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carathilo"Déjate encontrar"

"Déjate encontrar" es un CD de música que pretende despertar en los jóvenes el deseo de la de santidad y de la búsqueda de Dios.

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1.- Atado a la nada cascos



Quiero hallar esa verdad
que hace del hombre algo más
que el resto de los animales.

Quiero hablar hasta saciarme,
hasta hartarme de mi voz,
si con palabras la pudiera encontrar.

Quiero no bajar los brazos,
no dejar ya nunca más
de luchar por la respuesta.
Nos han atado a la nada
como sombras que se pasan,
pobres locos sobre un escenario...
Pero a la vez tenemos voz para cantar:
¡Dios, si existes, que yo te conozca!

No es fácil llegar a la Verdad,
pero aunque nos equivoquemos
en problemas, de altura y distancia,
tan sólo un pensamiento nuestro
vale más que todo el universo.

Quiero no bajar los brazos...

Explicación de la canción

Un joven no creyente, como muchos hoy, hizo algo fuera de lo común: en medio de una vida hundida en el vacío que brota de la superficialidad de buscarse a sí mismo -se llama Charles de Foucauld-, elevó a Dios la voz que liberó su vida: “¡Dios, si existes, que yo te conozca!” Sincero ante Dios, reconociendo incluso su falta de esperanza ante tal pensamiento (si existes...), no se detuvo. Contra sí mismo, contra su pasado y sus pasiones, consciente de que si Dios respondía, tendría que cambiar muchas cosas, buscó a Dios. Supo calcular el valor de lo que perdería: su nada y lo que ganaba. Dios, que no se deja ganar en generosidad, respondió a la sinceridad y humillación de aquel pequeño hombre con su gracia, la única capaz de colmar el corazón con bienes antes impensables para quien no le conoce.
Mirando hacia atrás, Charles lo recordará así: "Desde que me persuadí de que Dios existía, no he podido vivir sino para Él sólo".
Mereció la pena sufrir y Dios no le ahorró la cruz, como no se la ahorró Él mismo en la Redención. Aquel joven tuvo que mostrar su fidelidad a tan gran gracia, conocer la verdad sobre el hombre y su vocación de eternidad junto a Dios. Conoció su pecado como fuente de su situación anterior: el vacío. Y le restaba limpiar su alma de su vida pasada, con tanto mal como arrastraba en su interior, pero él se resistía a confesarse, no entendiendo del todo el plan de Dios, que tantas veces nos sobrepasa. Pero Dios, en su providencia, le movió a acercarse a un sacerdote casi sin saberlo, que, al verle, no le dijo más que estas palabras: “Póngase de rodillas y confiésese”. Charles lloró arrepentido su vida pasada y es hoy ejemplo de la correcta actitud ante la verdad y la incertidumbre de lo eterno; y de la misericordia de Dios, amante del humilde y sincero que se reconoce necesitado ante Él.

2.- Todos los ríos

Todas las cosas cansan y nadie las sabe explicar.
No se sacian los ojos de ver, ni se harta el oído de oír.
Lo que pasó, eso pasará, nada nuevo hay bajo el sol,
ya sucedió en otro tiempo antes.
Nadie se acuerda de los antiguos,
y lo mismo pasará con los que vengan

Todos los ríos caminan al mar
y el mar no se llena.
Llegados al lugar a donde van,
volverán a caminar.

¿Qué saca el hombre de las fatigas que lo hartan bajo el sol?
Una generación se va, otra generación vendrá,
mientras la tierra apenas tuvo tiempo de respirar.
Si se dice: “Mira, esto es nuevo”,
ya sucedió en otro tiempo antes.

Todos los ríos...

Explicación de la canción

"Nada nuevo hay bajo el sol". Creo hacer cosas nunca vistas, creo llegar el primero a las más grandes cimas del pensamiento; después leo un par de frases, tal vez del siglo XV o XVI, para descubrir que no he inventado nada. Esta canción tiene una letra escrita hace más de dos mil años, pero su actualidad sobrecoge. Recuerda lo pobre que es el hombre, siempre creyendo descubrir un sendero andado ya cientos de veces, y siempre ilusionado de su “capacidad excepcional”. El reino de los cielos es para los humildes y sencillos que no ponen su confianza en pequeñas ideas que no pueden salvar, sino en Dios, autor de la vida y de la capacidad del hombre. Él es el mar que jamás se llena. Y el hombre, en Él, lo puede todo, cuando por sí sólo, ya sabemos todos a dónde puede llegar.

