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Mostrando artículos por etiqueta: Cielo

Viernes, 06 Julio 2018 17:00

La Lectio Divina 10/10

Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— termina este bloque de «Marcando el Norte» con una explicación de la Lectio Divina, es decir, de la lectura meditada y orada de la Palabra de Dios, con sus cinco pasos, basándose en la Exhortación Apostólica «Verbum Domini» del papa emérito Benedicto XVI.

Publicado en Historia de Jesús

Dña. Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— llega al final de su explicación de la «Historia de Jesús» con la consumación de la salvación en la Ascensión del Señor al Cielo. Su entrada en el Cielo no significa solo la gloria merecida por su humanidad santísima, sino que señala que nuestra humanidad también participa ya en Él de la gloria de la divinidad.

Publicado en Historia de Jesús
Lunes, 30 Octubre 2017 18:21

Oraciones en la hora de la muerte

buena merte

Introducción:

Cuando un alma está a punto de abandonar este mundo para encontrarse con el Señor, cuando a está a un paso de ver cara a cara el rostro de Dios, el demonio hace su último intento por llevarla a la desesperación y a la ruina. Podemos hacer tanto bien a los moribundos ayudándoles a rezar con breves jaculatorias. Y, sobre todo, recordándoles que —por la misericordia de Dios— el cielo nos espera y el Señor está deseando acogernos en él, con tal de que nos abandonemos con confianza en su amor, pidiendo perdón por nuestros pecados.

Este «Orando» de la Fundación EUK Mamie-HM Televisión nos ofrece una lista de jaculatorias adecuadas para ayudarnos en esos momentos cruciales. Las hemos llamado «Oraciones en la hora de la muerte». Y, junto a eso, les ofrece un breve video titulado «Sin miedo a la muerte». En él, don José Francisco Pradas, un celoso sacerdote español, nos habla de su apostolado junto a la cabecera de tantos moribundos, a los que habla sin miedo de la muerte, del cielo y de la misericordia del Señor.


Oraciones en la hora de la muerte

En vuestras manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Jesús mío, os encomiendo mi alma, que redimisteis con vuestra preciosísima Sangre.

Jesús mío, quiero morir profesando vuestra fe. Creo cuanto habéis revelado.

Jesús mío, mi amor, yo os amo, me pesa de haberos ofendido.

¡Oh mi Dios, se acerca el momento de veros y poseeros para siempre!

¡Oh, quién siempre os hubiera amado, quién nunca os hubiera ofendido!

¡Oh María, Madre de Dios y Madre mía! Rogad por mí ahora que me hallo en la hora de mi muerte.

Jesús mío, salvadme.

María, Madre mía, amparadme.

San José glorioso, asistidme.

Arcángel San Miguel, socorredme. Libradme de los enemigos.

Ángel santo, custodio mío, acompañadme a la presencia de Dios.

Ángeles todos, venid a mi socorro, que me hallo en necesidad de vosotros.

Santos y Santas, auxiliadme y alcanzadme una buena muerte. Amén.


El sacerdote: Sin miedo a la muerte

 

Oraciones en la hora de la muertepdf

Publicado en Orando
Jueves, 21 Septiembre 2017 11:00

El sacerdote: Sin miedo a la muerte

D. Francisco Pradas nos dice que su sacerdocio no puede entenderse sin el cielo. Un cristiano no debe tener miedo a hablar de la muerte y no debe olvidar que es Jesús quien nos espera en el cielo. Solo espera que le digamos que sí.

Publicado en Don Francisco Pradas
Viernes, 28 Abril 2017 19:25

Una imagen misteriosa

Reflexionando sindone

«Marcando el Norte» pone a tu disposición un interesante bloque de programas sobre la Sábana Santa. El Presidente del Centro Español de Sindonología, D. Jorge Manuel Rodríguez Almenar, ofrece un detallado estudio sobre este lienzo, considerado por muchos cristianos como la sábana que envolvió el cuerpo de Jesús después de su muerte, y en la que han quedado impresas las marcas de su Pasión.


La Resurrección es una verdad de fe contenida en el Credo que profesamos. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 651 , haciendo alusión al texto de San Pablo a los Corintios: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1 Cor 15,14), nos enseña que la Resurrección de Cristo constituye la confirmación de que todo lo que Jesús enseñó e hizo es verdadero, es de origen divino. Si Jesús no hubiese resucitado, todo habría quedado en nada. Su resurrección es garantía de su divinidad, y también primicia de nuestra propia resurrección: «Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron. Del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo» (1 Cor 15, 20-22).


La resurrección es el motor de nuestra esperanza. Desgraciadamente, en la actualidad, podemos decir que la desesperación es la tónica predominante en un gran sector de la humanidad. ¿Por qué? Porque las  tendencias ideológicas de esta época, y las actuaciones de ciertos sectores de poder, están encaminadas a arrancar de los corazones la esperanza del Cielo, de una Vida Eterna, de la Resurrección. El hombre mundano ya no espera nada, vive consumido por la tristeza de la nihilidad, por el sinsentido del sufrimiento, por la negrura de una muerte que pone el punto final. Pero el cristianismo con su fe en la resurrección, tiene la  potencia para transformar toda esta situación, para llenar el mundo de alegría, para revelarle al hombre la grandeza de su destino.


