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Dios llora en la tierra

Lecturas del libro "Dios llora en la tierra", por Werenfried van Straaten, fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada. El autor, que dedicó su vida a aliviar los sufrimientos y penas de los demás, cuenta sus experiencias entre esta gente, enfrentándose cara a cara con el dolor, la miseria, el hambre y la opresión.

 

 

 

Dios llora en la tierra (19): Un barón en la callampa

“El padre tiene razón y sus protegidos también. Porque Dios ha hecho la tierra para el hombre, que es el rey de la creación. Todo aquel que no dispone de espacio vital tiene derecho a apropiarse de un pedazo de esta tierra. Esta es la ley de la naturaleza, y es más importante que un complejo deportivo. Por ello, exijo que esta gente pueda continuar en sus chabolas y que el padre sea puesto en libertad.”

 

Dios llora en la tierra (20): Coloquio con Cristo en Río

“Desde aquí, donde Tú dominas soberano las colinas, las favelas aparecen como un extraño mosaico en gris y negro. Pero cada casucha de ese cuadro amenazador esconde la miseria de una familia entera. Pues allí viven ochocientos mil pobres. Empujados por el hambre, han huido del interior del país hacia la ciudad dorada, pero han aterrizado en el infierno... hijos libres de Dios, que Tú has redimido con tu crucifixión y que no obstante, aquí en la tierra tienen que vivir, aun siendo inocentes, en un infierno.”

 

Dios llora en la tierra (21): El rojo Ecuador; hemos visto el infierno

“Florece la trata de esclavas. Por un par de kilos de arroz con que poder vivir o mantener a su familia, las chicas de la escuela secundaria duermen con los soldados katangueños y con los mercenarios sudafricanos. Niñas de doce años conocen ya todos los síntomas de las enfermedades venéreas. El ejemplar sistema médico-social de los belgas, considerado como un lujo inaudito por los indiferentes funcionarios de la ONU, está fuera de uso. Los médicos operan sin instrumental y sin honorarios. En los hospitales reina el caos. El escándalo social de la poligamia ha sido rehabilitado públicamente por los ministros y directores generales. He aquí una letanía de miseria, dolor y traición.”

“La única fuerza que ve realistamente este problema es, acaso, la Iglesia, que no es una principiante en la cuestión de ayuda al desarrollo. Con la rica experiencia de decenas de miles de misioneros, la Iglesia se pone al servicio de los pueblos jóvenes sin ingenuas ilusiones, desinteresada y humilde.”

 

Dios llora en la tierra (22): Hambre en Kivu

“A los negros inermes, nacidos en este país y que, con el sudor de su frente, ganan millones para los extranjeros a través de una monstruosa confabulación de explotadores blancos y de autoridades congoleñas corrompidas, se les quita la posibilidad de alimentar y de mantener a sus propios hijos. Esto se llama y es explotación de seres humanos. Aquí se está asesinando a un pueblo.”

 

Dios llora en la tierra (23:) Historia de la muerte rubia

“El ángel Mbwaki realiza su tarea con los niños, que para acallar el hambre no tienen otra cosa que patatas dulces o un bocado de plátano. Después, cuando la carencia de proteínas y de vitaminas destruye su bronceada pigmentación, los acoge tristemente entre sus brazos, en espera de que los pequeños vientres se hinchen y que los piececitos tumefactos se conviertan en trozos de carne informe. El ángel llora cuando en las cabelleras los rizos se alisan y cuando semejante a lepra, el goloso germen de la dermatitis acomete los pequeños cuerpos. Entonces el ángel cuenta las úlceras y los cabellos que caen, hasta que la espuma desaparece de las boquitas y se cumplen los días del tormento. Cuando todo ha pasado, el ángel cierra sus ojos exangües y se vuelve sollozando hacia otros niños que le esperan como florecillas que debe cortar para la muerte.”

 

Dios llora en la tierra (24): Los hombres del fango en Bukavu

Cuando entra de nuevo en la habitación, el párroco congoleño de Bukavu sacude la cabeza desalentado. Hace un momento le habían llamado fuera tres feligreses que no se atrevían a ir a sus casas porque no tenían nada que dar de comer a sus hijos. Pero el párroco es impotente frente al hambre, lo mismo que el vicario general, que colocó una verja grande alrededor de su residencia, pues la afluencia de hambrientos era tal que le impedía toda actividad. Así, al menos, no podrán llamar a su puerta. Él, en definitiva, no les puede ayudar.

 

Dios llora en la tierra (25): En la tierra de nadie en Kisangani

Kisangani, que fue el corazón incesantemente activo del Congo, es hoy una ciudad muerta. Sus opulentos parques están ahora baldíos; las tiendas, cerradas; las vilas, en ruinas; la población, reducida a la mitad. Atravesamos un oasis del que la jungla se está apoderando a ojos vistas. Todo parece evocar la hora dramática cuando los paracaidistas belgas -en lucha contra el reloj- acudieron a salvar la vida de los rehenes. Por esta misma avenida y por este mismo cemento requeado recorrieron a toda velocidad, el 24 de noviembre de 1964, el camino del aeropuerto a la ciudad. Salvaron a dos mil personas, pero para otros muchos llegaron demasiado tarde. Como para los diez mil o quince mil congoleños que, entre agosto y noviembre, fueron sacrificados como animales.

 

Dios llora en la tierra (26): Las Hermanas de la Resurrección

Tengo confianza en el futuro, porque en este Instituto he encontrado personas de oración y de vida interior, que no se dejan desanimar ni por las más duras pruebas. A menudo viven en la noche espiritual. Son atormentadas, como Job, y varias veces lo han perdido todo. Pero Dios les da fuerzas para empezar de nuevo cada vez. Su espíritu de entrega total ha constituido para mí una valiosa lección.

 

Dios llora en la tierra (27): El telón permanece

El Viernes Santo continúa, viernes sangrante de la Iglesia que sufre. Pero también prosigue la misión asumida entonces por el ángel consolador en el huerto de los Olivos, por las mujeres piadosas de Jerusalén, por la Verónica, que limpió el rostro de Jesús; por Simón de Cirene, que le ayudó a llevar la cruz; por su Madre, que le acompañó y estuvo con Él hasta que todo había pasado.

 

 

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