3.- Sólo un hombre más

Nadie, nunca, desperdiciará
una lágrima por mí,
si acaso tal vez haga fiesta.
Sé cómo he de sobrevivir
en medio de esta jungla,
no pensar es mi mejor respuesta.

Yo no me enteré, no escuché nada,
lo siento, no lo vi.
No, no tengo nada que decir.

Yo nada sé, pues el azul del cielo
me ha negado siempre la certeza.

Lo eterno se me escapa y troncha mi seguridad;
mis planes se descuadran cuando pienso
que he de ver a Dios
y darle gracias tanto como tuve en esta vida;
y darle gracias por ser el guía en toda la visita
de sólo un hombre más sin nada nuevo que contar;
una cifra más sin nada nuevo que añadir;
sólo un voto más
para el que se preocupe de engañarme.

Solo y escondido en la ciudad, entre tantos,
canto el himno del silencio en soledad.
No sé qué hago aquí o cómo he llegado
(nunca lo entendí)
y, otra vez, escapar es la respuesta:

Yo no me enteré, no escuché nada,
lo siento no lo vi.

No, no tengo nada que decir, pues sólo soy...
Solo un hombre más... (x2)
pero el azul del cielo ...
Sólo un hombre más, pero con tanto por vivir.
Sólo un hombre más, pero con tanto por amar.
Un hijo de Dios, que no se alejó nunca de mi lado.

Explicación de la canción

A veces dan ganas de hacer como quien no se enterara de qué sucede, como si no hubiera uno visto que sucedió tal cosa, porque saber compromete.

Uno ve salir del banco a unos atracadores, los reconoce, ve su coche y su matrícula... y se desentiende del tema para evitar problemas. Pero viene la Policía interrogando en el vecindario, llaman a su puerta y él responde: “¿Robo? ¿Qué robo?”, porque sabe que si dice lo que ha visto, puede tener problemas.

Comprometerse con la verdad implica defender justicia y siempre provocará encuentros desagradables con los que no quieren que se sepan ciertas cosas. Aun así, para que se haga justicia, es necesario arriesgarse, pues si no, el mundo acabaría dominado por las manipulaciones de los falsos fuertes de turno, capaces de hacer que se sepa y se crea sólo lo que les convenga.
El compromiso con la verdad es crucial y sólo en él se puede llegar a la paz interior.

En cambio, “la astucia” del testigo que evitó cooperar para resolver el robo, está falsificando de la verdad. No sólo perjudica a otros, sino que su alma se sumerge en el vacío; ha perdido la capacidad de amar, egoístamente. Ese es el precio que hay que pagar: ser “sólo un hombre más”.

La verdad más alta, a la que ese silencio y egoísmo insulta, es la del amor de Dios: la de nuestra libertad plena, realizable sólo en Dios, pues la gloria de Dios es el hombre libre.

Pero Él no nos obligará a amarle, nos hizo libres, y desea más respetarnos que nuestra salvación eterna; tanto nos ama.
Nosotros mismos nos condenamos a la corrupción interior al negarle, negar la Verdad por un plato de lentejas en esta vida.
Aun así, Él todavía nos da este momento para volvernos a Él, darle gracias por tanto como tuvimos en esta vida y por guiarnos siempre en esta visita, que quién sabe cuando puede terminar. Sólo vive en paz el que está preparado a interrumpir esa visita al museo, que es la vida, en cuanto Él disponga. Así nunca sentiremos la soledad, en Él. Pero todo lo puedo en Aquel que me conforta.

4.- Dime quién eres

Ahora que la noche es tan pura
y que no hay nadie más que tú,
dime quién eres.
Dime quién eres y por qué me visitas,
y por qué te separas de mí sin decirme tu nombre.

Tú, que mueves el mundo tan suavemente
que parece que se me va a derramar el corazón,
dime quién eres, ilumina quién eres,
dime quién soy y por qué la tristeza...

Ahora que alzo a ti mi corazón,
ahora que tiembla todo mi ser en libertad,
ahora que te llamo como nunca,
sostenme entre tus manos,
sostenme en mi tristeza.

Tú que mueves...

