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Cambio de agujas

Cristina Casado presenta este programa en el que dan su testimonio muchos católicos que han experimentado un cambio de vida, un encuentro personal con Cristo que les ha hecho profundizar en su fe.

Carlos Torres León es un joven de Guayaquil (Ecuador). Desde pequeño fue un niño reservado y con "no muchos amigos". Mientras todavía era pequeño, su madre tuvo que emigrar a un país extranjero por problemas económicos en la familia y él sufrió esa lejanía volviéndose muy introvertido. La meta toda su infancia y juventud será cumplir la promesa que antes de la partida hizo a su madre: ser el mejor estudiante. Centrará su vida en el estudio y en su nivel académico hasta que, a través de un grupo apostólico existente en su parroquia, empiece a dar algunos pasos hacia Dios. Mientras estudia en la Universidad comprende que no tiene sentido vivir si no es con un sentido de eternidad. En medio de esa experiencia de "vacío" conoce, de manera providencial, el Hogar de la Madre y comienza a dar pasos hacia un vivir en la voluntad de Dios.

 

 

Annabell Almeida, a raíz de su cambio de agujas empezó una nueva etapa con un intenso apostolado en la universidad.
De una familia católica pero no muy convencida de su fe, un día decidió no volver a pisar más una iglesia y así lo hizo durante años.
Un día, para acompañar a una amiga, fue a un grupo juvenil. Nunca hubiera pensado el giro que iba a dar su vida a raíz de conocer este grupo. Iba a empezar un camino de unión con Dios tan fuerte, que al poco tiempo se dio cuenta de que Dios la estaba llamando a algo más, a darle su vida totalmente a Él. Pasó tiempo discerniendo hasta que dio el paso de entrar en las Siervas del Hogar de la Madre.
A partir de ese momento, empezó una nueva etapa con un intenso apostolado en la universidad, con los otros alumnos y también, a veces, con los mismos profesores.
Ahora, en España, sigue su camino de formación con las Siervas y está muy feliz.

 

 

Joven estadounidense del Estado de Colorado. Su madre es católica y su padre es protestante, aunque ninguno de ellos practicaban su fe.
Fue a un colegio católico porque su madre quiso educar a todos sus hijos en la fe. Una religiosa de su colegio le impresionaba mucho, pues le ayudó a comprender que ella pertenecía a Dios.
Al llegar al instituto empezaron a metérsele todos los criterios mundanos: buscar la popularidad, ser la más guapa... Intentó conjugar el ser católica con una vida mundana. Le atraían las fiestas, las modas...
Para ir al instituto tenía que pasar mucho tiempo sola en el coche, esto fue lo que le llevó a hablar con el Señor y a rezar y así es como se enamoró de Jesucristo.
Comprendió que el Señor la quería para Él, pero su idea de vida religiosa era muy confusa.
En la Universidad, decidió entrar en un programa de discernimiento y empezó una vida espiritual más seria. Descubrió que lo principal es vivir en estado de gracia para poder empezar a ver las cosas con claridad.

 

 

Cuando la palabra de Dios llega al corazón de un hombre de esta manera, le deja totalmente desarmado y a la misma vez hecho un esclavo de su amor.

Al llegar a Cork fui a la parroquia. Fui allí y puse mi cabeza y mis manos debajo del grifo. Sentía una necesidad de limpieza. Desde luego que lo que tenía que haber hecho era confesarme, pero después de dieciocho años alejado de ese sacramento, ni siquiera se me pasó por la cabeza hacerlo.

Unos días más tarde fui a hablar con un sacerdote a quien yo había observado y admirado desde una discreta distancia. Tenía un cierto vigor que me resultaba muy atrayente.

Muy pronto, la Eucaristía y el rosario formarían parte de mi vida diaria.

