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Podcasts de "Meditaciones de Pascua"

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40 días cerca de Jesús

Abelardo de Armas nos recuerda en esta meditación, que Jesús ha padecido todo este drama por ti y por mí. Si alguna vez Dios quiere reproducirlo en nosotros y nos visita con la tribulación o el dolor, no le niegues tu aceptación. Repite con la Virgen: “¡Aquí estoy! ¡Hágase!”.

 

 

En los momentos de tribulación de nuestra vida, solemos perder la calma. Es muy fácil hundirse, sucumbir ante el desaliento. No debemos dejar que esto pase. Es aquí donde hemos de recordar los momentos de fervor y las promesas que hemos hecho al Señor. Hemos de reaccionar con la confianza y la generosidad que el Señor espera de nosotros, y de la mano de María, la Madre que nos ayuda a caminar en este valle de lágrimas.

 

 

Lo más santo de la vida de Jesús es su Pasión. Y la Pasión hay que contemplarla por fuera y por dentro. No contentarse solamente con lo exterior, sino que reinen en nosotros los mismos sentimientos que en Cristo Jesús. Pedir a la Virgen: "Madre, a tu lado; junto a Jesús que sufre y muere por mí".

 

 

Jesús nos ha dejado lecciones de cómo vivir la pobreza y la humildad, las encontramos en los Evangelios. Ha lavado los pies de pecadores, aquellos que le iban a abandonar y traicionar. Esforcémonos por imitar al Maestro y buscar el último lugar, invoca a María en estas luchas porque con Ella es más fácil llegar a Jesús.

 

 

Abelardo de Armas nos dice que, seguirle y conocerle a Él es lo más dulce y consolador de este mundo. Si tenéis una dificultad, un sufrimiento, id derechos al sagrario, al crucifijo. ¿Podemos quejarnos de algo? ¡No! El sufrimiento se transformará en gozo, porque Jesús nos dirá que Él está allí. Y no hay nada más amable que Jesús como Dios y como hombre. Quien le ama a Él es el más feliz de todos.

 

 

Buscamos paz interior, amor… pero buscamos en el mundo, en las criaturas. No encontraremos la paz si no prescindimos de nuestros deseos y de nuestros caprichos para ponemos a disposición del Señor. Solo encontraremos paz cumpliendo la voluntad de Dios, solo en Él encontraremos firmeza.

 

 

Abelardo de Armas dice, en esta meditación, que Jesucristo crucificado ha de ser el centro de nuestra predicación, que está más en vivir el ejemplo de nuestro Señor, que en juzgar a los que nos rodean. Hemos de acudir al Crucificado para encontrar un amor al que corresponder y fortaleza para llevar ese amor a nuestra vida.

 

 

 

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