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Dios llora en la tierra

Lecturas del libro "Dios llora en la tierra", por Werenfried van Straaten, fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada. El autor, que dedicó su vida a aliviar los sufrimientos y penas de los demás, cuenta sus experiencias entre esta gente, enfrentándose cara a cara con el dolor, la miseria, el hambre y la opresión.

 

 

 

Dios llora en la tierra (28): ¿Coexistencia pacífica?

"... De ahí que se minimice la intrínseca maldad del comunismo y que las noticias sobre la presión que ejerce en las conciencias se consideren como fanáticas o exageradas. Por eso se intenta, en nombre de la coexistencia y por el interés de una paz que no es paz, convertir a la Iglesia del mundo libre en Iglesia del silencio. Se trata, además, con todo celo de propagar la teoría de que el comunismo ha evolucionado y cambiado".

 

Dios llora en la tierra (29): ¿Coexistencia pacífica?

El porvenir de la Iglesia no está seguro en manos de los colaboracionistas. Los pastores débiles y los “sacerdotes de la paz” que, por el motivo que fuere, se han puesto a las órdenes del opresor, sólo recogen odio y desprecio. Toda la confianza de los oprimidos se dirige hacia aquellos hombres inflexibles que, sin dejar de amar a los pecadores, han denunciado intrépidos el pecado del comunismo y, en consecuencia, se niegan a traicionar a los pobres a cambio de obtener una ventaja pasajera.

 

Dios llora en la tierra (30): Cruces sobre las cuales mueren tus hermanos

De esta manera, un sacerdote tras otro se ve condenado a prisión o a una existencia anodina, en una especie de reservado para cristianos viejos y a extinguir. Puede eligir entre el campo de trabajo o el museo, pero no debe tener ningún contacto con la juventud. Se convierte así en un hombre sin futuro, en soldado en una posición perdida. No le queda otra opción que morir o capitular. En esta noche del espíritu, sin esperanzas de aurora, muchos pierden el valor y el juicio. ¿Cuántos hermanos nuestros no han muerto ya en esta cruz?

 

Dios llora en la tierra (32): El lamento de los abandonados

“Estuve doce años en la cárcel porque quería permanecer fiel a la Iglesia de Roma. Me tortuaron porque no renegué del Papa. Perdí todo por la fe. Pero esta fe me dio una paz y una seguridad que convirtieron esos años de sufrimientos en los años más preciosos de mi vida. Vosotros habéis perdido la paz de Dios. Vosotros habéis socavado la fe hasta el punto de que ya no ofrece ninguna seguridad. En vuestra libertad, habéis rechazado la razón de nuestro sufrimiento bajo la opresión. El Occidente me ha desilusionado. Antes que permanecer con vosotros, prefiero otros doce años en una cárcel comunista.”

 

Dios llora en la tierra (33): La Iglesia esclavizada

Entre ellos hay individuos ambiciosos sedientos de honores y distinciones, psicópatas llenos de resentimiento y complejos de inferioridad, pusilánimes que no observan el celibato eclesiástico, viles aduladores de los poderosos, abades, priores y canónigos de nuevo cuño. Estos adcenedizos eclesiásticos, a quienes el pueblo desprecia, son presentados por el Gobierno como arquetipos; se comportan como si estuvieran inspirados por el Espíritu Santo y fueran los salvadores de la Iglesia. Los ateos quieren que Roma escoja de entre ellos a los nuevos obispos, pese a que no son buenos pastores, sino mercenarios que han abandonado el rebaño y vendido a los comunistas a sus hermanos en el sacerdocio.

 

Dios llora en la tierra (35): Con Dios en Rusia

“La vida en Rusia era dura y a menudo inhumanamente pesada; pero Dios estaba siempre con nosotros. Cada domingo, en el cementerio, organizábamos un acto religioso. Naturalmente, no teníamos ni sacerdote ni santa misa, pero el santo sacramento estaba siempre entre nosotros… Nosotros hacíamos toda clase de economías para que María pudiera viajar y traer a Nuestro Señor entre nosotros. En cada reunión María traía el Santo Sacramento en una bolsa sobre el pecho. Casi ningún miembro de nuestra comunidad orante ha muerto sin recibir la comunión.”

 

Dios llora en la tierra (36): La hora de Caín

Ahora que en Moscú la sonrisa de la coexistencia ya no es pertinente, el rostro monstruoso del comunismo, que desde 1917 muestra los rasgos indelebles de la violencia, del bandidismo, de la mentira y del crimen, ha reaparecido. Es una prueba más de que el comunismo no tolera ninguna desviación dogmática y debe reprimir por todos los medios toda apariencia de libertad; una vez más el slogan según el cual la Unión Soviética no constituye una amenaza para la Europa libre queda refutado. El comunismo no puede ser liberalizado sin dejar de ser comunismo.

 

 

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