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En este capítulo de «Para qué tanta prisa», Marta le confiesa a María la realidad de por qué tiene tanto miedo a entregarse a Dios, y es que, está enamorada. Por eso piensa que Dios no le puede pedir otra cosa. María le dice que eso es normal, que todas las personas se enamoran, pero que si Dios le pide la virginidad, también le dará la fuerza para poder vivirlo.

 

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