testigos de la esperanza 1

«Testigos de la esperanza, testigos del dolor» es un programa que, desde la cruz que abrazamos en este mundo —en el que estamos solo de paso—, nos enseñará a levantar los ojos al Cielo. En cada «Testigo de la Esperanza» personas muy distintas compartirán con nosotros su fe en el Señor y la confianza que creció en el dolor. Todos repiten como San Pablo: «Yo sé bien de quién me he fiado».

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Simón Agulló y Elena Francés dan testimonio en «Testigos de la esperanza» del poder de la gracia de Dios que les sostuvo para vivir la enfermedad y muerte de María, su hija mayor, a consecuencia de un tumor cerebral. María le decía a sus padres: «No os preocupéis, lo único importante es lo que nos queremos, porque solo el amor dura para la vida eterna». Y, a pesar de su propio sufrimiento, conmovida por la tristeza de los enfermos que no tienen a Dios, hacía apostolado entre ellos. Elena y Simón confiesan que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento, porque Dios es nuestro Padre y nos fortalece para aceptar y vivir su voluntad.

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Testigos de la esperanza: Santiago Durán

El 22 de abril de 2007 fallecía Santi Durán, joven sacerdote de la diócesis de Getafe (España), a consecuencia de un cáncer de pulmón, ofreciendo sus sufrimientos con alegría y corazón sacerdotal. Su madre, Montaña, había pedido al Señor la gracia de enfermar ella a cambio de su hijo. El Señor le concedió la enfermedad, pero no la salud de su hijo. Murieron los dos con pocos meses de distancia. El padre de Santi Durán, Santiago Durán López, vivió estos dolorosos acontecimientos desde la fe: «Si esto nos lo marca el Señor, por algo será».

Testigos de la esperanza: Esther Sáez

Esther Sáez sobrevivió al atentado terrorista de «los trenes de Atocha», el también llamado «11M», acaecido el 11 de marzo de 2004 en Madrid (España). En el atentado fallecieron 193 personas y resultaron heridas alrededor de dos mil. Aunque los médicos le dieron 24 horas de vida, consiguió —contra todo pronóstico— sobrevivir, en medio de atroces sufrimientos físicos y morales que le dejaron importantes secuelas y una minusvalía del 67 por ciento. En los momentos de máximo dolor, Dios salió a su encuentro con una experiencia transformadora, enseñándole a perdonar a los terroristas y a convertirse en un «Testigo de la esperanza».

Testigos de la esperanza: Isabel Leal

«Llevar el cáncer con alegría y paz fue un regalo que Dios me hizo». Durante su enfermedad, Isabel Leal se dio cuenta de que el verdadero milagro no era la curación física, sino la gracia que el Señor le concedía para vivir la operación, los tratamientos y la incertidumbre sin perder la sonrisa y la confianza en Dios. No duda en afirmar que cualquier enfermedad puede convertirse en una puerta de entrada a un encuentro más íntimo con Dios... si le dejamos.

Testigos de la esperanza: Carlota Ruiz de Dulanto

¿Es posible encontrar el amor de Dios en medio del sufrimiento? Carlota Ruiz de Dulanto no lo duda a pesar de que, humanamente hablando, su vida no ha sido fácil: con 25 años quedó parapléjica a consecuencia de un accidente de trabajo; su tercera hija nació extremadamente prematura, con apenas 27 semanas de gestación; por fin, el sufrimiento llamó de nuevo a su puerta con la repentina y prematura muerte de su esposo. Pero, a través de estos dolorosos acontecimientos, Carlota descubrió que «todo se convierte en bien para los que aman a Dios».

Testigos de la esperanza: Sara Blanco

Sara Blanco nos cuenta cómo al nacer su hijo Juan, se enteran de que tiene una enfermedad muy rara: artrogriposis. Todo esto va siendo para ella una escuela de amor en el sufrimiento, pues aunque al principio le cuesta encajar esta enfermedad, que se salía de sus planes, poco a poco ve cómo el sufrimiento viene a hacer obras grandes en ella y en su familia.

Testigos de la esperanza: familia Aguirre de Selva

Javier Aguirre y María de Selva nos explican cómo la muerte de su hijo Juan reforzó su unión con Dios. En medio de un acontecimiento tan doloroso como este, experimentaron con fuerza que el cielo es la meta a la que debe llegar cada miembro de su familia. Es la fe que profesan, es la confianza en Dios y en su gracia lo que les ayuda a vivir este sufrimiento en Cristo.

Testigos de la esperanza: Rosa Pich-Aguilera

Rosa Pich-Aguilera y su esposo, Chema Postigo, se hicieron famosos al narrar en un libro —¿Cómo ser feliz con 1, 2, 3... hijos?— sus aventuras para organizar a la familia más numerosa de España. Tuvieron dieciocho hijos, de los cuales perdieron tres por enfermedad. En el año 2017, Chema falleció a consecuencia de un agresivo cáncer de hígado que lo consumió en pocas semanas. Pero el testimonio de fe de Rosa y de sus hijos dio la vuelta al mundo. Un año después, Rosa descubre en este «Testigos de la esperanza» el secreto que la sostiene ante esta difícil prueba: «Nosotros sabemos que después de esta vida está el Cielo».

Testigos de la esperanza: familia Otondo Cañada

José Ángel Otondo sufrió un ictus. Sus padres, José Otondo y Emilia Cañada, nos cuentan cómo vivieron la enfermedad de su hijo y su proceso de recuperación, y afirman: «Le enseñaremos a vivir como Dios quiere». Esta es la fe que nace de la confianza puesta en Dios.

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  • Desde los 13 años, Mª Ángeles Atahonero sufría continuos dolores en todo el cuerpo sin que los médicos supieran encontrar la causa de sus padecimientos. Al malestar físico se unía la incomprensión por parte de su familia, lo que era causa de un gran sufrimiento moral. Tras el nacimiento de su segundo hijo, que provocó nuevas crisis de dolor aún más agudo, le fueron diagnosticadas fibromialgia y fatiga crónica. Los médicos le prohibieron tener más hijos. Mª Ángeles comprendió —y nos transmite— que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento con alegría, fe y esperanza. Y descubrió que el Señor le invitaba a ofrecer su sufrimiento por los sacerdotes y por las almas del purgatorio.

     

     

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