testigos de la esperanza 1

«Testigos de la esperanza, testigos del dolor» es un programa que, desde la cruz que abrazamos en este mundo —en el que estamos solo de paso—, nos enseñará a levantar los ojos al Cielo. En cada «Testigo de la Esperanza» personas muy distintas compartirán con nosotros su fe en el Señor y la confianza que creció en el dolor. Todos repiten como San Pablo: «Yo sé bien de quién me he fiado».

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Elvira Lucía Ghisleri fue una hija espiritual del P. Pío. Conoció al famoso santo de San Giovanni Rotondo gracias a que su padre, que era ingeniero, se ofreció al P. Pío para ayudarle a terminar de construir el hospital «Alivio del Sufrimiento», en un momento en que este proyecto se había quedado bloqueado por razones económicas. Gracias a la intercesión del P. Pío,
Lucía obtuvo el milagro de la conversión de su hija, días antes de que esta perdiera la vida en un accidente automovilístico. Un día antes de que ocurriera esta tragedia, Lucía había orado con estas palabras: «Señor, lo mejor para mi hija». Lucía reconoció que lo mejor para su hija era que el Señor se la llevara ya, protegiendo así su alma, finalmente en gracia después de muchos avatares. El Señor pidió a Lucía abrazarse a otras muchas cruces, como una grave depresión en la que llegó a perder memoria, además de siete operaciones. Todos estos sufrimientos los aceptó como voluntad de Dios con ayuda de la oración, la fe, la confianza en el amor de Dios y la intercesión del P. Pío, que le dijo en una ocasión: «Los que quieren ir al Cielo tienen que pasar por el sufrimiento».

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Elvira Lucía Ghisleri

Elvira Lucía Ghisleri fue una hija espiritual del P. Pío. Conoció al famoso santo de San Giovanni Rotondo gracias a que su padre, que era ingeniero, se ofreció al P. Pío para ayudarle a terminar de construir el hospital «Alivio del Sufrimiento», en un momento en que este proyecto se había quedado bloqueado por razones económicas. Gracias a la intercesión del P. Pío,
Lucía obtuvo el milagro de la conversión de su hija, días antes de que esta perdiera la vida en un accidente automovilístico. Un día antes de que ocurriera esta tragedia, Lucía había orado con estas palabras: «Señor, lo mejor para mi hija». Lucía reconoció que lo mejor para su hija era que el Señor se la llevara ya, protegiendo así su alma, finalmente en gracia después de muchos avatares. El Señor pidió a Lucía abrazarse a otras muchas cruces, como una grave depresión en la que llegó a perder memoria, además de siete operaciones. Todos estos sufrimientos los aceptó como voluntad de Dios con ayuda de la oración, la fe, la confianza en el amor de Dios y la intercesión del P. Pío, que le dijo en una ocasión: «Los que quieren ir al Cielo tienen que pasar por el sufrimiento».

Simón Agulló y Elena Francés

Simón Agulló y Elena Francés dan testimonio en «Testigos de la esperanza» del poder de la gracia de Dios que les sostuvo para vivir la enfermedad y muerte de María, su hija mayor, a consecuencia de un tumor cerebral. María le decía a sus padres: «No os preocupéis, lo único importante es lo que nos queremos, porque solo el amor dura para la vida eterna». Y, a pesar de su propio sufrimiento, conmovida por la tristeza de los enfermos que no tienen a Dios, hacía apostolado entre ellos. Elena y Simón confiesan que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento, porque Dios es nuestro Padre y nos fortalece para aceptar y vivir su voluntad.

D. Enrique Conde Vara

En este «Testigos de la esperanza» contamos con la presencia de D. Enrique Conde Vara, vicario judicial de la Diócesis de Getafe, rector del Santuario de Santa María de la Cruz en Cubas de la Sagra y capellán de la comunidad de Clarisas. D. Enrique enfermó gravemente de COVID-19, hasta el punto de tener que vivir veintinueve días sin poder celebrar la Santa Misa y sin ni siquiera poder recibir a Jesús en la Eucaristía. Fue un tiempo de descubrir la presencia de Dios y crecer en la confianza en el Señor, de tener muy presente la fragilidad humana y la necesidad de Dios. Tiempo también de acudir a la Virgen María, como un hijo acude a su madre, pidiendo no solo por él, sino por todos los demás enfermos, sabiendo que Ella es nuestra gran intercesora.

Testigos de la esperanza: Mª Ángeles Atahonero

Desde los 13 años, Mª Ángeles Atahonero sufría continuos dolores en todo el cuerpo sin que los médicos supieran encontrar la causa de sus padecimientos. Al malestar físico se unía la incomprensión por parte de su familia, lo que era causa de un gran sufrimiento moral. Tras el nacimiento de su segundo hijo, que provocó nuevas crisis de dolor aún más agudo, le fueron diagnosticadas fibromialgia y fatiga crónica. Los médicos le prohibieron tener más hijos. Mª Ángeles comprendió —y nos transmite— que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento con alegría, fe y esperanza. Y descubrió que el Señor le invitaba a ofrecer su sufrimiento por los sacerdotes y por las almas del purgatorio.

