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Miércoles, 28 Febrero 2018 12:44

Vittorio Messori: de agnóstico a católico super ventas

resu vittorio messori

Vittorio Messori es uno de los escritores católicos más conocidos en todo el mundo. Cada uno de sus libros es un éxito editorial. Solo «Cruzando el umbral de la esperanza», el libro resultado de la entrevista que a Juan Pablo II, vendió más de veinte millones de ejemplares y fue traducido a 53 idiomas. Aunque confiesa que no es amigo de entrevistas, Vittorio Messori aceptó contar su conversión en Cambio de Agujas, el conocido programa de la Fundación EUK Mamie-HM Televisión.

Porque, en efecto, Vittorio Messori no siempre ha sido católico. De hecho, hasta los veintitrés años, se declaraba agnóstico y anticlerical, como se le había inculcado en el seno de una familia donde se respiraba un ambiente muy hostil en contra de la Iglesia. Sus padres fueron los primeros sorprendidos ante el imprevisto cambio de su brillante hijo, y nunca se acostumbraron a ello, ni siquiera cuando le vieron convertirse en un autor tan conocido. Messori nos contará —con sonrisa divertida— que su madre se avergonzaba de él hasta el punto de que, cuando la preguntaban: «Señora Messori… ¿pero usted es familia del famoso Vittorio Messori?», la pobre mujer respondía: «No, no, qué va. Solo coinciden los apellidos».

La historia de Vitorio Messori es tremendamente interesante, porque él se convirtió en el año 1965, es decir, que se encontró entrando en la Iglesia justo cuando estallaba la crisis del postconcilio, y cuando tantos sacerdotes y religiosos salían de ella seducidos por las doctrinas de Marx, Freud… Doctrinas esas que Messori conocía muy bien, pero en las que no había encontrado la plenitud que había encontrado en el Evangelio. Hasta ese momento, Messori solo aspiraba a dos cosas: a ser periodista y a ser un libertino. Y, en efecto, estaba consiguiendo las dos cosas.

 

Vittorio Messori nació en una población llamada Sassuolo, en la provincia de Modena (Italia) el 16 de abril de 1941, en el seno de una familia marcada por el tradicional anticlericalismo de esta región italiana llamada Emilia. Comenta: «Ciertamente, yo no pensaba llegar a ser un autor católico leído no solo en Italia, sino además traducido a otros idiomas. Yo pensaba en cualquier cosa menos en llegar a ser un autor católico, porque mi formación fue completamente laica, es más, un poco anticlerical. Mis padres son de una región de Italia llamada Emilia, del pueblo de “Don Camilo” y de “Peppone”. No solo no eran católicos, sino que era muy polémicos contra la iglesia, anticlericales. Después estudié en Turín. Hice todos los estudios en escuelas laicas, en colegios públicos, y me licencié en Turín en Ciencias Políticas, precisamente con los maestros del anticlericalismo y del laicismo italiano. Pero, poco antes de licenciarme, ocurrió algo que yo no me esperaba y tampoco buscaba. Así es, en un cierto momento, casi de improvisto, descubrí que la verdad estaba en el Evangelio».

Messori explica su posición y la de su familia con respecto de la fe: «No tenían nada en contra de Jesucristo. La tenían en contra de la Iglesia. De hecho, yo no frecuentaba nunca la iglesia, ni siquiera la misa y esas cosas. Hice todos los estudios en Turín, en escuelas públicas. Me licencié en Ciencias Políticas, siempre en Turín. Mi formación no fue una formación atea. Yo no me preocupaba de pensar si Dios existe o si Dios no existe. Creía que el problema de Dios no se podía resolver porque todas las filosofías se contradecían y todas las religiones se contradecían. Y como yo había sido formado en usar solo la razón, era un seguidor del racionalismo, la religión me interesaba muy poco o, mejor dicho, no me interesaba nada. Yo quería ser periodista, tenía una gran vocación periodística, pero a un periodista laico. Mi cultura era totalmente laica». Esta formación, tan sólidamente racionalista, hace todavía más increíble su repentino cambio: «Pero, precisamente el año anterior a terminar mis estudios, cuando estaba haciendo la tesis de licenciatura con un famoso profesor anticlerical — más aun, una de las cabezas del anticlericalismo italiano—, precisamente en ese momento, se abrió inesperadamente, sin que lo buscase… Los astrónomos hablan de que en el cielo hay agujeros negros… Pues a mí se me abrió, inesperadamente, un “agujero blanco”. Me encontré en una dimensión que ni siquiera podía imaginar. Y, en pocos días, mi perspectiva cambió completamente. Me he descubierto “naturaliter catolicus”… Es decir, me encontré católico».

El primer sorprendido fue él mismo: «No hubo ninguna búsqueda, ningún debate… Tuve que ir a buscar un sacerdote, porque no conocía ni siquiera a uno. ¿Cómo explicarme? No fue el resultado de una búsqueda. Más aún, yo no quería ser cristiano, y sobre todo no quería ser católico».

Pero, tras este repentino cambio, no todo fue tan fácil como uno podría pensar: «Mi perspectiva cambió de un día para el otro. Desgraciadamente, lo digo a menudo, desgraciadamente me fue cambiada la mente, pero no me fue cambiado del todo el corazón. Entendí que la verdad estaba allí, en esa dirección, estaba en el Evangelio, pero antes de conseguir vivir, de alguna manera, el Evangelio fue necesario mucho tiempo».