 

 

Alejandro, un joven de 27 años, educado en la fe, de familia católica no practicante. Llegó a recibir la confirmación, pero en cuanto empezó a crecer y llegó la a juventud se fue separando de la Iglesia, tanto que llegó no pisar la Iglesia a excepción de bodas, bautizos y comuniones. Al poco tiempo, se encontró de rapero en las calles de Santander, cosa que en aquella época no era muy común. Se metió a tope en el mundo del rap, empezó una nueva forma de vestir, se enganchó a un tipo de música. En definitiva, todo lo que conlleva una vida de rapero. Al empezar a trabajar decidió cambiar su imagen para que la gente le tomase en serio, pero seguía con su estilo de vida. Hasta que un buen día, una chica, Almudena, su actual novia, le pasó el link de un vídeo sobre la castidad, en el que Jason y Cristalina Everett cuentan su testimonio. Este vídeo cambió su vida. Se dio cuenta de que vivir en castidad era el camino que tenía que seguir, lo que su alma necesitaba. Poco a poco, a través de Almudena, empezó a cambiar. Ahora vive una vida casta, de Misa diaria, oración y rosario, con la esperanza de formar una familia católica con Almudena.

 

 

Sacerdote irlandés. Nació en el año 1965, en Irlanda, en el seno de una familia profundamente católica. Es el quinto de nueve hermanos, todos varones.
En su juventud se alejó de Dios. Cuando tenía unos 12 años de edad se dejó fascinar por el fenómeno del "emborracharse", fenómeno bastante frecuente y muchas veces tomado a la ligera en la sociedad irlandesa. Tenía quince años cuando llegó la oportunidad, después de una victoria en un partido de rugby. Esto fue el comienzo de un "enamoramiento" que duraría dieciséis años.
Al principio, competía con otro amor: la literatura. Leía con avidez y sacaba buenas notas en lengua y literatura en el instituto, y luego en la universidad. Se licenció en literatura en el año 1991. Pero una fuerte experiencia dio un giro a toda su vida cuando tenía 31 años.
El Señor le alcanzó mientras conducía de Dublín a Cork, su ciudad natal. Fue el 29 de septiembre de 1996. Sintió como si hubiera alguien en el coche con él. Esta presencia era tan real, que miró por el retrovisor e incluso giró dos o tres veces la cabeza para ver quién estaba sentado detrás de él en el coche. Luego se oyó a sí mismo musitando una melodía que hacía más de veinte años que no había oído: "Gratis has recibido; dalo gratis. Ve en mi nombre y porque tú crees, otros sabrán que Yo estoy vivo". Las sencillas palabras de esta canción, unidas al sentido de esa presencia, produjeron un momento de gracia, una infusión de fe, que cambió su vida.
En voz alta dijo: "¡Déjame en paz!" Pero Él no lo hizo.

 

 

Irlandesa, nacida en el seno de una familia católica muy practicante. Quería trabajar, ganar dinero, tener su propio coche, etc. Ha hecho un poco de todo, trabajos de electrónica, de medicina, en la lotería, etc. Todo lo que se puede hacer, lo ha hecho. Cambiaba mucho de trabajo porque nunca estaba satisfecha. En el colegio, una de las cosas que más le gustaba era el arte, pintar. Como tenía un espíritu inquieto, que nunca estaba contento con nada, buscaba ideales en todo. Todo empezó por una poesía... En clase de inglés leyeron una poesía de unos pájaros que estaban volando, adorando a Dios en la creación y cómo volaban por encima de un monasterio oscuro. Esto tenía para ella un simbolismo relevante que asociaba a la Iglesia. Lo de ir a Misa todos los domingos no tenía ningún sentido. Y pensó: "¿Por qué tengo yo que ir a una Iglesia oscura cuando puedo adorar a Dios allí fuera en la creación?" Y dejó de ir a Misa. En los años de universidad fue, humanamente hablando, cada vez peor. Se empezó a meter en líos, de los cuales culpabilizaba siempre a Dios. Su reacción era decir a Dios que no le necesitaba para nada. Se convirtió en una feminista convencida, bajo el lema "No serviré ni a Dios ni a hombres". Después de la universidad, tuvo su encuentro con Dios. En ese momento estaba viviendo muy lejos de Dios. En el último año de la universidad, tuvo un accidente de coche volviendo a casa. En ese momento sí que dijo a Dios: "¡Perdóname!", porque era consciente de que estaba en pecado mortal y si moría, no sabía a donde iría. En ese momento, su corazón empezó a latir muy fuerte. Se le caían las lágrimas. Y pensó: "¿Qué me está pasando?", porque no sentía nada. No sentía nada, pero estaba teniendo una reacción muy extraña. Entonces se levantó y se fue delante del Santísimo. En un momento dado, levantó la cabeza y miró al Señor. En ese momento vio toda su vida delante del Señor, todo lo de antes, e incluso lo que tenía olvidado en su conciencia...

