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Testigos de la esperanza

«Testigos de la esperanza, testigos del dolor» es un programa que, desde la cruz que abrazamos en este mundo —en el que estamos solo de paso—, nos enseñará a levantar los ojos al Cielo. En cada «Testigo de la Esperanza», personas muy distintas compartirán con nosotros su fe en el Señor y la confianza que creció en el dolor. Todos repiten como San Pablo: «Yo sé bien de quién me he fiado».

Testigos de la esperanza (20): Mª Ángeles Atahonero

Desde los 13 años, Mª Ángeles Atahonero sufría continuos dolores en todo el cuerpo sin que los médicos supieran encontrar la causa de sus padecimientos. Al malestar físico se unía la incomprensión por parte de su familia, lo que era causa de un gran sufrimiento moral. Tras el nacimiento de su segundo hijo, que provocó nuevas crisis de dolor aún más agudo, le fueron diagnosticadas fibromialgia y fatiga crónica. Los médicos le prohibieron tener más hijos. Mª Ángeles comprendió —y nos transmite— que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento con alegría, fe y esperanza. Y descubrió que el Señor le invitaba a ofrecer su sufrimiento por los sacerdotes y por las almas del purgatorio.

 

 

Testigos de la esperanza (19): Amparo Romero y Nacho Zurano

Amparo y Nacho nos cuentan cómo ante la negativa posibilidad de embarazo, Dios pone en su camino y en su corazón la idea de adoptar a un niño con síndrome de Down. Junto a esa gran alegría por la adopción de su hijo Marcos, Amparo es sorprendida por una trágica noticia: pierde a su hijo de 14 semanas de gestación después de una fuerte hemorragia, descubriendo así que había sido un embarazo disfrazado con los síntomas de la menopausia. Amparo y Nacho junto a su familia ven la mano de Dios ante la pérdida de su hijo biológico y la adopción de Marcos.

 

 

Testigos de la esperanza (18): Reyes Sánchez

Reyes Sánchez vivió una de las experiencias más dolorosas que una madre puede sufrir. Su hijo Juan, a los 19 años, murió acuchillado en medio de una brutal pelea una noche de la Feria de Abril de Sevilla. Había acudido al lugar de los hechos, alarmado por los gritos y los golpes, para defender a un amigo. Antes de comenzar el juicio, Reyes ya había escrito al asesino de su hijo para ofrecerle su perdón. Diez años después, se mantiene en contacto con él por una única razón: ayudarle a encontrar al Señor.

 

 

Testigos de la esperanza (17): Carmina Coloma y Macarena (Maki)

Con tan solo tres años, la pequeña Maki —como llaman en casa a Macarena Márquez— comenzó a sufrir terribles convulsiones. Eran los primeros síntomas de la Encefalitis de Rasmussen, una enfermedad gravísima que le estaba destrozando el hemisferio cerebral derecho. Ella y su madre, Carmina Coloma, nos cuentan cómo vivieron esos durísimos meses en los que Maki sufrió seis operaciones en su cerebro. En la última intervención, que duró doce horas y media, tuvieron que extirparle todo el hemisferio dañado. Nadie sabía cómo iba a despertar de la anestesia, pero Maki se despertó como siempre, con su dulce sonrisa en los labios y respondiendo con coherencia a las preguntas. Los médicos habían avisado que pasaría muchos años en silla de ruedas antes de poder caminar sola. Pero la oración de toda la familia ante la Gruta de Lourdes, a los tres meses de la operación, consiguió dos milagros: que Maki volviera a casa andando y que Carmina experimentara por primera vez el amor de Madre de la Virgen María.