Corría el año 1965. Un momento difícil para entrar en la Iglesia, cuando estaba estallando la crisis del postconcilio: «Sí, la mía fue una aventura extraña, porque mientras que yo me convertía a la Iglesia, y buscaba y me puse en marcha para entrar en la Iglesia católica, veía que de la Iglesia salían los sacerdotes, las religiosas… Todos entusiastas de Marx, de Freud… Todos entusiastas de aquellos personajes yo conocía muy bien, pero que me había dado cuenta que no me satisfacían, que no los quería. Fue bastante difícil porque, en aquel tiempo, se convertían, pero al revés. Es decir, mucho clero se convertía al laicismo. Y yo, en cambio, de laicista, me convertí al cristianismo, más aún, al catolicismo».

La gran dificultad con que se topó Vittorio Messori para alcanzar la plena conversión fue tener que aceptar la moral de la Iglesia: «Bueno, en realidad yo creo que jamás nos convertimos del todo y que todos los días es necesario buscar la conversión. Por ejemplo, yo quería ser —lo digo así porque es verdad— yo quería ser periodista y libertino. Libertino también en el sentido afectivo, digámoslo así, amoroso… Yo no quería ser católico porque no quería renunciar a todas las chicas que me gustaban. Esto era. Lo que para mí era difícil de aceptar era la moral católica. Me decía: “Si me hago católico, no puedo salir con todas estas chicas”. La conversión intelectual, la de la cabeza, fue inmediata. Yo vi de alguna manera dónde estaba la verdad, que era en el Evangelio. Pero esto no bastaba, era necesario buscar el adecuarse a esta verdad».

Para Vittorio Messori, la doctrina de la Iglesia era un mundo completamente desconocido. Tuvo que empezar a estudiarla por el catecismo más básico. Durante dos años estuvo en Asís, en la única escuela de teología para laicos que existía en ese momento. Se sintió llamado a hacer apologética católica, pero permaneciendo laico. Su familia lo tomó muy mal: «Sí, mi familia se lo tomó muy mal, y también mis profesores. Mis padres nunca lo aceptaron. Pensaban que me había vuelto loco. Mi madre nunca quiso leer ninguno de mis libros. Se avergonzaba un poco de mí. Cuando alguno decía: “Pero, usted es la señora Messori, ¿es pariente de…? Ella respondía: “No, no. Tenemos el mismo apellido, pero no tengo nada que ver con él”. Eran muy, muy anticlericales. Mientras estaba en casa, yo iba a misa a escondidas porque, de lo contrario, mi madre se enfadaba. Cuando ha descubierto que yo iba a misa, ha llamado al médico de familia diciéndole: “Doctor, corra, he descubierto que mi hijo tiene un grave problema nervioso”. El médico le ha preguntado: “Pero… ¿qué síntomas tiene?” “Ah, doctor —ha dicho ella—, un síntoma gravísimo, he descubierto que va a misa”. Es decir, para ella, ir a misa era síntoma de un grave problema nervioso».

También en el ambiente universitario que frecuentaba y en el que, hasta hacía muy poco, había sido considerado por sus profesores ateos y laicistas como un modelo de estudiante, fue rápidamente rechazado.

Eran además años de contestación contra la Iglesia. Lo normal hubiera sido que Vittorio Messori, por su procedencia cultural y familiar, se hubiera puesto a la cabeza de la contestación. Sin embargo, jamás se le ocurrió. Al contrario, fue guiado por un camino de fidelidad cada vez más delicada con respecto de la Iglesia: «Nunca he participado de protestas contra la Iglesia o similares. En la Iglesia, yo siempre he visto un legado de Jesús. Y hay Papas que te entusiasman y papas que te entusiasman menos… Pero, para mí, la Iglesia, el papado, son un regalo, son un don que se nos ha dado. Y por eso, yo no participé jamás de la controversia anticlerical de aquellos años».

Precioso el papel de la Virgen María en la evolución espiritual de Vittorio Messori: «La Virgen fue un descubrimiento, un descubrimiento sucesivo. He descubierto que, más se conoce a Cristo, y más se da cuenta uno de la importancia de la Madre. Yo he dicho siempre que María, para quien como yo viene de lejos, María no es un descubrimiento inmediato, sino sucesivo. Solo cuando has entrado verdaderamente en la intimidad con Jesús, solo entonces Jesús te lleva a casa, a su casa, y te presenta a la Madre. A mí me ha ocurrido esto».

Han pasado cincuenta años desde la conversión de Vittorio Messori al catolicismo. Y mira hacia atrás conmovido por tanto como ha recibido: «El Señor me concedido muchos dones, me ha dado incluso una buena salud, que me ha permitido trabajar. Ahora —naturalmente— han comenzado ya los problemas de la vejez, pero el Señor me ha dado una buena salud. Yo, naturalmente que ha habido momentos de pereza, quizás errores, pero, en todos estos años, cuanto más he conocido el catolicismo, más se ha fortalecido mi fe. Gracias a Dios, nunca he tenido crisis de fe. Nunca las he tenido porque, cuando desde que caí en este “agujero blanco” que decía antes… No puedo negar la evidencia… Para mí hoy, el hecho de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el hecho que María sea la Virgen, que Él sea su Hijo… es algo innegable, es algo evidente».

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