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Para qué tanta prisa

«Para qué tanta prisa» es la historia, narrada por una de sus protagonistas, María, de dos amigas que peregrinan por varios lugares de Europa. Una de ellas, Marta, que hasta ese momento vivía una vida mediocre, comienza a ser tocada por la gracia, hasta que descubre que tiene que entregar su vida a Dios. Una historia donde se entremezclan batallas interiores y divertidas anécdotas, risas y momentos de desaliento... hasta que el Señor la desarma del todo.

En este episodio de «Para qué tanta prisa», Marta y María están en el tren. Hablan de cómo los padres tienen que ser generosos si Dios llama a uno de sus hijos porque es un regalo. Cuentan numerosas historias de padres modelo. Los padres tienen que acompañar a sus hijos, aconsejarles, pero no pueden impedir que sus hijos sigan el camino que Dios quiere para ellos.

Mientras visitan Santa María la Mayor, en Roma, Marta experimenta algo tan profundo delante de una imagen de la Virgen, que se queda como absorta el resto del día. María lo llama el comienzo de su «viaje a María». Después de largo rato, Marta suelta lo que lleva dentro: tiene miedo a entregar su vida. María le dice que su vida pertenece a Dios, y que Él entregó Su vida en la Cruz por ella.

En este capítulo de «Para qué tanta prisa», mientras nuestras protagonistas toman un café en la ciudad de Roma, Marta no deja de pensar en todas las críticas y dificultades que va a sufrir si responde a una hipotética vocación que «claramente ella no tiene». Su amiga María la pide no adelantarse a los acontecimientos y no preocuparse tanto por «el qué dirán».

Marta y María están cerca del Panteón, en Roma, y están muertas de hambre. Marta se para delante de una «trattoria» que tiene pizzas de todos los sabores y le suplica a María que compren una. María le advierte que no tienen dinero, pero finalmente le convence. Después, mientras están en el Circo Máximo, hablan sobre la cantidad de personas que entregaron allí sus vidas por el Señor.

En este capítulo de «Para qué tanta prisa», Marta y María han llegado a Roma y comienzan a hablar de la santidad. María afirma que para ser santos hace falta querer. Pero Marta no quiere saber la voluntad de Dios, sino que quiere que Dios apruebe sus planes. Se conforma con lo mínimo y piensa que es suficiente.

Marta y María salen de Florencia en tren. Las horas pasan mientras tocan la armónica, juegan a las cartas y, como siempre, hablan mucho. Marta piensa que es una persona muy buena, y que no necesita preguntarse qué quiere Dios de ella. Cree que lo que está experimentando es fruto de la casualidad. María le explica que la casualidad no existe, que nada ocurre que a Dios se le escape.

En este capítulo de «Para qué tanta prisa», María y Marta siguen en Florencia. Marta comienza a asustarse porque en ella están surgiendo preguntas que nunca se hubiera imaginado que se le pasarían por la cabeza. María intenta tranquilizarla y dar respuesta a todas sus cuestiones, con ejemplos que ella pueda entender.

En este episodio de «Para qué tanta prisa», mientras visitan Florencia, Marta comienza a preguntar sobre la vocación y María, que no tiene muchas ganas de responderle, cambia de tema. Pasado un tiempo, Marta vuelve a insistir y María no tiene más remedio que contestarle. En esta ocasión, es a Marta a quien no le conviene la conversación, y la que cambia de tema.

Este capítulo de «Para qué tanta prisa», comienza en un tren rumbo a Génova, en el que Marta y María bromean y cuentan chistes. De pronto, Marta comienza a hacer preguntas a María: ¿A quién llama Dios a la santidad? ¿Cómo llama Dios? Son preguntas que todos tenemos en el corazón. ¿Quieres escuchar las respuestas?

 

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