Mi cruz no la llevo solo
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- Categoría: P. Augustin Kalamba
Hace diez años que el P. Augustin Kalamba, sacerdote de la Archidiócesis de Kananga (República Democrática del Congo) fue ordenado sacerdote. Durante este tiempo, ha podido comprobar que el sacerdote tiene infinidad de debilidades, pero, a pesar de eso, si imita verdaderamente a Jesucristo y se agarra a la cruz, al final de su vida serán recompensados todos los esfuerzos realizados. El P. Augustin es feliz porque sabe que nunca está solo. El Señor sale siempre a su encuentro para ayudarle a afrontar las dificultades de cada jornada.
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En cuanto dejamos de lado a Dios y ponemos por encima de Él los trabajos y preocupaciones que nos rodean, todo esto termina por ensordecer la voz de Dios y nuestra mirada se vuelve solamente humana, perdiendo de vista nuestro fin último: el Cielo. Esto es peligroso para todos, pero si un sacerdote cae en esto, acabaría poco a poco descuidando su ministerio y dedicándose al mundo como un trabajador más. D. Juan José Segarra Gómez, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, nos advierte de este peligro y de otro aún peor: el doble lenguaje. El sacerdote no puede dejarse llevar por las modas o la presión social. A lo que es «sí» debe decir «sí» y a lo que es pecado debe llamarlo como tal, sin rebajar sus consecuencias.
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