abarcar.

- La vida entera de María fue vivida en gracia, una gracia que llegó a su plenitud por una docilidad  sin vacilaciones a la acción del Espíritu Santo.

Estos son los rasgos que caracterizan la vida de Nuestra Madre y que deben reproducirse en nosotros. Es Ella el modelo de la vida espiritual, es Ella el ideal de esa vida.

B)    Influjo: El influjo de María en nuestra vida espiritual, según el plan de Dios, tanto a nivel universal como personal, es un influjo materno. Considerando al género humano, la maternidad espiritual de María significa que la vida de la gracia —la vida cristiana, espiritual— está causada por Jesús junto con María.

Teniendo en cuenta a cada uno de los hombres, la maternidad espiritual de María influye con una acción maternal suya que consiste en interceder para que Dios nos conceda las gracias actuales, sin las que la vida divina ni se pone en acción, ni se desarrolla en nuestra alma. Ella cuida con solicitud maternal a cada uno para que  los peligros no le alejen de conseguir la vida eterna. La intervención de María en nuestra vida espiritual comienza desde el bautismo, en el que nos hacemos hijos de Dios, e hijos de María por nuestra unión con Cristo, nuestro hermano mayor, Hijo de Dios e hijo de María.

Para que pienses:

- ¿Qué características crees que debe tener una auténtica devoción a la Virgen?

- ¿Has experimentado alguna vez la solicitud maternal de María por ti?

- ¿Conoces alguna advocación de la Virgen donde Ella se hay manifestado de manera especial como Madre?

- ¿Qué virtudes de la Virgen te cuesta más imitar y por qué?

- ¿Qué santos conoces  que hayan tenido una predilección especial por la Virgen? ¿En qué rasgo de Ella han profundizado más?


Publicado en Cristianos perseguidos
Miércoles, 30 Noviembre 2016 11:00

En portada: Gracia y enfermedad

D. Francisco Javier Arias, delegado de Pastoral de la Salud de la diócesis de Getafe, nos cuenta cómo él ha presenciado que, en la enfermedad vivida junto al Señor, el sufrimiento se convierte en gracia.

Publicado en En portada
Miércoles, 05 Junio 2013 02:00

Signos eficaces de la gracia

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, números 224-226

Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina. Son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden y Matrimonio.

Los misterios de la vida de Cristo constituyen el fundamento de lo que ahora, por medio de los ministros de su Iglesia, el mismo Cristo dispensa en los sacramentos. «Lo que era visible en nuestro Salvador ha pasado a sus sacramentos» (San León Magno).

Cristo ha confiado los sacramentos a su Iglesia. Son «de la Iglesia» en un doble sentido: «de ella», en cuanto son acciones de la Iglesia, la cual es sacramento de la acción de Cristo; y «para ella», en el sentido de que edifican la Iglesia.

Miércoles, 05 Junio 2013 02:00

El carácter sacramental

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, número 227

El carácter sacramental es un sello espiritual, conferido por los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden. Constituye promesa y garantía de la protección divina. En virtud de este sello, el cristiano queda configurado a Cristo, participa de diversos modos en su sacerdocio y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos. Queda, por tanto, consagrado al culto divino y al servicio de la Iglesia. Puesto que el carácter es indeleble, los sacramentos que lo imprimen sólo pueden recibirse una vez en la vida.

Miércoles, 05 Junio 2013 02:00

La gracia sacramental

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, números 230-232

Para los creyentes en Cristo, los sacramentos, aunque no todos se den a cada uno de los fieles, son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor y la pertenencia a la Iglesia. El Espíritu Santo cura y transforma a quienes los reciben. La gracia sacramental es la gracia del Espíritu Santo, dada por Cristo y propia de cada sacramento. Esta gracia ayuda al fiel en su camino de santidad, y también a la Iglesia en su crecimiento de caridad y testimonio. En los sacramentos la Iglesia recibe ya un anticipo de la vida eterna, mientras vive «aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (Tt 2, 13).

 

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