Explicación de la canción

Muchas veces sentimos que la oscuridad de la noche nos impide avanzar. S. Francisco de Asís lo experimenta, y así se lo expone a Dios en el diálogo íntimo de la noche: “Señor, ¿quién eres Tú… y quién soy yo?”, como si dijera a Dios: "Tú, eterna bondad, tan alto que pareces inalcanzable para alguien como yo, tan débil y pequeño, ¿cómo bajas a mí, tan pobre, necesitado, indigno de tu mirada pura y eterna? ¿Quién soy yo para que Tú, Dios eterno, bondad misma, te fijes en mí?
En esa noche, al humilde y sencillo que mira directamente a Dios, Él se le revela. Dime quién eres.

5.- Con el corazón en la mano

Caminando por la ruta de la nada
entre drogas, canciones y alcohol,
gozaba yo en comprar la noche a latigazos,
la que me había de romper el corazón.

De alcohol, mi vida gris ya naufragaba,
y la droga me quitaba la razón.
No pude detener la noche en derredor,
aun acechando la muerte misteriosa.

Con el corazón en la mano,
al saberme herido de tan gran amor, al fin amé.
Volví mis pasos hecho alegría
y no volví a recorrer el camino fatal.
La luz aún parte la nada cada día.
Se ahogó la muerte en la vida
que ahora brilla en mi amor

De pronto, una mano misteriosa
me agarró, y mi garganta ardió en sus manos;
fijó sus ojos firmes en mi nada
y una palabra tronante en mi interior:
“Me arrepiento de haberte creado”.
Y, de repente, estaba yo de nuevo solo allí;
sus manos y sus ojos ya no me gritaban,
mas su palabra no la callaba su ausencia.

Con el corazón en la mano...

Explicación de la canción

La experiencia de Dios que cuenta esta canción es real, e hizo a su protagonista conocer que así como la luz parte la nada cada día, Dios está dispuesto a manifestarse, a pesar de la infidelidad. Estando de camino para comprar droga, es tirado del caballo -como lo fue S. Pablo- por quien puede más que él. Se mira y se da cuenta de que a Dios no le asustan nuestras mayores miserias, quiere perdonarnos, ve que no sabemos lo que despreciamos; y ve, sobre todo, nuestro mayor bien.

Al comprender esto, el protagonista de la historia, confiando en la fortaleza que Dios le da con su gracia -no ya en sí mismo-, se encierra durante dos largos meses, sufriendo el delirium tremens, alucinaciones y demás tormentos del que quiere dejar la adicción a la droga. No es una broma. Y supera su prueba saliendo de sí en pos de un bien que ya conoce. No por sí mismo, sino por Dios que le abrió los ojos.

Al fin, puede cantar con libertad la misericordia de Dios para con él. Nunca le había dejado sólo. La luz aún parte la nada cada día, se ahogó la muerte en la vida que ahora brilla en mi amor.

6.- Vamos a quemar las rosas

Vamos a quemar las rosas
Vamos a quemar las rosas,
vamos a gastar la vida.
Vamos a quemar las rosas
en honor a la verdad.

Cuantas locuras hicimos,
cuantos platos no rompimos,
hasta el día en que murió para el mundo.
Ella no era más callada,
no era en nada diferente,
hasta el día en que escuchó esa canción:

Vamos a quemar las rosas...

Su sonrisa es más sencilla y sus ojos más alegres
y mira más al cielo que alrededor.
Han cambiado tantas cosas,
ahora mide sus palabras
y pone todo cuanto hace
ante Dios, y canta:

Vamos a quemar las rosas...

Un buen día vino a casa
sólo para despedirse,
se marchaba a consagrarse
a su Señor.
“Eres demasiado joven,
y tienes tanto por vivir ...”
y me cortó cantándome aquella canción:

Vamos a quemar las rosas...

Explicación de la canción

Dos jóvenes de Burgos, amigas desde siempre, vieron que su amistad se enfriaba. Una de ellas estaba cambiando. Ellas, que eran inseparables, llegó un momento en que ya no tenían nada en común. Su manera de mirar el mundo era distinta, su conversación, sus preocupaciones... La amistad terminó por romperse cuando aquella que había cambiado, dejaba el mundo para consagrarse a Dios. La chica que quedaba en el mundo no podía entender que su amiga fuera a hacer eso: tirarlo todo así. Pero la decisión estaba tomada.

“Quemar las rosas” es esta desconcertante decisión que toma la joven que entrega su juventud, posibilidades, estudios, futuro... todo, para servir al que es el Todo, y que la llama a vivir para Él. “Quemar las rosas” es no quedarse en sí misma y hacer sus planes por miedo a que Él pueda fallar o retirar su mano, es confiar plenamente en Aquel que la llama y no preocuparse de cuanto queda atrás. “Quemar las rosas” es algo que sólo alguien que ama puede hacer. Es entregar lo más preciado, como una donación completa, un olvido de sí en la fe.