 

 

Corinne Manella creció en una familia poco practicante. Su padre no era ni católico ni religioso y su madre estaba pasando por un periodo de muchas dudas. Se formó en una escuela protestante pero las personas en ese ambiente eran muy buenas y devotas. Los católicos que conocía no estaban enamorados de su fe y muchos no daban muy buen ejemplo. Cuando empezó el Instituto, Corinne eligió un camino muy mundano. Se metió en el mundo de las fiestas y a través de varias experiencias perdió completamente el sentido de su dignidad. Ya no sabía distinguir el bien del mal y andaba perdida. Pero, en medio de todo eso, siempre tuvo el deseo de ser buena. Cuando llegó el momento de la Jornada Mundial de la Juventud de Toronto decidió ir, en parte porque quería divertirse en las fiestas y en parte por su curiosidad religiosa. Durante la Jornada recibió la gracia de saber que la fe católica es la fe verdadera y desde entonces nunca ha dudado de la fe. Pero todavía no era capaz llevar una vida cristiana. Tomó la decisión de ir a una Universidad católica, esperando que allí encontraría la formación y la fuerza para poder ser buena. Allí se encontró con otro mundo que poco a poco fue transformando su vida. Empezó a ir a Misa diaria y a rezar todos los días. Descubrió por primera vez la llamada a la santidad. Poco después decidió ayudar en un campamento con las Siervas del Hogar de la Madre y entró en el movimiento juvenil del Hogar de la Madre. Todavía no sabía qué hacer con su vida pero entendió que tenía que ser para los demás. El Señor empezó a mostrarle que tenía vocación dentro del Hogar, pero no dentro del matrimonio ni como religiosa. En el momento no lo entendió, pero el Señor le pidió dar un paso sin entenderlo y sigue con la confianza de que es el Señor quien la guiará siempre.

 

 

El Hno. Luke DeMasi, S.H.M., procede de una familia estadounidense católica y es uno de los catorce hijos que componen el hogar. En su adolescencia, influenciado por amigos mayores que él y por un ambiente de música violenta, se introdujo en la droga y el alcohol, decidiendo así rebelarse con toda la doctrina recibida desde su infancia y tomando otro camino... Junto a uno de sus hermanos dejó de ir a Misa cuando tenía 16 años, alejándose así poco a poco de la fe y ocasionando un fuerte sufrimiento a sus padres, en particular a su madre -con la que siempre guardaba mayor confianza-. Después del Instituto, fue a una Universidad católica en Estados Unidos, con la intención de centrarse -no en los estudios-, sino en las fiestas. Estudiaba poco, pero el ambiente católico y su propio temor al infierno, le llevaron al confesionario más de una vez. Participaba en algunas salidas a la montaña que programaba uno de los movimientos católicos existentes en la universidad. El Hno. Luke iba atraído por la aventura, pero las charlas que daban los sacerdotes sobre la realidad de Dios y del pecado hablaban a su corazón y el contacto directo con Dios le llenó de una paz que no encontraba en el mundo. Fue a raíz de una de estas actividades que sintió por primera vez la llamada al sacerdocio. A pesar esta experiencia, seguía su vida de fiestas, pero el Señor no se había rendido. A través de su madre y de un amigo que se había convertido el año anterior, el Señor volvió a entrar en su vida y esta vez el Hno. Luke no le podía ignorar. Un sacerdote decidió invitarle a ir a España para sacarle de su ambiente y darle la oportunidad de trabajar y rezar. Tras sólo una semana de estancia en España "sabía que este era su sitio". Poco después ingresó en la comunidad de los Siervos del Hogar de la Madre, respondiendo así a la llamada de Dios a entregarse a Él.

 

 

 

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