¿Y por qué creemos en la Resurrección? Porque creemos en el Resucitado. Él mismo habló de su muerte y de su Resurrección. Y los apóstoles, al igual que nosotros, no terminaban de creer. Pero hubo  un suceso que a S. Juan le hizo creer en las palabras de Jesús. Él mismo da testimonio de esto. En Juan 20, 5-9 se nos narra que Pedro y Juan, al oír el relato de las mujeres, fueron corriendo al sepulcro. Al entrar, vieron que las vendas estaban por un lado, la Sábana plegada sobre sí misma, y junto a esta el paño que sirvió como sudario. Lo más impresionante es lo que viene después: «Vio como estaban las cosas, y creyó». Descubrió en aquello algo insólito, algo que constituyó para él la prueba de que Cristo había resucitado. Y no sólo porque el sepulcro estaba vacío, sino que la clave está en aquellos lienzos. Si alguien hubiese desenvuelto el cadáver de Jesús, la sábana y el sudario seguramente no hubiesen tenido aquella posición. Por otro lado, ¿quién va a querer llevarse el cadáver sin la mortaja?


Hay quienes afirman, y no resulta una idea descabellada, que Jesús salió de aquella sábana espiritualizando su cuerpo, y resucitando después. Pero no se entiende por espiritualización la transformación del cuerpo en espíritu, sino la adquisición por parte de este de cualidades propias del espíritu, como es la sutilidad, es decir, la capacidad de atravesar por un instante un cuerpo sólido, como pasó cuando Jesús resucitado se apareció a los discípulos «estando las puertas cerradas».


La Resurrección de Jesús fue una resurrección del hombre completo, cuerpo y alma volvieron a unirse. Por esta victoria sobre la muerte, el Señor no sufrió ni la corrupción ni la caducidad y, a partir de ese instante, se hizo incorruptible e inmortal. Su cuerpo fue glorificado, en el estado en que es glorificado un cuerpo en el Cielo. Y San Pablo afirma que esto también nos pasará a nosotros, ya que: «La vida absorberá lo que hay de mortalidad en nosotros» (2 Cor 5,4).

-Hna. Estela Morales, SHM


Para que pienses:

      - ¿Los cristianos creen en la reencarnación? ¿Qué diferencia existe entre esta y la resurrección?


      - ¿Dónde fundamentas tu fe en la resurrección?


      - ¿Qué diferencia hay entre la resurrección de personajes como Lázaro, o la hija de Jairo, y la Resurrección de Jesús?


     - ¿Piensas que los que son incinerados después de morir, también resucitarán con su cuerpo?


    - ¿Qué ideologías conoces que sean contrarias a la resurrección?


    - Comenta algún pasaje donde Jesús afirme  que existe la resurrección.

Publicado en Formación
Jueves, 23 Febrero 2017 17:00

En clave de fe: Cielo, purgatorio, infierno

El P. Diego Muñoz, S.J., nos ayuda a meditar en el Cielo. Creer en Dios es hacer su voluntad para poder estar con Él para siempre. El purgatorio es también querer estar con Dios, pero con el tormento de poder aún.Dios no condena a nadie, la condenación al infierno es voluntaria.

Publicado en En clave de fe

¿Qué es el purgatorio? ¿Para qué sirve el purgatorio? ¿Qué es el cielo? ¿El cielo es un aburrimiento?
En este episodio de “Un solo Señor, una sola fe”, D. José Antonio Sayés, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, responde a preguntas sobre el purgatorio y el cielo.

Sábado, 17 Enero 2015 01:00

Evangelii Gaudium: La Ciudad Santa

La hna. Isabel nos habla hoy de las páginas de la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" que el Santo Padre dedica al tema de las ciudades. Él destaca como modelo la ciudad de la que se habla en el Evangelio: el Cielo, que es la Nueva Jerusalén, una nueva ciudad en la que se experimenta la alegría del banquete divino.

Publicado en Evangelii Gaudium
Miércoles, 05 Junio 2013 02:00

La vida eterna

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, números 207-209

La vida eterna es la que comienza inmediatamente después de la muerte. Esta vida no tendrá fin; será precedida para cada uno por un juicio particular por parte de Cristo, juez de vivos y muertos, y será ratificada en el juicio final.

Es el juicio de retribución inmediata, que, en el momento de la muerte, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien de la condenación eterna al infierno. Por cielo se entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación, son reunidos en torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia del cielo, donde ven a Dios «cara a cara» (1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con la Santísima Trinidad e interceden por nosotros.

«La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén).

Martes, 21 Mayo 2013 02:00

La resurrección de la carne

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica números 203-205

La expresión «resurrección de la carne» significa que el estado definitivo del hombre no será solamente el alma espiritual separada del cuerpo, sino que también nuestros cuerpos mortales un día volverán a tener vida. Así como Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, así también Él resucitará a todos en el último día, con un cuerpo incorruptible: «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29). Con la muerte, que es separación del alma y del cuerpo, éste cae en la corrupción, mientras el alma, que es inmortal, va al encuentro del juicio de Dios y espera volverse a unir al cuerpo, cuando éste resurja transformado en la segunda venida del Señor. Comprender cómo tendrá lugar la resurrección sobrepasa la posibilidad de nuestra imaginación y entendimiento.

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Último podcast

  • «Porque eres tibio y no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». En este último programa dedicado a «Apocalipsis: Las siete cartas», Beatriz Ozores Rey —licenciada en Ciencias Religiosas— nos habla de las cartas a las Iglesias de Filadelfia y Laodicea, las cuales son una verdadera llamada a salir de la autosuficiencia para poder acoger al Señor que nos dice: «Estoy a la puerta y llamo, al que me escucha entraré en su casa y cenaremos juntos». Con esta llamada, el Señor nos invita a entrar en el misterio de la redención otorgada por Él y con la que nos quiere dar la vida eterna.

     

     

 

 

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