A su amiga, esa confianza, ese testimonio, le valió la conversión a Dios.

7.- Los siete mares cascos



El mundo ya a mis ojos es pequeño,
su corazón, lo más grande que yo he visto.
Partió mi vida en dos con su palabra,
no sabré decir hasta el punto en que le amé.

Me amó como tan sólo Dios lo puede hacer,
aun sabiendo que yo había de negarle.
Llevé mi vida al borde de la muerte,
y en mi traición, su mirada me cantó:

Recorreré los siete mares
para decirte: eres mi amor.

El mundo ya a mis ojos es pequeño,
su corazón, lo más grande que yo he visto.

Hasta que no rompió el llanto mi alma,
no entendí que mi vida no era mía ya.
Me amó hasta dar su vida en mi rescate
y de la muerte me dijeron que volvió.

Corriendo fui yo mismo hasta su tumba
y me abrió los ojos que allí ya no estaba:

Recorreré los siete mares...

Busqué cuanto es posible en este mundo,
y sin fuerzas, cuando ya iba a abandonar,
su corazón dejó que le alcanzara,
y ver su herida, por mi amor, me hizo entregarme al fin.

Recorreré los siete mares...

Explicación de la canción

“Ahora estáis tristes, pero volveré a vosotros y vuestro corazón se alegrará, y ya nadie podrá quitaros vuestra alegría”. El amor de Dios siempre es fiel aunque nosotros seamos infieles. Él nos amó primero para que su amor incondicional rompa la ingratitud de nuestros corazones. Después descubriremos que sólo Él tiene palabras de vida eterna y que, aún esta vida, sólo se llena cuando Él está presente. Pero hemos de encontrarle y tantas veces buscamos fuera, estando Él a nuestro lado... pero al sencillo, al que le busca con corazón humilde y sin doblez, Él le muestra el camino.

Y una vez con Él, ya sólo queremos amarle y llevar a todos los hombres su amor, para que tengan también su vida y su libertad. Por eso recorremos los mares: para anunciar que Él es el verdadero Amor.

8.- Déjate encontrar

¿Dónde estás, mi Dios amigo?
¿dónde estás? déjame encontrarte.
Gusté de ti solo un instante
y ahora sólo sé que te perdí.

Fuego en el corazón y ansias de encontrarte
¡ te busco en el vacío y quiero hallarte¡
y solo encuentro mis sueños anhelantes,
el ansia ardiente que te busca para amarte.

Déjate encontrar y sacia con tu amor,
torrente desbordado, la sed del corazón enamorado
que te busca jadeante, mi Dios amigo y amante,
sólo a ti, mi Vida, busco y quiero hallarte.
Aunque tenga que morir por encontrarte,
la noche pasará y podré gozarte.

Transforma el áspero madero
en luz divina. En medio de la noche
la fe mantiene el alma viva y anhelante.
¡ Qué sed, qué hondo temor de no alcanzarte¡

Mi Dios amigo y amante,
cercano y a la vez tan distante.
No sé si puede ser que el barro se haga cielo,
que mi miseria llegue un día a abrazarte.

Déjate encontrar...
La oscura noche pasará
y tu amor fiel romperá como la aurora
de clara luz transfigurada.
Perdido en ti podré gozarte.

Mi Dios amigo y amante:
te busco, te deseo y quiero amarte,
y quisiera morir para encontrarte.
La eternidad se me hace corta para amarte.

Explicación de la canción

¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
(S. Juan de la Cruz. Cántico espiritual)

Cualquier corazón humano que ha sido tocado por la dulzura de Dios siente el deseo irrefrenable de volver a gustar de Él. Dios, que es Padre y Maestro, guía nuestra alma dejándose encontrar y al tiempo escondiéndose, dejando el alma a oscuras para hacer crecer en ella el deseo de amor. Sólo quien persevera en la sequedad de la noche, llegará a gustar de la luz inefable del cara a cara con el Señor.

