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A Heli, una chica rebelde en su juventud, le encantaba la fiesta, salir con sus amigos; detestaba los estudios, y en seguida se puso a trabajar. Conoció al que es su esposo con 16 años y se casaron con 19 años por la Iglesia. Apuntaron a su hija a catequesis de primera comunión solo por tradición. Había más de cien niños apuntados, pero faltaban catequistas. El sacerdote pidió ayuda a los padres para que colaborasen como catequistas, y ella, sin saber por qué, se ofreció voluntaria sin pensarlo. No tenía ni idea de nada, ni se acordaba del padrenuestro. Aprendió a hacer la señal de la cruz de los mismos niños de su grupo. Pero, un día, el Dios del «de repente» entró en su vida tras asistir a un Cursillo de Cristiandad, y se enamoró de Él...

 

 

 

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