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Testigos de la esperanza

«Testigos de la esperanza, testigos del dolor» es un programa que, desde la cruz que abrazamos en este mundo —en el que estamos solo de paso—, nos enseñará a levantar los ojos al Cielo. En cada «Testigo de la Esperanza», personas muy distintas compartirán con nosotros su fe en el Señor y la confianza que creció en el dolor. Todos repiten como San Pablo: «Yo sé bien de quién me he fiado».

Belén Langdon tenía solo 17 años cuando, en 2012, fue aplastada por una avalancha humana durante un concierto realizado en el Madrid Arena, en la capital de España. Su madre, Yolanda del Real, solo podía rezar: «Dios mío, si Tú quieres puedes curarla». La ayuda de la Virgen María fue crucial en esos momentos para que Yolanda pudiera aceptar la muerte de su hija. Esta madre nos recuerda que todo sufrimiento nos ayuda a santificarnos si lo unimos a Jesús, porque cada sufrimiento ofrecido nos ayuda a ser corredentores con Cristo.

 

 

«Yo sé que el Señor hace milagros y esa era mi esperanza». Amalia G. Peláez y Andrés García sufrieron dos pruebas muy duras. Primero llegó la enfermedad de su hijo Mateo, que evolucionó hasta el punto de no quedar esperanza humana de que sobreviviera. Y poco después, en su cuarto embarazo, detectaron a Amalia un cáncer maligno con tendencia a metástasis que le dejaba una única opción: «o la madre, o el niño». Amalia y Andrés optaron por el amor a su hijo, rechazando las propuestas de aborto que constantemente les ofrecían. No fue gratis. Amalia sabía que la decisión se tomaba a costa de arriesgar su propia vida, retrasando la quimioterapia para lograr que su hijo naciera. Amalia y Andrés son testigos de que «para Dios nada es imposible». La Iglesia, la Eucaristía y la oración se convirtieron en sus columnas para abrazarse a la voluntad de Dios en medio del sufrimiento.

 

 

Lilia Delgado, a quien hace 8 años le diagnosticaron un cáncer de difícil pronóstico y ahora con metástasis, nos cuenta cómo esta enfermedad se ha convertido en un camino para alcanzar a Dios. Los sacramentos y la oración le ayudan a perseverar en el amor a Dios y a darle gracias en medio de las quimioterapias y radioterapias. Junto a la cruz, vive con más generosidad su entrega. Su tercera hija, Jazmina, entró como postulante en las Siervas del Hogar de la Madre en 2015, después de haber recibido su ayuda y su bendición para responder a su vocación, y el 16 de abril de 2016, muere en un fuerte terremoto en la región de Manabí (Ecuador), junto a cuatro postulantes más y la Hna. Clare Crockett. «Dios me escogió y le doy gracias por ello...». Así es la fe que une a Lilia y a Jazmina a Dios.

 

 

El 22 de abril de 2007 fallecía Santi Durán, joven sacerdote de la diócesis de Getafe (España), a consecuencia de un cáncer de pulmón, ofreciendo sus sufrimientos con alegría y corazón sacerdotal. Su madre, Montaña, había pedido al Señor la gracia de enfermar ella a cambio de su hijo. El Señor le concedió la enfermedad, pero no la salud de su hijo. Murieron los dos con pocos meses de distancia. El padre de Santi Durán, Santiago Durán López, vivió estos dolorosos acontecimientos desde la fe: «Si esto nos lo marca el Señor, por algo será».

 

 

Esther Sáez sobrevivió al atentado terrorista de «los trenes de Atocha», el también llamado «11M», acaecido el 11 de marzo de 2004 en Madrid (España). En el atentado fallecieron 193 personas y resultaron heridas alrededor de dos mil. Aunque los médicos le dieron 24 horas de vida, consiguió —contra todo pronóstico— sobrevivir, en medio de atroces sufrimientos físicos y morales que le dejaron importantes secuelas y una minusvalía del 67 por ciento. En los momentos de máximo dolor, Dios salió a su encuentro con una experiencia transformadora, enseñándole a perdonar a los terroristas y a convertirse en un «Testigo de la esperanza».

 

 

«Llevar el cáncer con alegría y paz fue un regalo que Dios me hizo». Durante su enfermedad, Isabel Leal se dio cuenta de que el verdadero milagro no era la curación física, sino la gracia que el Señor le concedía para vivir la operación, los tratamientos y la incertidumbre sin perder la sonrisa y la confianza en Dios. No duda en afirmar que cualquier enfermedad puede convertirse en una puerta de entrada a un encuentro más íntimo con Dios... si le dejamos.

 

 

¿Es posible encontrar el amor de Dios en medio del sufrimiento? Carlota Ruiz de Dulanto no lo duda a pesar de que, humanamente hablando, su vida no ha sido fácil: con 25 años quedó parapléjica a consecuencia de un accidente de trabajo; su tercera hija nació extremadamente prematura, con apenas 27 semanas de gestación; por fin, el sufrimiento llamó de nuevo a su puerta con la repentina y prematura muerte de su esposo. Pero, a través de estos dolorosos acontecimientos, Carlota descubrió que «todo se convierte en bien para los que aman a Dios».

 

 

Sara Blanco nos cuenta cómo al nacer su hijo Juan, se enteran de que tiene una enfermedad muy rara: artrogriposis. Todo esto va siendo para ella una escuela de amor en el sufrimiento, pues aunque al principio le cuesta encajar esta enfermedad, que se salía de sus planes, poco a poco ve cómo el sufrimiento viene a hacer obras grandes en ella y en su familia.

 

 

Javier Aguirre y María de Selva nos explican cómo la muerte de su hijo Juan reforzó su unión con Dios. En medio de un acontecimiento tan doloroso como este, experimentaron con fuerza que el cielo es la meta a la que debe llegar cada miembro de su familia. Es la fe que profesan, es la confianza en Dios y en su gracia lo que les ayuda a vivir este sufrimiento en Cristo.

 

 

 

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