 

 

Testigos de la esperanza (16): Tatiana Smon

Tatiana Smon estaba casada con Facundo E. Delpierre, hombre de una fe profunda que, tras su conversión, se había convertido en un apóstol de los jóvenes. En 2018 tenía tres hijos varones y esperaba llena de gozo el nacimiento de su primera niña. En el cuarto mes de embarazo los médicos advirtieron que el bebé tenía síndrome de Down (trisomía 21), pero Tatiana y Facundo rechazaron tajantes la opción del aborto. Semanas después, en el mes de agosto, Facundo falleció repentinamente a causa de una agresiva parada cardiorrespiratoria. Tatiana respondió a esta dura prueba poniendo toda su confianza en el Señor y toda su esperanza en el Cielo. En diciembre de 2018 nació María José que, en palabras de Tatiana, es «un gran regalo de Dios». La sonrisa de Tatiana es un hermoso testimonio de su abandono en la voluntad de Dios.

 

 

Testigos de la esperanza (15): Pablo Ferrer y Amalia Seser

Pablo Ferrer y Amalia Seser estaban a tres semanas de su boda cuando, en una revisión periódica, detectan una anomalía en el corazón de Pablo. Un año después de su matrimonio, Pablo es operado de un tumor benigno en el corazón. Todo se complica y Pablo entra en estado de coma. Una enfermera ofrece a Amalia la luz para vivir ese momento: «el cuerpo de Pablo está mal, pero tiene un alma y tú tienes que alimentar ese alma». Amalia comprende que por el sacramento del matrimonio, que les ha hecho «una sola carne», al comulgar y orar, puede alimentar el alma de su esposo. Inesperadamente, Pablo sale del estado de coma.

 

 

Testigos de la esperanza (14): Inmaculada Vidal y Juan Bautista Hernández

«Señor, ayúdame. Yo no quiero matar a mi hija». Inmaculada y Juan esperaban su tercer hijo cuando, en la revisión de las doce semanas, reciben una trágica noticia: María, la niña que esperan, tiene anencefalia, una malformación congénita incompatible con la vida. Ante una situación así, los médicos aconsejan el aborto. Pero, Inmaculada y Juan, pusieron toda su confianza en Dios, pidiendo al Señor que la niña naciera viva para poder bautizarla. Y como Dios no se deja ganar en generosidad, María nació viva, pudo ser bautizada y, en el último amén del Rosario, como si Nuestra Madre la tomara en sus brazos, María se fue al Cielo.

 

 

Testigos de la esperanza (13): Yolanda del Real

Belén Langdon tenía solo 17 años cuando, en 2012, fue aplastada por una avalancha humana durante un concierto realizado en el Madrid Arena, en la capital de España. Su madre, Yolanda del Real, solo podía rezar: «Dios mío, si Tú quieres puedes curarla». La ayuda de la Virgen María fue crucial en esos momentos para que Yolanda pudiera aceptar la muerte de su hija. Esta madre nos recuerda que todo sufrimiento nos ayuda a santificarnos si lo unimos a Jesús, porque cada sufrimiento ofrecido nos ayuda a ser corredentores con Cristo.

 

 

Testigos de la esperanza (12): Amalia y Andrés

«Yo sé que el Señor hace milagros y esa era mi esperanza». Amalia G. Peláez y Andrés García sufrieron dos pruebas muy duras. Primero llegó la enfermedad de su hijo Mateo, que evolucionó hasta el punto de no quedar esperanza humana de que sobreviviera. Y poco después, en su cuarto embarazo, detectaron a Amalia un cáncer maligno con tendencia a metástasis que le dejaba una única opción: «o la madre, o el niño». Amalia y Andrés optaron por el amor a su hijo, rechazando las propuestas de aborto que constantemente les ofrecían. No fue gratis. Amalia sabía que la decisión se tomaba a costa de arriesgar su propia vida, retrasando la quimioterapia para lograr que su hijo naciera. Amalia y Andrés son testigos de que «para Dios nada es imposible». La Iglesia, la Eucaristía y la oración se convirtieron en sus columnas para abrazarse a la voluntad de Dios en medio del sufrimiento.

 

 

 

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