9.- Hasta ahora

Cada día que pasa
se me escapa un poco más mi vida,
y ya no sé si lo que hago está bien.
La duda me viene del día que dejé
de ser coherente con lo que pensaba,
y ya no sé si lo que hago está bien.
Sólo hay dolor y oscuridad
donde creí que encontraría paz.
Ya no sé si lo que hago está bien,
pero esta incertidumbre
no me deja ya ni dormir;
hoy Padre, vuelvo a Ti herido y sucio,
tan solo Tú me puedes perdonar.

Quise decirte, y no me atreví hasta ahora,
que si aún me puedes perdonar,
porque quisiera volver a tu lado;
porque quisiera volverte a abrazar.

Han sido tantas las monedas
que he gastado, en mi propio mal.
Ya no sé si lo que hago está bien...
Mirando a uno y otro lado
sé seguro que me equivoqué,
pero con la última moneda voy a hacer
lo que debí que hacer:
sólo hay dolor y oscuridad donde creí que encontraría paz;
pero esta incertidumbre no me deja...

Explicación de la canción

Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que sea cumplido vuestro gozo.” (Jn 16, 24)
Salí de Dios pensando que sería feliz… ahora que conozco el vacío y la farsa, la soledad y el dolor vuelvo a Ti herido y sucio. No vengo derrotado (R. Alonso).
Lo más grande que tendrá nadie, es la amistad con su Dios y Señor, que quiere colmarlo de dones, pero ha de olvidarse de sí mismo, y humillado, dejar atrás su vergüenza y amor propio, y confiarse en las manos de Dios: necesita primero darse cuenta de que en Él no se hará daño, al contrario:
“Dios no quita nada y lo da todo. ¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo!” (Benedicto XVI)

10.- Sabes...

Sabes que Yo te amaba
ya desde la eternidad,
que ya antes de nacer te había mirado.
Sabes cuan grande fue el dolor de verte marchar,
que quise verte volver cada día
y perdonarte.
Sabes que el amor no se mide con palabras,
que con tu marcha
no te dejé de querer.
Sabes que está corriendo
el tiempo de la salvación
y que a éste seguirá el de la justicia.
Sabes que quise verte volver cada día...
que perdonarte es lo que más quería.
Sabes que mis manos te esperan abiertas
para curar todas tus heridas.

Sabes que tienes un lugar a mi lado.
Sabes que he estado impaciente esperando.
Sabes que te amo.

Vuelve, vuelve, vuelve,
no es demasiado tarde.
Vuelve, vuelve, vuelve.
Quise decirte y no me atreví hasta ahora.
aun queda tiempo para arrancar.
Sabes que he estado impaciente esperando.
Sabes que tienes un lugar a mi lado.
Si aún me puedes perdonar.

Explicación de la canción

Esta canción está íntimamente unida a la anterior, Hasta ahora, y es que responde a la pregunta de aquella, “que si aún me puedes perdonar”; Dios no se hace esperar. El que le abra su corazón, por manchado que esté, recibirá el ciento por uno, y nadie se va a pasar en generosidad a Dios que fue a la muerte por él. Dios siempre va a alegrarse enormemente de poder concedernos crecer, sin límites, en el incomparable bien de la unión con Él, sumo bien de nuestra alma.
Su perdón está asegurado al que lo busque con corazón sincero donde Dios lo ha depositado: en su Iglesia, en sus sacerdotes; confusión, escándalo incluso para los paganos; paz para el que ama, al ver que el amor de Dios no nos abandona, nos espera y nos responde siempre.

11.- No estoy solo

Tras el temblor opaco de las lágrimas;
tras el profundo velo de mi sangre;
Tras la primera música del día...

No estoy solo, me acompaña
la pura eternidad de cuanto amo:
junto a Dios eternamente.

No estoy solo.
No estoy solo.

Tras la postrera luz de las montañas;
tras el estéril gozo de las noches;
tras el augurio helado del espejo,
no estoy solo...

No estoy solo, me acompaña
la pura eternidad de cuanto amo:
junto a Dios eternamente.
No estoy solo.
No estoy solo.

12.- Porque te he visto

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver...
porque , Señor, yo te he visto,
quiero creer: ayúdame.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
Devuélveme aquellas puras
trasparencias de aire fiel,
devuélveme la inocencia
de aquellos ojos de ayer.

Porque, Señor, yo te he visto...

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo
voy como un ciego que ve.
Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.

Porque, Señor, yo te he visto...

13.- Tiempo de guerra

Hay tiempo de nacer y tiempo de morir,
hay tiempo de llorar y de reír.
Hay tiempo de hacer duelo y de bailar,
hay tiempo de guardarse y tiempo de darlo todo.
Tiempo de guerra, y tiempo de paz:
hay tiempo de huir y tiempo de luchar.