Testigos de la esperanza: Amparo Romero y Nacho Zurano

Amparo y Nacho nos cuentan cómo ante la negativa posibilidad de embarazo, Dios pone en su camino y en su corazón la idea de adoptar a un niño con síndrome de Down. Junto a esa gran alegría por la adopción de su hijo Marcos, Amparo es sorprendida por una trágica noticia: pierde a su hijo de 14 semanas de gestación después de una fuerte hemorragia, descubriendo así que había sido un embarazo disfrazado con los síntomas de la menopausia. Amparo y Nacho junto a su familia ven la mano de Dios ante la pérdida de su hijo biológico y la adopción de Marcos.

Testigos de la esperanza: Reyes Sánchez

Reyes Sánchez vivió una de las experiencias más dolorosas que una madre puede sufrir. Su hijo Juan, a los 19 años, murió acuchillado en medio de una brutal pelea una noche de la Feria de Abril de Sevilla. Había acudido al lugar de los hechos, alarmado por los gritos y los golpes, para defender a un amigo. Antes de comenzar el juicio, Reyes ya había escrito al asesino de su hijo para ofrecerle su perdón. Diez años después, se mantiene en contacto con él por una única razón: ayudarle a encontrar al Señor.

Testigos de la esperanza: Carmina Coloma y Macarena (Maki)

Con tan solo tres años, la pequeña Maki —como llaman en casa a Macarena Márquez— comenzó a sufrir terribles convulsiones. Eran los primeros síntomas de la Encefalitis de Rasmussen, una enfermedad gravísima que le estaba destrozando el hemisferio cerebral derecho. Ella y su madre, Carmina Coloma, nos cuentan cómo vivieron esos durísimos meses en los que Maki sufrió seis operaciones en su cerebro. En la última intervención, que duró doce horas y media, tuvieron que extirparle todo el hemisferio dañado. Nadie sabía cómo iba a despertar de la anestesia, pero Maki se despertó como siempre, con su dulce sonrisa en los labios y respondiendo con coherencia a las preguntas. Los médicos habían avisado que pasaría muchos años en silla de ruedas antes de poder caminar sola. Pero la oración de toda la familia ante la Gruta de Lourdes, a los tres meses de la operación, consiguió dos milagros: que Maki volviera a casa andando y que Carmina experimentara por primera vez el amor de Madre de la Virgen María.

Testigos de la esperanza: Tatiana Smon

Tatiana Smon estaba casada con Facundo E. Delpierre, hombre de una fe profunda que, tras su conversión, se había convertido en un apóstol de los jóvenes. En 2018 tenía tres hijos varones y esperaba llena de gozo el nacimiento de su primera niña. En el cuarto mes de embarazo los médicos advirtieron que el bebé tenía síndrome de Down (trisomía 21), pero Tatiana y Facundo rechazaron tajantes la opción del aborto. Semanas después, en el mes de agosto, Facundo falleció repentinamente a causa de una agresiva parada cardiorrespiratoria. Tatiana respondió a esta dura prueba poniendo toda su confianza en el Señor y toda su esperanza en el Cielo. En diciembre de 2018 nació María José que, en palabras de Tatiana, es «un gran regalo de Dios». La sonrisa de Tatiana es un hermoso testimonio de su abandono en la voluntad de Dios.

Testigos de la esperanza: Pablo Ferrer y Amalia Seser

Pablo Ferrer y Amalia Seser estaban a tres semanas de su boda cuando, en una revisión periódica, detectan una anomalía en el corazón de Pablo. Un año después de su matrimonio, Pablo es operado de un tumor benigno en el corazón. Todo se complica y Pablo entra en estado de coma. Una enfermera ofrece a Amalia la luz para vivir ese momento: «el cuerpo de Pablo está mal, pero tiene un alma y tú tienes que alimentar ese alma». Amalia comprende que por el sacramento del matrimonio, que les ha hecho «una sola carne», al comulgar y orar, puede alimentar el alma de su esposo. Inesperadamente, Pablo sale del estado de coma.

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  • Simón Agulló y Elena Francés dan testimonio en «Testigos de la esperanza» del poder de la gracia de Dios que les sostuvo para vivir la enfermedad y muerte de María, su hija mayor, a consecuencia de un tumor cerebral. María le decía a sus padres: «No os preocupéis, lo único importante es lo que nos queremos, porque solo el amor dura para la vida eterna». Y, a pesar de su propio sufrimiento, conmovida por la tristeza de los enfermos que no tienen a Dios, hacía apostolado entre ellos. Elena y Simón confiesan que solo con Dios se puede vivir el sufrimiento, porque Dios es nuestro Padre y nos fortalece para aceptar y vivir su voluntad.

     

     

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