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En este capítulo de «Para qué tanta prisa», Marta está muy enfadada, porque después de ser atropellada por un caballo, mucha gente la mira y se ríe de ella. Cuando se le ha pasado el enfado, comienzan a bromear y contar historias, y María le invita a abandonarse en las manos de Dios sin miedos.

 

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