Guardarme ya ¿para qué? ¿ para cuándo?
la vida sé que he de ganarla amando.
Hoy, lleno de mi sí de nuevo pronunciado,
me entrego a Ti, Señor, por ti quiero vivir.

Hay tiempo de buscar y tiempo de perder,
hay tiempo de abrazar y desprenderse.
Hay tiempo de callar y tiempo de hablar ,
hay tiempo de amar y de odiar.
Tiempo de guerra, y tiempo de paz:
hay tiempo de huir y tiempo de luchar.

Guardarme ya...

Y el tiempo que me queda, te lo entrego
rompiendo cuanto me impide unirme a ti,
abriendo el corazón más grande que nunca,

Explicación de la canción

En 1937, en tiempo de guerra, cuando se estaba asesinando a sacerdotes sin más razón que el hecho de serlo, uno de ellos, todavía joven, dudó si debería esconderse para salvar la vida y así quedase quien, tras la persecución, pudiese atender al pueblo. A este pensamiento, vino el Señor con toda su fuerza a pedirle todo, incluso la vida, si fuera necesario. Él dio el “sí” más grande que puede darse, dejando a un lado miedos y dudas. “Reservarme, ¿para qué?, ¿para quién?, ¿para cuándo?” El nombre de aquel joven sacerdote es José Mª García Lahiguera.

14.- Tú, que buscas

Tú, chaval, que buscas la salida,
que buscas la salida,
esa verdad escondida...

Pero no, no te escondas, no,
en aquello mundano,
que sólo mancha y disgusta.
Mira a Dios, tan humilde y tan bueno,
tan humilde y tan bueno,
en un trozo de pan Él quiso habitar.

No hace más que gritarte con fuerza:
¡Ven a mis brazos, amigo,
y deja ya de buscar,
porque hay alguien que te quiere abrazar,
porque hay alguien que te quiere escuchar!

Él es la Verdad, ámala. Ámala.

No, los amigos no, los amigos no, no te entienden.

Tranquilo, siempre tendrás un Amigo.
Él siempre contigo está.

Siente a Dios cómo grita muy fuerte,
cómo grita muy fuerte:
¡Ven conmigo hasta la muerte,
solos tú y Yo!

Dios confía en ti, confía en ti. Confía en ti.
Él quiere incendiar este mundo,

que necesita de ti.
Porque hay alguien que te quiere abrazar;
porque hay alguien que te quiere escuchar.

Él es la Verdad, ámala. Ámala.

15.- El hilo de plata

Ahora que toca ya el hacha
la base de los árboles,
el desierto y el yermo se alegrarán.
Mirad que los ciegos ven, los sordos oyen
y los muertos resucitan.
Decid a los cobardes: "Sed fuertes, no temáis".
La pena y la aflicción se alejarán,
siguiéndoles el gozo y la alegría;
y la injusticia se habrá acabado,
y cada cual responderá de sí...

Antes de que se rompa el hilo de plata
y se destroce la copa de oro
y el polvo vuelva a la tierra que fue,
y el espíritu, a Dios que lo dio, ¡mírame!

Acuérdate de tu Dios durante tu juventud,
antes de que lleguen días duros, en que tú no decidirás;
antes de que oscurezca el sol, la luna y las estrellas
y llueva como nunca.
Ese día temblarán los guardias
que defienden tus puertas,
el ruido del molino se apagará
y las canciones se irán callando
y la injusticia se habrá acabado
y cada cual responderá de sí...

Antes de que se rompa el hilo de plata...

Mírame, estoy contigo hasta el último día,
Soy tu Vida, tu Verdad y tu Camino

y tu Resurrección en el último día.
Si quieres andar, estoy contigo en la Eucaristía.

Explicación de la canción

El libro del Eclesiastés, una vez más, nos anima y llama a la búsqueda de Dios, a volvernos a Él. No hay, como desgraciadamente muchos esperan equivocadamente, término medio, pero hay tiempo todavía.

El hilo de plata representa en la canción a la vida, un tesoro muy frágil, que es débil y ha de romperse más pronto que tarde. La copa de oro son nuestros tesoros en esta tierra, que no durarán mucho más que aquel hilo, pasarán como nosotros. Pero hay tiempo todavía.

Sólo una cosa es importante: "El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará". (Mc 8, 35)

 

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